lunes, 11 de mayo de 2020

CAF y Shapir empiezan a construir en Territorios Ocupados palestinos en contra del derecho internacional

CAF y Shapir empiezan a construir en Territorios Ocupados palestinos en contra del derecho internacional

Santiago González Vallejo 

09/05/2020
Las autoridades israelíes aprovechan el Covid-19 para acelerar las obras en los territorios ocupados palestinos.
El alcalde de la ciudad ocupada de Jerusalén, Moshe Lion, de acuerdo con las autoridades de infraestructuras israelíes, ha valorado que el confinamiento obligado y la reducción de actividad consiguiente a resultas de la pandemia Covid-19 es una oportunidad para acelerar el proyecto de ampliación de la línea roja de tranvía o tren ligero que se extiende a través de la zona ocupada palestina. Para ello, se han dado instrucciones a los órganos de planificación para que aceleren las obras de tal infraestructura que ha sido adjudicada al consorcio JNET.
JNET está formado por la empresa israelí Shapir, y la empresa que cotiza en la bolsa española CAF, con sede en Beasain. Shapir ha aparecido identificada por el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas como una de las 112 empresas que se benefician de la ocupación ilegal. El consorcio JNET es el responsable de ejecutar la prolongación tanto de la existente línea roja como de la programada nueva línea azul de tranvía, que también abarcará territorios ocupados palestinos. Ambas actuaciones ya tienen desarrolladas la planificación previa, por lo que ya se cuenta con vía libre para poder acelerar las obras ante este nuevo escenario, justificado por la reducción de tráfico que hace más fácil invadir cruces relevantes de las colonias.
Las obras incluirán tanto la excavación y colocación de infraestructura ferroviaria, como las comunicaciones y posiblemente la colocación de raíles. Las actuaciones se llevarían a cabo en las colonias de Neve Yaakov y Pisgat Ze’ev por las calles Arthur Hanke y Henrietta Szold; y desde el otro extremo, partiendo de Herzl hasta el cruce de Ora y la siguiente etapa a Hadassah Ein Kerem. Las obras en los cruces de estas zonas debían realizarse originalmente en octubre, y con las nuevas instrucciones comenzarán en los próximos días para avanzar al máximo los trabajos mientras llega el desconfinamiento y vuelva el tráfico a su situación tradicional.
En el mapa se ve al norte, las colonias de Neve Yaakov y Pisgat Ze'ev, donde empiezan las obras. Estas y otras colonias sionistas están en azul. Las zonas palestinas están en verde. La línea fronteriza del armisticio de 1949 está en verde; todo el este, norte y sur forma parte de Jerusalén y Cisjordania ocupadas. La línea marrón es el límite del municipio de Jerusalén Oriental antes de la guerra de conquista israelí de 1967. La llínea roja es la ampliación que los israelíes han hecho del término municipal de Jerusalén en 1967, incorporando a dicho municipio nuevas zonas que han ido judeizando, construyendo nuevas viviendas y colonias.
Israel decidió en febrero de este año llegar a un acuerdo de rescisión con el antiguo concesionario de la línea roja de tranvías CityPass para hacerse con el control del mismo y recuperar la concesión, previo pago de una indemnización cercana a los 420 millones de euros, adjudicando el control de la gestión al nuevo consorcio JNET.
Entre los beneficiarios de la operación de venta se encuentra la empresa Alsthom (competidora de CAF) que detentaba el 50% de las acciones de CityPass, quién además de ingresar una suculenta plusvalía económica obtendrá una recompensa adicional, ya que estará en condiciones de solicitar ser excluida de la lista de empresas que obtienen beneficios por su participación en actividades que promueven la ocupación de territorios palestinos; un aspecto nada baladí que causa importantes daños a la imagen y prestigio corporativos de las compañías implicadas en tales actividades declaradas ilegales y que representan un lastre para competir en otros concursos internacionales.
Por el contrario, la dirección de CAF, tomó la decisión de obtener este proyecto, apostando sus directivos por el beneficio (¿también el personal?) a corto plazo, pensando que iba a tener escasa repercusión.
El hecho incuestionable es que su socia israelí Shapir ha sido formalmente señalada por NU y que CAF ya es una empresa candidata a ser señalada por la ejecución de un proyecto tan injustificable que vulnera, de forma ampliamente reconocida, innumerables resoluciones de Naciones Unidas, las Convenciones de Ginebra de crímenes de guerra y los Derechos Humanos en relación con la Ocupación del Territorio Palestino. Todo esto tiene lugar en un contexto político propicio: los líderes israelíes Netanyahu y Gantz han acordado hace unos días un gobierno de unidad y en su programa inmediato está la anexión de una serie de colonias y gran parte de Cisjordania.
La postura de los directivos de CAF de mantenerse en el consorcio y obtener beneficios a corto plazo mancha la imagen corporativa de la empresa, agrava el rechazo social y el peligro de afectar su candidatura en otros concursos internacionales. Cada día que pase las tierras movedizas, en las que se mueven sus directivos por su actuación contraria al derecho internacional y a favor de la ocupación de Palestina, se traga un poco más su credibilidad como rectores de una empresa ejemplar en otros aspectos y convierten su actuación en un peligro para sus accionistas y trabajadores. También para los gobiernos que la amparan.
 
responsable del Área de Acción Internacional de la Unión Sindical Obrera (USO).
Fuente:
https://www.naiz.eus/es/iritzia/articulos/caf-y-shapir-empiezan-a-construir-en-territorios-ocupados-palestinos-en-contra-del-derecho-internacional

Orígenes y avatares del primero de mayo en Estados Unidos y Argentina

Orígenes y avatares del primero de mayo en Estados Unidos y Argentina

Federico Mare 

05/05/2020
Es bueno que sepamos, o recordemos si ya lo sabemos, que el Primero de Mayo, en sus inicios, no era un día feriado, ni festivo, ni interclasista, ni oficial, sino, por el contrario, una jornada huelguística, conmemorativa, proletaria y rebelde. En nuestro país, el desguace ideológico de esta efeméride comenzó a fines de la década del 20, en tiempos de la segunda presidencia de Yrigoyen, y culminó en los años 40, durante el primer peronismo. El Día Internacional de lxs Trabajadores fue gradualmente oficializado, nacionalizado, normalizado, domesticado como Día del Trabajo, incluso como «Fiesta del Trabajo», es decir, como jornada donde se celebra –dentro de los límites que impone el capitalismo– la ocupación laboral en abstracto, sin distinciones sociales de ningún tipo, desde las faenas agrícolas de un peón rural hasta las especulaciones bursátiles de un broker.
Pero hagamos un poco de historia: Estados Unidos, 1886. La clase obrera reclama con firmeza el cumplimiento efectivo de la Ley Ingersoll, por la cual se debe limitar la jornada laboral a ocho horas. Ante la negativa patronal y la inacción gubernamental, 200 mil trabajadores de todos los gremios van al paro el 1º de mayo, desoyendo los cantos de sirena de la burocracia sindical (tengamos paciencia, mantengamos la calma, la confrontación es contraproducente, etc.). Multitudinarias manifestaciones de protesta se llevan a cabo en todas las ciudades fabriles del país. En Chicago, gran emporio industrial y epicentro del movimiento obrero norteamericano, la huelga general y la movilización callejera se prolongan durante los dos días siguientes, registrándose una intensa pelea con los carneros de la fábrica McCormik, la única en funcionamiento. La policía interviene para garantizar la «libertad de trabajo»: reprime con ferocidad. Seis huelguistas pierden la vida y decenas resultan heridos por los disparos a quemarropa.
El 4 de mayo se realiza un mitin en la Plaza Haymarket, al que asisten cerca de 20 mil personas. La policía comienza a reprimir a lxs manifestantes con el objeto de que se desconcentren. La multitud se resiste. En un confuso episodio, estalla una bomba y muere un oficial, Mathias Degan; otros resultan heridos. Es la coartada perfecta para la carnicería. Las fuerzas del orden abren fuego a mansalva, dejando un tendal de cuerpos muertos y heridos. Pero es sólo el comienzo del terror. El gobierno estadual de Illinois declara el estado de sitio y el toque de queda. Los allanamientos, las detenciones, los interrogatorios y las torturas se multiplican sin fin. En su faena represiva, la policía se ensaña con el anarquismo, puntal del movimiento huelguístico. Con calumnias de todo tipo y exhortaciones constantes a la pena capital, la prensa burguesa le allana el camino.
El 21 de junio comienza el juicio por el Haymarket affair. A base de pruebas fraguadas y falsos testimonios, ocho activistas libertarios son declarados culpables por el crimen del oficial Degan. Georg Engel (alemán, 50 años, tipógrafo), Adolf Fischer (alemán, 30 años, periodista), Albert Parsons (estadounidense, 39 años, periodista), Hessois Auguste Spies (alemán, 31 años, periodista) y Louis Linng (alemán, 22 años, carpintero) reciben la condena de la pena capital (ahorcamiento). La ejecución habría de consumarse –salvo en el caso de Linng, que prefirió suicidarse antes en su calabozo– el 11 de noviembre de 1887. Serán recordados desde entonces como los Mártires de Chicago. Los tres acusados restantes, Samuel Fielden (inglés, 39 años, obrero textil), Michael Swabb (alemán, 33 años, tipógrafo) y Oscar Neebe (estadounidense, 36 años, vendedor), son condenados a prisión, perpetua en el caso de los dos primeros, y por el plazo de quince años en el caso del último.
Desempolvemos sus alegatos: "Sólo quiero protestar contra la pena de muerte que me imponen porque no he cometido crimen alguno […] Pero si he de ser ahorcado por profesar mis ideas anarquistas, por mi amor a la libertad, a la igualdad y a la fraternidad, entonces no tengo inconveniente. Lo digo bien alto: dispongan de mi vida" (Fischer). "El principio fundamental de la anarquía es la abolición del salario y la sustitución del actual sistema industrial y autoritario por un sistema de libre cooperación universal, el único que puede resolver el conflicto que se prepara. La sociedad actual sólo vive por medio de la represión, y nosotros hemos aconsejado una revolución social de los trabajadores contra este sistema basado en la fuerza. Si voy a ser ahorcado por mis ideas anarquistas, está bien: mátenme" (Parsons). "Honorable juez, mi defensa es su propia acusación […] Puede sentenciarme, pero al menos que se sepa que en el estado de Illinois ocho hombres fueron sentenciados por no perder la fe en el último triunfo de la libertad y la justicia" (Spies). "No, no es por un crimen que nos condenan a muerte, es por lo que aquí se ha dicho en todos los tonos: nos condenan a muerte por la anarquía, y puesto que se nos condena por nuestros principios, yo grito bien fuerte: ¡soy anarquista! Los desprecio, desprecio su orden, sus leyes, su fuerza, su autoridad. ¡Ahórquenme!" (Linng).
Desde entonces, cada Primero de Mayo –fecha en que comenzó la huelga general que desembocaría en la Revuelta de Haymarket–, lxs trabajadores de todo el mundo conmemorarían a los Mártires de Chicago, íconos de la lucha proletaria, manifestándose por las calles en defensa de sus derechos.
En Argentina, el Primero de Mayo se conmemoró por primera vez en 1890, poco antes de que la Revolución del Parque precipitara la renuncia del presidente conservador Juárez Celman. El mitin obrero tuvo lugar en el Prado Español de la Plaza Recoleta, en el corazón de la Capital Federal. Fue una elección por demás desafiante, puesto que la Recoleta constituía uno de los barrios más selectos de la burguesía porteña. El jueves 1° de mayo, a las 3 de la tarde, se congregaron 2 mil trabajadores –mayormente inmigrantes anarquistas y socialistas– para honrar la memoria de los Mártires de Chicago, denunciar la explotación capitalista y reclamar mejoras en los salarios y en las condiciones de trabajo (especialmente la jornada de ocho horas).
Particularmente célebre –tristemente célebre– fue el Primero de Mayo de 1909, cuando el gobierno de Figueroa Alcorta ordenó la represión del acto conmemorativo en Plaza Lorea, cerca del Congreso. Aquel sábado luctuoso, las fuerzas policiales del Cnel. Ramón Falcón abrieron fuego a discreción, sin misericordia alguna, contra la multitud proletaria indefensa. ¿El saldo? 14 muertos y 80 heridos… Esta matanza provocó la Semana Roja, una huelga general de la FORA anarquista y la UGT socialista que se extendería por más de siete días, y que posteriormente derivaría en el ajusticiamiento del coronel Falcón a manos de Simón Radowitzky, un joven ácrata de origen judío-ucraniano.
El Primero de Mayo siguió siendo una jornada de protesta y lucha durante toda la década del 10, y también durante la década del 20. La llegada del radical Hipólito Yrigoyen a la presidencia de la Nación, en 1916, lejos estuvo de significar el ocaso de la lucha de clases en Argentina, como demuestra la gigantesca oleada de huelgas proletarias y revueltas populares del llamado Trienio Rojo (1919-1921): la Semana Trágica de Buenos Aires, los sucesos de La Forestal en el Chaco santafesino, la Patagonia Rebelde en Santa Cruz y otros muchos episodios de menor magnitud, como la Masacre de Gualeguaychú en Entre Ríos (1921), también acontecida un 1° de mayo.
A fines de abril de 1930, Yrigoyen, reelecto hacía dos años, declaró oficialmente al Primero de Mayo “Fiesta del Trabajo en todo el Territorio de la Nación”. Pero pocos meses después, fue derrocado por el golpe militar del Gral. Uriburu, dictador que desató una brutal represión contra el movimiento obrero, sin precedentes en el país. La Década Infame fue un tiempo muy adverso para la conmemoración de los Mártires de Chicago. Los mitines eran prohibidos, vigilados, hostilizados, dispersados, desalentados con trabas burocráticas… No volvió a haber una movilización masiva de Primero de Mayo hasta 1940. La dictadura del GOU (1943-46), fervorosamente nacionalista y anticomunista, tampoco fue amiga de esa conmemoración internacional proletaria.
Durante el primer peronismo, el Primero de Mayo fue relanzado con bombos y platillos, pero ya como «Fiesta del Trabajo», en la vena del radicalismo yrigoyenista tardío y del Labor Day norteamericano. Se hizo de él, pues, una celebración de carácter oficial y policlasista, disociada de la tradición martirial y combativa de Haymarket. El Primero de Mayo peronista devino un disciplinado y ceremonioso homenaje a la laboriosidad, al productivismo industrial y a la cooperación obrero-patronal, todo eso en el marco del ideal nacionalista-organicista de la tercera vía y la comunidad organizada.
La liturgia cambió totalmente: las banderas albicelestes desalojaron a las insignias rojas y negras, el Himno Nacional Argentino reemplazó a La Internacional, el desfile de carrozas sustituyó a la marcha y el mitin de protesta, la retórica políticamente correcta del gobierno y la CGT desplazó a la oratoria revolucionaria de las organizaciones de izquierda, los asados pantagruélicos y la pacata elección de reinas del Trabajo diluyeron en un mar de frivolidad patriotera el viejo pathos trágico y rebelde de los Mártires de Chicago… A eso añádase el exuberante culto a la personalidad de Perón y Eva, líderes carismáticos de las masas justicialistas, pues el Primero de Mayo fue oficializado y ritualizado como Fiesta del Trabajo y la Lealtad.
En los Estados Unidos, la suerte que le ha cabido al Workers' Day no ha sido, en verdad, mejor que en Argentina… Hoy día, la efeméride solo es conmemorada por sectores minoritarios, básicamente, organizaciones gremiales, políticas, sociales y culturales de la izquierda anticapitalista, tanto de filiación anarquista como marxista.
Existe allí, además, el Labor Day o Día del Trabajo, que se celebra el primer lunes de septiembre, y que es feriado nacional. El Labor Day fue deliberadamente instituido por el presidente Grover Cleveland, en 1894, para contrarrestar y neutralizar el Workers' Day en el imaginario obrero norteamericano. No obstante, varios estados se anticiparon al gobierno federal en esta estratagema ideológica (Oregon fue el primero, en 1887).
El Labor Day tiene su génesis en una tradición festiva del sindicalismo reformista norteamericano: una masiva movilización de trabajadores organizada por la CLU (Central Labor Union) en la ciudad de Nueva York, desde el Ayuntamiento hasta la Union Square, el martes 5 septiembre de 1882, con asueto informal de la patronal y aires muy jocosos de romería. Obrerista y no del todo obediente en sus orígenes (solían ventilarse reclamos laborales y producirse incidentes con la policía), hoy ha decantado en una inocua liturgia interclasista que fomenta sin pruritos la conciliación armónica del trabajo con el capital. Incluye parades (desfiles callejeros con pancartas, carrozas, disfraces y bandas musicales), barbecues (parrilladas) y otras actividades de esparcimiento como fuegos artificiales, conciertos y picnics. Pero excluye de su repertorio, como si se tratase de un tabú religioso, cualquier referencia histórica a los Mártires de Chicago y los sucesos de Haymarket. El Labor Day guarda varias similitudes con la tradición peronista de la «Fiesta del Trabajo», tanto en sus ideologemas como en sus rituales.
En 1927, de paso por Estados Unidos, el periodista y revolucionario cubano Julio Mella escribiría con perspicacia y algo de sorna:
La nación donde se verificó el asesinato que el proletariado universal conmemora el primero de mayo, tiene un «Día del Trabajo» especial.
El primer lunes del mes de septiembre es el señalado por el Congreso americano y aceptado por los líderes de la American Federation of Labor como «Día del Trabajo». En él no hay protestas contra el régimen capitalista, como en los primeros de mayo. Nada habla del espíritu proletario del día. Para designarlo con exactitud deberíamos llamarlo El día de la sumisión del trabajador.
No hay grandes manifestaciones, porque estas son peligrosas. El proletariado reuniéndose adquiere conciencia de su fuerza como clase y esto es peligroso... Cada año va degenerando más el Labor Day.
Cuando fue preguntado Mr. Green por qué no se celebraba un gran mitin, como en años anteriores, respondió que nadie asistiría. Entonces ideó celebrar un día de campo y lanzar un discurso por radio para que cada uno lo oyera desde su casa. Poco más o menos así ha sido en todos los Estados Unidos el «Día del Trabajo». Pero en Saint Louis, Missouri, “la ciudad que no cabe en sí” por ser la patria de Lindbergh el aviador, el Labor Day se celebró “original y modernamente”, al decir de la prensa capitalista. Anunciaron que después de cinco años que no se celebraba, este año lo harían... ¡en automóvil!
El espíritu conciliador del Labor Day ganó mucho terreno durante la Gran Depresión, con el New Deal de Franklin D. Roosevelt. Y alcanzó su cenit al estallar la Segunda Guerra Mundial, también con Roosevelt de presidente. Igual que Perón después, Roosevelt hizo del pacto productivo trabajo-capital y la armonía de clases uno de sus pilares de gobierno; pilar que se vio reforzado con la fiebre chovinista que desencadenó el ingreso de EE.UU. a la coalición contra el Eje. Sus discursos del Labor Day así lo testimonian con elocuencia. El de 1941, pronunciado por radio poco antes de Pearl Harbor, es un buen botón de muestra. En él supeditó la victoria aliada al “vasto esfuerzo” y la “unidad de propósito” de la industria norteamericana desde retaguardia; esfuerzo y unidad que suponían –subrayaba Roosevelt– la colaboración entre “empleadores y empleados”.
El ocultamiento y olvido del Primero de Mayo en los Estados Unidos llamó la atención de Eduardo Galeano. El escritor uruguayo le dedicó una breve pero certera prosa en El libro de los abrazos (1989): “La desmemoria/VI”. Vale la pena citarla en su totalidad.
Chicago está llena de fábricas. Hay fábricas hasta en pleno centro de la ciudad, en torno al edificio más alto del mundo. Chicago está llena de fábricas, Chicago está llena de obreros.
Al llegar al barrio de Haymarket, pido a mis amigos que me muestren el lugar donde fueron ahorcados, en 1886, aquellos obreros que el mundo entero saluda cada primero de mayo.
—Ha de ser por aquí–, me dicen. Pero nadie sabe.
Ninguna estatua se ha erigido en memoria de los mártires de Chicago en la ciudad de Chicago. Ni estatua, ni monolito, ni placa de bronce, ni nada.
El primero de mayo es el único día verdaderamente universal de la humanidad entera, el único día donde coinciden todas las historias y todas las geografías, todas las lenguas y las religiones y las culturas del mundo; pero en los Estados Unidos, el primero de mayo es un día cualquiera.
Ese día, la gente trabaja normalmente, y nadie, o casi nadie, recuerda que los derechos de la clase obrera no han brotado de la oreja de una cabra, ni de la mano de Dios o del amo.
Tras la inútil exploración de Haymarket, mis amigos me llevan a conocer la mejor librería de la ciudad. Y allí, por pura casualidad, descubro un viejo cartel que está como esperándome, metido entre muchos otros carteles de cine y música rock.
El cartel reproduce un proverbio del África: Hasta que los leones tengan sus propios historiadores, las historias de cacería seguirán glorificando al cazador.
En 2004, muchos años después de que Galeano visitara Chicago, la municipalidad instaló un monumento de bronce en la Plaza Haymarket, el cual representa la célebre escena donde Spies arengó a las masas chicagüenses desde el techo de un vagón de ferrocarril, improvisado como tribuna. La escultura fue diseñada por la artista Mary Brogger, e incluye una placa conmemorativa. Se espera que integre el Labor Park, un complejo monumental más amplio que por ahora es solo un proyecto cajoneado, postergado.
En las afueras de Chicago, dentro del cementerio Forest Park, donde todavía descansan los restos de los cinco ácratas sentenciados a la horca en 1887 (Engel, Fischer, Parsons, Spies y Linng), se encuentra el Haymarket Martyrs’ Monument, la bellísima escultura de granito y bronce que el artista germano-estadounidense Albert Weinert erigió en 1893: una mujer ofrendando un ramo de olivo a un obrero caído. En la base, una inscripción reza: “Llegará el día en que nuestro silencio será más poderoso que las voces que hoy están estrangulando”.
Una digresión: en 1889, dos años después del martirio, un selecto club de la burguesía local le encargó al escultor danés Johannes Gelert la erección de una estatua en homenaje al policía de Chicago, para ser colocada nada menos que en el corazón de Haymarket Square. Tanta provocación y afrenta no podían quedar impunes, y el 4 de mayo de 1927, con motivo del 41° aniversario de la Revuelta de Haymarket, un conductor de tranvía embistió con furia el monumento, alegando luego haber estado “asqueado de ver ese policía con su brazo en alto”. La escultura fue restaurada al año siguiente, pero trasladada a otro sitio menos polémico y ofensivo. En 1968 fue vandalizada con pintura negra, y al año siguiente una bomba la hizo añicos. Fue reconstruida en 1970, pero pocos meses después volvió a ser destruida. Una nueva réplica fue instalada, aunque con posterioridad se la reubicó preventivamente dentro del cuartel general de la Policía de Chicago, donde todavía permanece en exhibición.
La neutralización política del Primero de Mayo en Estados Unidos ya se había visto completada hacia 1958, cuando Eisenhower improvisó, en plena Guerra Fría y caza de brujas macartista, la efeméride patriotera del Law Day. El Día de la Ley se celebra el 1° de mayo, ex professo y con malicia. El ideólogo de esta tradición inventada –al decir de Hobsbawm– fue el abogado Charles S. Rhyne, asesor legal de la Casa Blanca y paladín de la cruzada anticomunista de Posguerra. Al justificar la creación maquiavélica del Law Day, Eisenhower diría: “en un sentido muy real, el mundo ya no puede elegir entre la fuerza y la ley. Si la civilización ha de sobrevivir, debe elegir el estado de derecho”, es decir, la democracia capitalista, antítesis del «totalitarismo» soviético… En medio de la furibunda paranoia del segundo Red Scare, conmemorar a los Mártires de Chicago se volvió un acto antipatriota y subversivo. El Primero de Mayo proletario fue demonizado sin sutilezas, criminalizado con saña. El Law Day todavía hoy conserva la mácula burguesa y macartista de su nacimiento.
Es hora de que restituyamos al Primero de Mayo su sentido martirial primigenio, su semántica proletaria y rebelde enraizada en la tradición de Haymarket. Porque, como bien explicara el periodista y escritor libertario Rodolfo González Pacheco, “mientras la vida del que produce sea esclava, la huelga, cualquier huelga, será siempre más fecunda que el trabajo”.
Seamos aguafiestas militantes de la «Fiesta del Trabajo», saboteadores contumaces de la concordia de clases, transgresores irreverentes del mandato de la productividad capitalista. Seamos vindicadores memoriosos de nuestros Mártires de Chicago.
Federico Mare
 
Historiador y ensayista argentino
Fuente:
www.sinpermiso.info, 10-5-20

"Se propone con más fuerza que antes la renta básica universal". Entrevista a Joan Martínez Alier

"Se propone con más fuerza que antes la renta básica universal". Entrevista a Joan Martínez Alier

Joan Martínez Alier 

09/05/2020
-¿Cuál es su principal reflexión sobre la pandemia del Covid-19?
No puedo decir que la hubiera anticipado. Ha sido una buena oportunidad para recordar otras pandemias, las que llegaron a América después de 1492 y causaron una catástrofe demográfica total, las catástrofes de la Peste Negra en Europa (y en Cataluña, por supuesto) y su influencia en las guerras campesinas del fin del feudalismo que yo mismo había explicado a menudo en clase. Particularmente la gripe de 1918, que es la más cercana. Las primeras semanas de confinamiento aprendí más sobre la historia de las pandemias que en toda mi vida. Envía si quieres estos artículos y bibliografías (con muchos libros, películas, etc.), a todos tus lectores.
-Parece que habíamos olvidado que las pandemias son parte de nuestra historia, ¿se creía que éramos invulnerables o también hay una censura de la memoria como se ha hecho a menudo con otros episodios políticos?
La demografía histórica de América es parte de nuestra historia como europeos, y no se enseña lo suficiente en las escuelas. León Portilla, en La Visión de los Vencidos, explica que en Tenochnotilan, en México, los españoles ganaron porque llegó la viruela, que llamaron Hueyzáhuatl. En 1992 se celebró el Quinto Centenario del "descubrimiento". Con Verena Stolcke en 1990 trajimos a hablar en Barcelona a Alfred Crosby y a Noble David Cook, grandes historiadores de la demografía y la ecología de América, es decir, de las catástrofes demográficas en América después de 1492 por falta de inmunidad y otras razones. Ningún periódico los mencionó, ahora tendrían más éxito. Parece que con esta pandemia todos somos igualmente vulnerables, ¿inicialmente todos los seres humanos somos igualmente carentes de inmunidad frente a este virus? No lo sé. Parece que la pandemia durará un par de años, con idas y venidas, con un exceso de mortalidad sobre la habitual que no alcanzará un 1 por ciento.
-Después de la gripe de 1918-19 llegaron los años veinte. ¿Qué sientes que puede pasar esta vez? ¿Cuáles deberían ser los principales cambios para usted?
Después de la gripe del 1918-19, que era un poco como esta pandemia de ahora, vino el Charleston y los años 1920, el crecimiento económico, la crisis de 1929, los fascismos, la guerra de España de 1936-39, el franquismo y la Segunda Guerra Mundial; también la terrible guerra de Japón en China. Los humanos no necesitan ningún virus para hacer desastres. Debemos aprovechar este momento para llevar a cabo pequeños cambios radicales: 1) Dejar de contar el Producto Interno Bruto, utilizar indicadores físicos y sociales para decidir si estamos mejorando o empeorando, y discutir estos indicadores sociales y ecológicos que son fáciles de entender, y no hablar nunca más del PIB, nunca más. 2) Redistribución interna, un ingreso universal básico (en lugar de soñar que llegará el empleo asalariado para todos gracias al crecimiento económico). 3) La Redistribución internacional, ya basta de comercio ecológicamente desigual y también reconocer la deuda ecológica que tenemos los ricos. 4) Desvincular la economía real del pago de muchas deudas financieras, no volver a la "Deudacracia" de 2008. 5) Menos viajes de personas y también de mercancías. 6) Más agroecología local, más urbanismo ecológico. Todo esto guiado por los debates democráticos acerca de cómo imponer algunas prohibiciones y cómo cambiar los impuestos. No es fácil subir impuestos sobre los combustibles fósiles, si ves lo ocurridos en Francia con los gilets jaunes. Ahora bien, creo que finalmente todo el mundo admite que hay cambio climático.
-Pierre Charbonnier en su libro "Abondance et liberté" dice que podríamos estar en el comienzo de una nueva era en la que la economía ecológica y la ecología política son la base o tema principal de una nueva filosofía política. ¿Han cambiado los obstáculos que existían hasta ahora para subestimar la importancia y la necesidad de pensar ecológicamente?
Creo que es un gran libro. Como sabes, yo he publicado una autobiografía dos meses antes de que saliera el libro de Charbonnier, con el subtítulo "Una vida haciendo economía ecológica y ecología política". Charbonnier explica que es necesario poner estos conocimientos y visiones en el centro de la política, eso me gusta mucho. Desde el siglo XVII hasta ahora le filosofía política y la economía política (Grotius, Locke), los Fisiócratas, los Liberales (Adam Smith etc), Marx y los socialistas, Karl Polanyi – todos de alguna manera se dieron cuenta de que la abundancia económica dependía del acceso a la tierra, de las colonias y el trabajo esclavo, de la energía hidráulica, la máquina de vapor y carbón más tarde, pero no pusieron este tema del metabolismo social (flujos de energía y materiales) en el centro del análisis político y económico. La abundancia permitía la libertad (de algunos), y aquellos que aún no eran lo suficientemente libres, lo estarían en un futuro de abundancia. Los filósofos políticos no pusieron en primer plano las realidades físicas. Tanto es así que el cambio climático causado por la quema de carbón que se conoce bien desde 1896 con Svante Arrhenius, no condujo a ninguna reacción política hasta los años 1980. Pasaron casi cien años sin reacción política. En el siglo XX la quema de carbón aumentó siete veces, y el petróleo y el gas aumentaron mucho más. Hasta 2020, sigue aumentando y, por lo tanto, hay más emisiones de CO2. Ahora se habla del asunto en reuniones internacionales, pero casi nada se hace. La concentración de CO2 en la atmósfera fue de 300 ppm en 1900, 360 el 1990 y ahora llegamos a 410 ppm. La pandemia y los confinamientos no se reflejarán todavía en esta curva, que se llama la curva de Keeling. Es necesario aplanar la curva de Keeling. La pregunta de Pierre Charbonnier es, ¿a ver si este tema y en general la ecología política de una vez comienza a entrar en las demandas de los sindicatos y los programas de partidos políticos como tema central? Charbonnier piensa que es precisamente el ecologismo izquierdista y diverso (yo les llamo los zadistas y los zapatistas) que debería ser protagonista de este cambio político. Los que va poner la economía ecológica, la ecología política, la salud pública, la agroecología y la alimentación, la vivienda, en el centro de la política.
 -Algunos cuando escuchan la palabra decrecimiento tienen miedo de que se aplique por los mismos que dirigen la economía hasta ahora, que perjudican siempre a otros ¿Qué dirías?
No tengan miedo. Si el decrecimiento está vinculado a una renta básica universal, a una preocupación por las necesidades de todos, si va en contra de los financistas que ahogan y explotan a los pobres, no veo porque esto tiene que pasar. Es cierto que en Europa no hay suficiente conciencia de cómo funciona nuestra economía. Nuestra economía real se basa en importaciones baratas de materias primas y energía. En el sur hay más conciencia al respecto: un amigo mío colombiano dice que es necesario desobedecer la Regla de San Garabato, compre caro y venda barato. Esto se ve así desde el Sur – es por eso que la ecología política en América del Sur protesta contra el "extractivismo" con Maristella Svampa, Eduardo Gudynas, Alberto Acosta. Es decir, es necesario unir el Decrecimiento en los países ricos (o la "prosperidad sin crecimiento", como dice Tim Jackson más moderadamente) con justicia socio-ambiental en el mundo. Dejar el petróleo en el suelo como Sarayaku en Ecuador, o el esquema Yasuní ITT, o el eslogan dejar el petróleo y el carbón en el suelo (leave oil in the soil, leave coal in the hole) que inventó Nnimmo Bassey y otros en Nigeria, o los movimientos de Blockadia que explica Naomi Klein, son "decrecimiento en la práctica" que evitan al mismo tiempo los daños locales y el cambio climático.
¿Debería el decrecimiento afectar también a la población mundial? ¿Se prevé que el crecimiento de la población se puede frenar?
En Europa hace más de un siglo, las mujeres y hombres decidieron tener menos hijos. Y en muchos otros lugares, como en el sur de la India también ha ocurrido esto y en muchas otras partes. La disminución de la tasa de crecimiento de la población humana mundial es una buena tendencia. Tal vez el pico de la población mundial será el 2050, antes de llegar a los 9.500 millones. Recuerda que en el siglo XX la población aumentó de 1.500 millones a 6.000 millones. La curva ya se aplana, es necesario que se aplane más.
-Pierre Charbonnier cita su trabajo y destaca como importante su teoría del "intercambio ecológico desigual" como punto de referencia para aplicar otros parámetros de medición económicos. ¿Cómo se valora ese comercio internacional? ¿Qué conclusiones se sacan de esta evaluación?
A Charbonnier le gusta mi teoría del ecologismo popular o ecologismo de los pobres e indígenas, también cita y elogia nuestro Atlas de Justicia Ambiental. No le conozco personalmente, es joven, su libro es fantástico. Y, por supuesto, se pregunta cómo es posible que los economistas standard todavía propongan la teoría del comercio internacional de David Ricardo. Por otro lado, algunos o muchos marxistas han hablado de los intercambios desiguales (en horas de trabajo), pero no de los intercambios desiguales también en hectáreas, en energía y en toneladas de materiales, y en el agua "incorporada" a las materias primas exportadas. Son cálculos que hemos propuesto con Alf Hornborg y otros durante 25 años. Hay una nueva historia económico-social que mide estos intercambios desiguales. Un ejemplo, Brasil exporta 400 millones de toneladas de hierro al año, hay desastres como los de Mariana, Brumadinho : cientos de muertes y enormes daños ecológicos al romperse los depósitos de desechos de las minas de hierro (las presas de jales como se dice en México, los diques de relaves como dicen en Sudamérica). Brasil exporta mucho a un precio barato, y hace muchos daños localmente. Hay protestas del ecologismo popular. Todo esto comenzó más en pequeño pero también con mucho daño desde la época colonial en Potosí, Zacatecas y Minas Gerais.
-  La evaluación, por ejemplo, del silencio y el aire limpio en Barcelona estas semanas, ¿cuál es el valor?
El silencio no tiene precio, podemos medir el ruido en decibelios, el Ayuntamiento de Barcelona publica estadísticas y podemos disfrutar del silencio. También podemos disfrutar del aire limpio. Tal vez usted nota un poco de mejora en los índices de salud, también ha habido menos accidentes de automóviles y motocicletas. La contaminación atmosférica de las ciudades es de dos tipos: la de "Londres antes de 1952", dióxido de azufre y partículas de carbón quemado para producir electricidad (es terrible en las ciudades del norte de la India en invierno), y la "contaminación de Los Angeles", óxidos de nitrógeno (NOx), ozono superficial producido por los automóviles. El NOx ha caído dramáticamente en Barcelona (y en muchas ciudades del mundo) estas semanas. Los indicadores dan valores en miligramos de NOx por metro cúbico, no en dinero. Puedo decirte un verso de Antonio Machado, todo necio confunde valor y precio. Venga a hablar la prensa y los políticos del PIB, de los créditos bancarios, y no hablamos de la economía real de los decibelios, el NOx, la energía, los materiales, las especies que desaparecen y el cambio climático. Los economistas son profesionalmente metafísicos.
-En el proyecto EJAtlas (https://ejatlas.org/) del ICTA-UAB que dirige, ustedes ha documentado y localizado en el mapa más de tres mil conflictos políticos, sociales, de derechos humanos vinculados a la ecología y los abusos extractivos, ¿cuán importante es colocarlos en el mapa mundial? ¿Qué otro mundo se descubre?
Hasta la fecha son 3120 conflictos en todo el mundo, y añadimos uno o dos conflictos diarios, son conflictos "eco-distributivos", nacidos de proyectos que perjudican (aunque también produzcan kilovatios-hora o fracking de gas, o toneladas de soja, etc.). Esos males y esos bienes no se pueden medir en las mismas unidades. Hacemos visibles tales conflictos (a menudo con muertes, otras veces con éxitos en detener los proyectos...), algunos ya son históricos y otros de hoy en día. Académicamente, hacemos ecología política comparada, incluso la llamaría ecología política estadística. Y damos un poco de ayuda al movimiento global por la justicia ambiental. En el norte, debemos arrepentirnos de nuestro colonialismo y racismo. Tenga en cuenta por ejemplo que el Acuerdo de París del 2015 sobre el cambio climático, no promete suficientes reducciones y además, y esto es muy grande, tiene una cláusula de No Liability: los países ricos no nos hacemos legalmente responsables del cambio climático que hemos producido con nuestras emisiones excesivas de CO2. Todas las empresas extractivas también practican este principio de no responsabilidad a nivel local. Como Chevron-Texaco en Ecuador, la Shell en Nigeria.
Hasta ahora la izquierda habla de distribución, pero no cuestiona la producción. ¿Qué contribuiría a hacernos cuestionar el "produccionismo"?
Estamos tan involucrados ideologicamente en el aumento del PIB que incluso los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas (la llamada Agenda 2030) han puesto el crecimiento económico como objetivo número 8, dan porcentajes anuales deseables de crecimiento del PIB, aunque esto contradice otros ODS. Como argumenta Pierre Charbonnier, después de 150 años de ideas socialistas sobre la distribución de bienes "producidos" por la economía (a base de carbón, petróleo y gas, y materias primas baratas) es necesario que el socialismo ecológico se pregunte lo que significa "producción". Y qué significa las expresiones que se usan en el lenguaje marxista, de "desarrollo de las fuerzas productivas" y "la acumulación de capital". Quemar combustibles fósiles no es "acumular" nada físico, es disipar energía y producir el cambio climático (acumulando en todo caso CO2 en la atmósfera), y tal vez haciendo dinero que permite ganar más dinero pero no "acumular" realmente energía. Y si quemamos agro-combustibles, eliminamos otras especies que pierden lugares para vivir. No acumulamos nada ni desarrollamos ninguna fuerza productiva.
Cuando un parlamentario dice, "el producto interno bruto caerá un 8 por ciento en 2020 por la pandemia", ¿qué dice usted?
Digo que son sandeces. En casa llevamos seis semanas cocinando todos los días (trabajo gratuito) y no hemos ido al restaurante (donde yo voy normalmente muy a menudo). Estamos reduciendo el PIB. Me niego a hacer las cuentas en dinero. Este parlamentario (confinado) podría hacer un esfuerzo mental. ¿Cuánto vale el trabajo doméstico? Otro ejemplo, hace varios meses que no tomo un avión y, por lo tanto, no he contribuido al crecimiento del PIB ni a producir más CO2. En primer lugar, dudo que el parlamentario, si no es un economista, conozca los intríngulis de los cálculos del PIB, pero además ¿cómo separaría la mezcla que está en este 8 por ciento? ¿Por qué sumas todo en un solo número? ¿Te crees que eres el rey Midas del Reino de la Crematística? Los economistas dan asco con el poder que tienen de imponer su léxico.
¿Cuál es la razón de la obsesión por el producto interno bruto?
¿Por qué el parlamentario cree que es realmente malo que el PIB baje el 8 por ciento (no por año, sino que compara uno o dos meses de 2019 y de 2020)? Creo que es por las deudas. Debido a que la deuda pública se da como porcentaje del PIB. Por ejemplo, el Estado italiano tiene una deuda de catorce meses de PIB. Y las deudas son lo que mueve el sistema capitalista y organiza la disciplina del trabajo asalariado, la obligación de exportar materias primas baratas (vea la Argentina), la gran disciplina de las hipotecas, etc. Hace 10 años hubo una gran estafa a la gente relativamente pobre que compró pisos, los hipotecaron, los pagaron casi enteros, y los desahuciaron por no pagarlos del todo. Algunos eran inmigrantes de Colombia, de Ecuador, Perú, conozco uno o dos. La obsesión por el PIB es la obsesión por continuar con la rueda de las deudas y vivir del interés. No es la única vez en nuestra historia que con una invención metafísica se intenta disciplinar a las personas – por ejemplo, "Si nos ignoras y cometes pecados mortales, te irás al infierno".
-Después de la pandemia y todo lo que hablamos, ¿debemos mirar el futuro con optimismo?
Rotundamente sí, aunque parezca exagerado. Primero porque la pandemia nos ha hecho aprender mucha epidemiología, y también hemos visto cómo la explican los científicos y no están siempre todos de acuerdo (esto es saludable) y todavía más saludable ver cómo los políticos no tenían ni idea. Por ejemplo, se aprende de los debates de epidemiología entre el sueco Johan Giesecke y Neil Ferguson del Imperial College de Londres y los cambios (¿tal vez erróneos?) de la estrategia en Inglaterra. (https://unherd.com/2020/04/which-epidemiologist-do-you-believe/). Ahora estamos listos para otras pandemias. La humanidad no está en peligro de muerte por esta pandemia. Un meteorito podría ser mucho peor. Esta pandemia ha sido bastante domesticada material y mentalmente, los niños de seis años de edad están entrenados para otras ocasiones. Por otra parte, creo que pronto puede haber un grave accidente nuclear, en alguna central nuclear vieja de las muchas que hay todavía en funcionamiento, en esto soy pesimista, o realista. A pesar de Fukushima y la serie de televisión de Chernobyl el público no espera un accidente así.
A pesar del confinamiento obligatorio (muy adecuado, ya fue discutido y realizado en muchos lugares en 1918) respiramos democracia, algo tibia pero muy viva. Hay fuertes discusiones científicas y políticas. Todos hemos aprendido mucho más sobre China, o al menos queremos saber más de China. Incluso se está poniendo en discusión el capitalismo industrial globalizado, imagínate. Se propone con más fuerza que antes la renta básica universal. Vemos que podemos ahorrarnos muchos viajes que se hacían simplemente para ir a trabajar o sin razón. Nos parece ahora más que nunca que la vivienda es realmente esencial, y nos damos cuenta de la cantidad de pisos, segundas residencias y hoteles vacíos en Europa y cómo podrían distribuirse mejor. Existe consenso en la inversión en salud pública. Si las fábricas de los coches han hecho ventiladores, también podrían hacer otros tipos de vehículos no contaminantes. No creo que en Barcelona nadie tenga el atrevimiento de decir que es necesario construir una pista más en el aeropuerto como decían hace tres meses. Se fomenta la agroecología de proximidad. Creo que las ideas de decrecimiento y de justicia socio-ambiental se han fortalecido. Si realmente en 2020 bajamos las emisiones globales de CO2 (todavía quedan siete meses más), esto nos hará sentir un poco mejor, ¿verdad? Eso en la curva de Keeling difícilmente será perceptible, haría falta diez años de descensos del 50 por ciento. Pero es un comienzo. No cambiemos el clima, cambiemos el sistema, podemos hacerlo.
La entrevista la realizó Xavier Montanyà.
 
es catedrático de teoría económica de la UAB. Amigo y colaborador de SinPermiso es un investigador pionero en el campo de la economía ecológica
Fuente:
https://www.vilaweb.cat/noticies/joan-martinez-alier-el-pib-es-un-invent-metafisic-per-disciplinar-la-gent/
Traducción:
Joan Martínez Alier

Un alegato contra la desigualdad. Entrevista a Thomas Piketty

Un alegato contra la desigualdad. Entrevista a Thomas Piketty

Thomas Piketty 

09/05/2020
Propone un pago estatal para todos los ciudadanos, la modificación de la estructura de la riqueza para cambiar la el poder de negociación de los actores, discute las consecuencias políticas de la desigualdad. En esta entrevista, Thomas Piketty expone los puntos más salientes de un posible programa de izquierdas para salir del actual atolladero histórico.
Uno de los principales argumentos de su libro Capital e ideología es que «la desigualdad es una ideología». La desigualdad no es un proceso natural, sino que se funda en decisiones políticas. ¿Cómo llegó a esa conclusión?
En mi libro, el término «ideología» no tiene una connotación negativa. Todas las sociedades necesitan la ideología para justificar su nivel de desigualdad o una determinada visión de lo que es bueno para ellas. No existe ninguna sociedad en la historia donde los ricos digan «somos ricos, ustedes son pobres, fin del asunto». No funcionaría. La sociedad se derrumbaría inmediatamente.
Los grupos dominantes siempre necesitan inventar narrativas más sofisticadas que dicen «somos más ricos que ustedes, pero en realidad eso es bueno para la organización de la sociedad en su conjunto, porque les traemos orden y estabilidad», «les brindamos una guía espiritual», en el caso del clero o del Antiguo Régimen, o «aportamos más innovación, productividad y crecimiento». Por supuesto, estos argumentos no siempre resultan del todo convincentes. A veces son claramente interesados. Guardan algo de hipocresía, pero al menos este tipo de discurso tiene algo de verosimilitud. Si fueran completamente falsos, no funcionarían.
En el libro, investigo la historia de lo que llamo regímenes de desigualdad, que son sistemas de justificación de distintos niveles de desigualdad. Lo que demuestro es que en realidad hay un aprendizaje de la justicia. Hay una cierta reducción de la desigualdad a largo plazo. Hemos aprendido a organizar la igualdad a través del acceso más igualitario a la educación y de un sistema impositivo más progresivo, por dar algunos ejemplos.
Pero este progreso y el conflicto ideológico continuarán. En la práctica, el cambio histórico proviene de las ideas e ideologías en pugna y no solo del conflicto de clases. Existe esta vieja concepción marxista de que la posición de clase determina por completo nuestra visión del mundo, nuestra ideología y el sistema económico que deseamos, aunque en verdad es mucho más complejo que eso, porque para una posición de clase dada existen distintas formas de organizar el sistema de las relaciones de propiedad, el sistema educativo y el régimen impositivo. Existe cierta autonomía en la evolución de la ideología y de las ideas.
Aun así, en las democracias el pueblo decide colectivamente a través del voto vivir en ese tipo de sociedades desiguales. ¿Por qué?
En primer lugar, es difícil determinar el nivel exacto de igualdad o desigualdad. La desigualdad no siempre es mala. La gente puede tener objetivos muy diferentes en su vida. Algunos valoran mucho el éxito material, mientras que otros tienen otro tipo de metas. Alcanzar el nivel adecuado de igualdad no es algo sencillo.
Cuando digo que los factores determinantes de la desigualdad son ideológicos y políticos no quiero decir que deban desaparecer y que mañana tengamos una igualdad completa. Me parece que encontrar el equilibrio adecuado entre las instituciones es una tarea muy complicada para las sociedades pese a que, insisto, en el largo plazo la desigualdad se ha reducido un poco. Creo que deberíamos tener un acceso más igualitario a la propiedad y a la educación y que deberíamos continuar en esa dirección.
Hemos aprendido que la historia es un proceso no lineal. Con el tiempo avanzamos hacia una mayor igualdad y esto es lo que también ha creado una mayor prosperidad económica en el siglo XX. Sin embargo, también ha habido reveses. Por ejemplo, el colapso del comunismo produjo una desilusión sobre la posibilidad de establecer un sistema económico alternativo al capitalismo, y esto explica en gran medida el aumento de la desigualdad desde finales de la década de 1980.
Pero hoy día, 30 años más tarde, comenzamos a darnos cuenta de que tal vez hemos ido demasiado lejos en aquella dirección. Entonces, comenzamos a repensar cómo cambiar el sistema económico. El nuevo desafío introducido por el cambio climático y la crisis medioambiental también ha puesto el foco en la necesidad de cambiar el sistema económico. Se trata de un complejo proceso en el que las sociedades intentan aprender de sus experiencias.
A veces se olvidan del pasado lejano, reaccionan de manera exagerada y avanzan demasiado lejos en una dirección. Pero me parece que si ponemos la experiencia histórica sobre la mesa –y ese es el objetivo del libro– podemos entender mejor las lecciones y experiencias positivas del pasado.
Usted dice que la desigualdad deriva en nacionalismos y populismos. En Alemania y en otros países, los partidos de derecha están en alza. ¿Por qué la derecha suele tener más éxito que la izquierda?
La izquierda no se ha esforzado por proponer alternativas. Después de la caída del comunismo, la izquierda ha atravesado un largo periodo de desilusión y desánimo que no le ha permitido presentar alternativas para modificar el sistema económico. El Partido Socialista en Francia o el Partido Socialdemócrata en Alemania no han intentado realmente cambiar las reglas del juego en Europa tanto como debieran haberlo hecho.
En algún momento aceptaron la idea de que el libre flujo de capital, la libre circulación de bienes y servicios y la competencia por los mercados entre países eran suficientes para lograr la prosperidad y que todos nos beneficiemos de ella. Pero, en cambio, lo que hemos visto es que esto ha beneficiado principalmente a los sectores con un elevado capital humano y financiero y a los grupos económicos con mayor movilidad. Los sectores bajos y medios se sintieron abandonados.
También hubo partidos nacionalistas y xenófobos que propusieron un mensaje muy simple: vamos a protegerlos con las fronteras del Estado-nación, vamos a expulsar a los migrantes, vamos a proteger su identidad como europeos blancos, etc. Por supuesto, al final esto no va a funcionar. No se reducirá la desigualdad ni se resolverá el problema del calentamiento global. Pero dado que no existe un discurso alternativo, una gran parte del electorado se desplazó hacia estos partidos.
Aun así, una gran parte incluso más grande del electorado decidió quedarse en casa. Simplemente no votan, no debemos olvidar eso. Si los grupos socioeconómicos más bajos demostraran entusiasmo por Marine Le Pen o por Alternativa por Alemania, la tasa de participación ascendería a 90%. Eso no es lo que está ocurriendo. Tenemos un nivel muy reducido de participación, especialmente entre los grupos socioeconómicos más bajos, los cuales están a la espera de una plataforma política o una propuesta concreta que realmente pueda cambiar sus vidas.
Usted propone un pago estatal único («herencia para todos») de 120.000 euros para todos los ciudadanos cuando alcancen la edad de 25 años. ¿Qué se conseguiría con eso?
En primer lugar, este sistema de «herencia para todos» sería un paso más de un sistema de acceso universal a bienes y servicios públicos fundamentales, incluidos la educación, la salud, las pensiones y un ingreso ciudadano. El objetivo no es reemplazar estos beneficios, sino sumar esta herramienta a las ya existentes. ¿Para qué serviría?
Si uno tiene una buena educación, una buena salud, un buen empleo y un buen salario, pero necesita destinar la mitad de su salario a pagar un alquiler a los hijos de propietarios que reciben ingresos por alquileres durante toda su vida, creo que hay un problema. La desigualdad de la propiedad crea una enorme desigualdad de oportunidades en la vida. Algunos tienen que alquilar toda su vida. Otros reciben rentas durante toda su vida. Algunos pueden crear empresas o recibir una herencia de la empresa familiar. Otros nunca llegan a tener empresas porque no tienen siquiera un mínimo de capital inicial para empezar. Más que nada, es importante darse cuenta de que la distribución de la riqueza se ha mantenido muy concentrada en pocas manos en nuestra sociedad.
La mitad de los alemanes tiene menos de 3% de la riqueza total del país y, de hecho, la distribución empeoró desde la reunificación de Alemania. ¿Es esto lo mejor que podemos hacer? ¿Qué proponemos para cambiarlo? Esperar que llegue el crecimiento económico y el acceso a la educación sin hacer nada no es una opción. Eso es lo que hemos estado haciendo durante un siglo y la mitad inferior de la escala de distribución de los ingresos todavía no posee nada.
Cambiar la estructura de la riqueza en la sociedad implica cambiar la estructura del poder de negociación. Quienes no tienen riqueza están en una posición de negociación muy débil. Se necesita encontrar un empleo para pagar el alquiler y las cuentas cada mes, y se debe aceptar lo que se ofrece. Es muy distinto tener 100.000 o 200.000 euros en lugar de 0 o 10.000. La gente que tiene millones tal vez no se da cuenta, pero para aquellos que no tienen nada o que a veces solo tienen deudas, significa una gran diferencia.
En su país natal, Francia, el impuesto al carbono derivó en la protesta de los «chalecos amarillos». ¿Cuál fue en este caso el error de cálculo político?
Para que los impuestos sobre el carbono sean aceptables, deben ir acompañados de la justicia tributaria y fiscal. En Francia, el impuesto al carbono solía ser bien aceptado y se aumentaba año tras año. El problema es que el gobierno de Emmanuel Macron utilizó los ingresos fiscales del impuesto sobre el carbono para hacer un enorme recorte de impuestos para el 1% más rico de Francia, suprimiendo el impuesto sobre la riqueza y la tributación progresiva sobre las rentas del capital, los intereses y los dividendos.
Esto enervó a la gente porque se le dijo que la medida era para la lucha contra el cambio climático pero, de hecho, fue solo para hacer un recorte impositivo a aquellos que financiaron su campaña política. Así es como se destruye la idea de los impuestos sobre el carbono. Uno debe ser muy cuidadoso en Alemania porque también puede haber muchos sentimientos negativos, especialmente en los grupos socioeconómicos más bajos. Para que un impuesto al carbono funcione, tiene que incluir los costos sociales y debe ser aceptado por el conjunto de la sociedad.

Traducción: Rodrigo Sebastián
 
es director de investigación en la École des Hautes Études en Sciences Sociales, profesor en la Paris School of Economics y codirector de la World Inequality Database. Es autor de los libros El capital en el siglo XXI y de Capital e Ideología.
Fuente:
https://nuso.org/articulo/un-programa-contra-la-desigualdad/