miércoles, 17 de abril de 2019

Solo un medio ambiente sano nos puede asegurar una economía sostenible y una sociedad equitativa. Por, Norberto Ovando

Solo un medio ambiente sano nos puede asegurar una economía sostenible y una sociedad equitativa

Opinión
15/04/2019
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Nuestro planeta afronta retos sin precedentes en relación con el medio ambiente y el clima que conjuntamente constituyen una amenaza para nuestro bienestar. Para conseguir la sostenibilidad a largo plazo, hemos de abordar el medio ambiente, el clima, la economía y la sociedad como partes inseparables de una misma entidad

Hans Bruyninckx, Director Ejecutivo de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) asevera que “La masa continental de la Tierra, y también los océanos, la atmósfera, el clima y la vida, han estado siempre bajo el signo del cambio. La diferencia entre los cambios actuales y los pasados viene dada por un ritmo y una escala inauditos y por los factores y causas que los impulsan”. En nuestra nueva realidad se producen fenómenos extremos, como tormentas de intensidad inusitada, olas de calor, inundaciones y sequías. En todo el mundo, los titulares de la prensa apuntan a una crisis climática y ambiental que afecta al futuro de nuestra especie.

El clima global está cambiando y el causante del cambio es el hombre

Utilicemos la expresión que utilicemos —«nueva realidad» o «crisis múltiples»—, los hechos están claros: el clima global está cambiando y el causante del cambio es el hombre. La dependencia de nuestras economías de los combustibles fósiles, las prácticas de uso del suelo y la deforestación global están provocando un aumento de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera que, a su vez, altera el clima global. Y también está claro que el cambio climático repercute en todos y cada uno de los rincones del planeta, incluida Argentina. Algunos territorios se enfrentan a olas de calor y sequías prolongadas, mientras que otras sufren tormentas cada vez más frecuentes e intensas. Tanto las personas como la naturaleza y la economía se ven afectadas por el cambio climático.

Pérdida de biodiversidad a un ritmo sorprendente

La ciencia también se muestra firme en cuanto al ritmo insostenible con el que se está empobreciendo la diversidad de la vida en la Tierra. Cada año, numerosas especies se declaran extinguidas a resultas de la destrucción, la fragmentación o la contaminación de sus hábitats. En algunos casos se trata de especies polinizadoras vitales para nuestro bienestar, como las abejas o las mariposas, cuyas poblaciones han sufrido reducciones espectaculares debido al amplio uso de plaguicidas. Los contaminantes generados por las actividades económicas se acumulan en el medio ambiente, lo que reduce la capacidad de los ecosistemas de regenerarse y prestarnos servicios de carácter fundamental. La degradación medioambiental no solo afecta a las plantas y los animales, sino también a las personas.

Sistemas de consumo y producción insostenibles

Hans opina que, “El siglo XXI se ha visto marcado por una crisis económica y financiera. La investigación confirma que nuestros sistemas de consumo y producción son sencillamente insostenibles. El modelo económico lineal (transformación de las materias primas en productos que se utilizan, se consumen y a continuación se desechan) no solo conduce a la acumulación de contaminación y residuos, sino también a una competencia global por los recursos naturales. Las redes globales pueden transportar algo más que materiales, productos y contaminantes: el inicio de una crisis en el sector financiero de un país se puede extender por todo el planeta y provocar estancamientos y contracciones de la economía que duren años”.

Por otra parte aclara que “Los beneficios del crecimiento económico no se reparten de manera igualitaria en todo el mundo. Los niveles de ingresos varían considerablemente entre países, regiones y ciudades, y también dentro de estos. Incluso en Europa, donde los niveles de vida superan con creces la media mundial, hay comunidades y grupos que viven con ingresos inferiores al umbral de la pobreza. Lamentablemente, algunas de estas comunidades y personas también son más vulnerables a las amenazas ambientales. Tienen una mayor probabilidad de vivir en zonas expuestas a la contaminación atmosférica y a las inundaciones y en casas insuficientemente aisladas para protegerlas del frío y el calor extremos. Los grupos que disfrutan de las ventajas no siempre son los que soportan los costes”.

Si las tendencias actuales se mantienen, las generaciones futuras de todos los países y niveles de ingresos se enfrentarán a temperaturas y fenómenos meteorológicos más extremos y serán testigos de una reducción del número de especies, una mayor escasez de recursos y un aumento de la contaminación. Ante este panorama, no es sorprendente que miles de jóvenes en todo el mundo se manifiesten en las calles instando a los políticos a adoptar acciones más ambiciosas y efectivas para mitigar el cambio climático.

Otro futuro es posible

A lo largo de los últimos cuarenta años, se han aplicado políticas dirigidas a abordar problemas concretos como la contaminación atmosférica y de las aguas. Algunas de esas políticas han tenido resultados notables. Una gran parte de los residuos se recicla. Las zonas terrestres y marinas protegidas son cada vez mayores. La energía generada por recursos renovables en ha crecido de manera exponencial…

Durante este tiempo hemos conseguido conocer y entender mejor el medio ambiente y ha quedado patente que las personas, el medio ambiente y la economía forman parte de un mismo sistema. Las personas no pueden vivir bien si el medio ambiente y la economía tienen mala salud. La desigualdad en la distribución de beneficios, como la riqueza económica y el aire limpio, y costes, incluida la contaminación y las pérdidas de cosechas debidas a sequías, seguirá causando tensión social.

Estos hechos pueden ser difíciles de aceptar. Del mismo modo, puede resultar arduo cambiar las estructuras de gobernanza establecidas y los hábitos y las preferencias de consumo. Sin embargo, pese a tratarse de una labor ingente, sigue siendo posible construir un futuro sostenible. Para ello es necesario atajar prácticas actuales, suprimiendo, por ejemplo, las subvenciones con efectos nocivos en el medio ambiente, o eliminando gradualmente las tecnologías contaminantes y prohibiéndolas, a la vez que se respaldan alternativas sostenibles y se ayuda a las comunidades afectadas por el cambio.

“Una economía sin emisiones de carbono puede reducir la presión ejercida sobre nuestro capital natural y limitar el aumento de las temperaturas globales. Para transformar nuestro curso de acción, también es necesario modificar nuestros hábitos y comportamientos, por ejemplo en lo relativo a la manera de desplazarnos y de comer. Disponemos de los conocimientos necesarios para dirigir esta transición hacia la sostenibilidad a largo plazo. Además, el apoyo del público al cambio es cada vez mayor. Ahora nos toca aceptar la responsabilidad y acelerar ese cambio”, dijo el Director Ejecutivo de la AEMA.

Fuente: AEMA/AAPN

Por Prof. Norberto Ovando
Presidente / Asociación Amigos de los Parques Nacionales (AAPN)
Experto Comisiones Mundial de Áreas Protegidas (WCPA) y,
Comunicación y Educación (CEC)
Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN)




https://www.alainet.org/es/articulo/199327

Duque: Entre el autoritarismo guerrerista y la demagogia pacifista, Por, Fernando Dorado

Duque: Entre el autoritarismo guerrerista y la demagogia pacifista

Opinión
15/04/2019
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El débil arranque del gobierno

El pasado 7 de abril se cumplieron 8 meses de la administración Duque. En las últimas 6 décadas no se había visto un arranque tan débil de un gobierno en Colombia. Los presidentes del Frente Nacional no tuvieron problemas porque se apoyaban en un pacto bipartidista. Alfonso López Michelsen y Belisario Betancur fueron quienes vivieron momentos delicados; el primero, con el paro cívico de 1977 y, el segundo, con la toma del Palacio de Justicia por el M19 en 1985. Pero su inicio no fue tan frágil como el presente.

La situación política del presidente Duque no es dramática ni está al borde del caos. No obstante, si no realiza oportunamente los ajustes que le permitan construir una gobernabilidad aceptable, el país podría verse sometido a una coyuntura en la que la ciudadanía perciba a un gobierno sin identidad y sin norte. Así, se corre el peligro de que un hecho no previsto o un “cisne negro”, como lo denomina Nassim Taleb en su famoso libro1, desencadene una situación de inestabilidad que ponga en riesgo la continuidad del gobierno.

¿El pasado no perdona?

Algo no le funciona al presidente Duque. No se ha podido acomodar. Pareciera que el legado de autoritarismo guerrerista de los ocho años de Uribe y de demagogia pacifista de los dos períodos de Santos, pesaran tanto que no puede mirar hacia adelante y vacila ante el futuro. Y esa inseguridad en un gobernante no es la mejor condición para un país que empieza a sentir presiones externas que han sido creadas por la impericia del novel presidente.

Ahora bien, es normal que un país que intenta consolidar el proceso de terminación de un conflicto armado de 70 años –contando desde el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán– tenga dificultades para pasar la página y construir un ambiente de paz y reconciliación entre sus ciudadanos; pero todo indica que se necesita un gobernante que represente la unidad de la Nación y trasmita autoridad y confianza en cada acto de gobierno que ejecute.

El caso del presidente Duque es preocupante. Durante la primera etapa, entre agosto y diciembre de 2018, no obtuvo ningún logro tangible, no cumplió con el pacto anticorrupción y sus iniciativas legislativas no fueron aprobadas. La reforma tributaria terminó siendo una “ley de financiamiento” que poco recauda y escasamente financia. No construyó una coalición de gobierno y creó malestar entre los partidos que lo apoyaron en su elección.

Un poco de aire que no duró mucho

El atentado terrorista del 17 de enero le dio un respiro al gobierno. Ese hecho se produjo cuando la presión contra el Fiscal General estaba en su mayor furor. El presidente Duque aprovechó la situación para romper los diálogos con el ELN y desconocer los protocolos con gobiernos de países garantes y, alentado por ese pequeño empuje, se puso al frente del Grupo de Lima e impulsó el “cerco diplomático” para derrocar al presidente Maduro. Luego, presentó las objeciones a la Ley Estatutaria de la Justicia Especial de Paz JEP, que fue interpretado como un ataque a los acuerdos de paz por la opinión pública.

Ese aire el presidente Duque lo dilapidó rápidamente. Todas las acciones realizadas para acorralar a Maduro, incluyendo un viaje a Washington, no obtuvieron el resultado previsto. Además, después que consiguió apoyo para el trámite inicial del Plan Nacional de Desarrollo mediante presiones non sanctas sobre algunos parlamentarios, hecho que fue rechazado y denunciado en una publicitada columna por Germán Vargas Lleras en El Tiempo, la mayor parte de los partidos políticos se unieron en contra de las objeciones a la JEP.

La Minga Indígena y las vacilaciones del gobierno

Después viene el tire y afloje con la Minga Indígena. Durante 26 días estuvo bloqueada la única carretera que facilita el comercio internacional con el sur del continente causando grandes traumatismos y graves pérdidas económicas a la población del suroccidente colombiano. El gobierno dilató las negociaciones, usó la misma táctica de desgaste que utilizó con el paro universitario, pero ante lo extendido del bloqueo quedó en la retina del público una sensación de desgobierno.

Duque no se atrevió a despejar la vía por la fuerza como se lo exigía el expresidente Uribe y su partido. El argumento uribista era que la protesta estaba infiltrada por terroristas. Después de casi un mes el gobierno logró desactivar el conflicto mediante un acuerdo razonable, sin exponer recursos o promesas que no pudiera cumplir, lo que presentó como una actitud responsable que lo diferenciaba de anteriores gobiernos. Además, se comprometió a ratificar ese acuerdo en un diálogo público con los “mingueros” en el municipio de Caldono (Cauca).

No obstante, la forma como se remató esa faena no fue la mejor. Todo estaba preparado para que el presidente se encontrara y escuchara a los líderes sociales, hiciera un ejercicio de autoridad dialogante de frente a la comunidad indígena y al país, lo que hubiera sido un acto de independencia frente a las presiones de su mentor. Pero no fue capaz. Permitió que de nuevo se atravesara el Fiscal General, quién anunció con bombos y platillos un supuesto plan terrorista para atentar contra la vida del presidente, que frustró el encuentro con La Minga.

Las banderillas de Trump

A los acumulados negativos se sumó la actitud del presidente Trump. El mandatario estadounidense primero regañó a Duque por no haber hecho nada por los EE.UU. en la lucha contra el narcotráfico, y ahora, acusa a Colombia de estar enviando pandilleros y criminales a ese país, colocándonos al lado de países centroamericanos como Honduras y Guatemala. Tal actitud se parece a la de un patrón que ante la ineficacia de su trabajador lo amonesta públicamente por no lograr los resultados programados.

El gobierno ha reaccionado usando el espejo retrovisor acusando al gobierno anterior del crecimiento de los cultivos de uso ilícito, pero lo hace pensando más en el auditorio interno que como respuesta al furibundo presidente estadounidense que utiliza ese temapara apalancar su campaña por la reelección.

Contradicciones evidentes

Cuando la guerrilla más poderosa de América Latina, acusada de ser el cartel del narcotráfico más grande del mundo, se ha desarmado y desmovilizado, es inconcebible que unas disidencias armadas se muestren con la capacidad de fuego para impedir que el primer mandatario intervenga ante miles de personas en la plaza pública de cualquier pueblo.

Cuando los presidentes Duque y Piñera, el secretario general de la OEA y miembros del Centro Democrático, se conciertan en Cúcuta para alentar a centenares de “guarimberos” para atacar la fuerza pública del vecino país, no se entiende cómo ante la protesta de las comunidades caucanas se plantee que ante las “vías de hecho” no se puede ceder ni dialogar.

Cuando el país está esperando que el presidente que prometió superar la polarización se empeña en desprestigiar una institución (JEP) creada por los acuerdos de paz y el Congreso y respaldada por la Corte Constitucional, no se comprende que el gobierno siga mirando hacia atrás y se obsesione con un tema que ya fue superado por el grueso de la población colombiana.

¿Qué hay detrás de la actitud del gobierno Duque?

Todo indica que detrás de las objeciones a la JEP existen intereses que superan al mismo presidente Duque. Las presiones del embajador Kevin Whitaker sobre parlamentarios y magistrados dejan ver hasta qué punto el gobierno de los EE.UU. está interesado en el asunto. Así mismo, el expresidente Uribe teme que ese órgano de justicia se fortalezca y opere con diligencia y eficacia. Los crímenes cometidos por empresas nacionales y extranjeras y por agentes del Estado durante el auge del paramilitarismo (2002-2010) parecieran querer ser ocultados sin importar que empresarios, militares y funcionarios comprometidos obtengan (o no) los beneficios por revelar la verdad ante la Justicia.

Por ello, no es casual que el Fiscal General haya terminado siendo la ficha más importante en el entramado institucional que rodea al presidente. Fue pieza central en la forma como se comprometió a Jesús Santrich con el supuesto delito de narcotráfico que lo tiene al borde de la extradición; fue clave para desentrañar en pocas horas el atentado terrorista de enero; fue el principal teórico jurídico de las objeciones a la JEP y, ahora, su denuncia pública sobre el pretendido atentado contra el primer mandatario impidió el diálogo con La Minga.

A estas alturas el gobierno tiene un panorama incierto que tiene como principal causa no haber podido diseñar una agenda y una dinámica independiente de su partido CD y de su mentor Uribe. Los pataleos para impedir el rechazo en la Cámara y en el Senado a las objeciones a la JEP van a dejar heridas que no van a ser fáciles de restañar en el futuro.

Preguntas necesarias

¿Vamos hacia un estado de tensión que ponga en peligro la estabilidad del gobierno y de las mismas instituciones? ¿Detrás de bastidores habrá intereses oscuros manejando los hilos para conducirnos a escenarios de mayor desestabilización? ¿Quiénes le temen a la verdad y a la paz estarán utilizando a Duque como lo hacen con Guaidó en Venezuela?

¡Pronto lo sabremos!

Popayán, 12 de abril de 2019



1 Taleb, Nassim Nicholas (2014). “El Cisne Negro – El impacto de lo altamente improbable”. Paidós.


https://www.alainet.org/es/articulo/199330