martes, 15 de mayo de 2018

‘ES IMPOSIBLE CONSTRUIR UNA NACIÓN SOLO ENTRE BUENOS’: DE ROUX


‘ES IMPOSIBLE CONSTRUIR UNA NACIÓN SOLO ENTRE BUENOS’: DE ROUX
El presidente de la Comisión de Verdad habla de la relación de este órgano con la JEP y sus retos.
Por: Juan Manuel Flórez Arias  12 de mayo 2018 , 10:37 p.m.

El trabajo del padre Francisco de Roux para buscar la verdad sobre el conflicto armado colombiano no comenzó el martes, cuando se posesionó en la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición. En realidad se inició hace más de 30 años.

El sacerdote jesuita, hoy presidente de esa comisión, emprendió desde 1986 proyectos por la construcción de la paz dentro de su propia orden religiosa. Entonces fue nombrado director del Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep) y fundó el Programa por la Paz de la Compañía de Jesús.

Años después, en 1995, mientras en Barrancabermeja aumentaba la violencia por la lucha de poder entre los grupos paramilitares y las guerrillas, creó también el Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio (PDPMM).

Desde allí lideró proyectos de economía campesina y apoyó el retorno de los desplazados, labor por la que obtuvo el Premio Nacional de Paz en el 2001. Otras tres iniciativas, derivadas del PDPMM, fueron reconocidas con el mismo premio en años posteriores.
En las últimas décadas, De Roux ha sido consultado por varios presidentes de la República sobre temas de reincorporación de actores armados a la vida civil. Ese camino lo llevó en agosto del 2017 a ser uno de los testigos oficiales de la entrega del último contenedor con armas de las Farc, con lo que se cerró esa etapa de la transición de esa guerrilla hacia la democracia.

El papel del sacerdote en la implementación del acuerdo con las Farc sigue siendo fundamental. Él, junto con otros 10 comisionados, emprenderá los próximos tres años una tarea para la que parece haber estado preparándose durante gran parte de su vida: La comprensión de lo que sucedió en Colombia durante más de medio siglo de guerra.

¿Cómo trabajará la comisión frente a un conflicto que, al menos en parte, sigue en curso?

Es una pregunta que nos hacemos mucho con los otros comisionados. Supuestamente, nosotros deberíamos establecer una comprensión de lo que nos pasó durante el conflicto hasta el día en que se esperaba que terminase: El 18 de noviembre del 2016, con el acuerdo del teatro Colón.

Sin embargo, el conflicto ha continuado. Ya no con las Farc, sino con las llamadas ‘bacrim’, con el Eln, con grupos vinculados al narcotráfico y con la llamada disidencia de las Farc. Eso nos preocupa mucho porque se nos pide hacer propuestas para la no repetición. Nos pone a pensar que debemos contribuir para que la guerra pare definitivamente.

¿Cuál sería entonces el período histórico que trataría la comisión?

Estrictamente hablando, nosotros trabajaremos un periodo que va desde finales de los 60 hasta la firma del acuerdo. Pero nos vamos a ver obligados a echarnos hacia atrás para entender el contexto histórico que permitió el conflicto, a partir de una mirada que tenga en cuenta a los grupos étnicos.

Se ha hablado de unas causas objetivas del conflicto, ¿estas han desaparecido?

Más que causas, nosotros queremos establecer los patrones de las grandes formas de violencia que se produjeron en el conflicto. Es lo que explica por qué se produjo la violación de las mujeres en una forma tan masiva; por qué llegamos a tener más de 7 millones de desplazados, 8 millones de víctimas, más de 200.000 civiles que no tienen nada que ver en la guerra y que fueron asesinados por los actores armados y más de 80.000 desaparecidos. Eso es bastante más complejo que unas simples causas individuales.

¿Estaríamos ante un conflicto indefinido?

Si se mantienen esos patrones, es muy probable que los hechos salvajes que nos ha tocado vivir se perpetúen.

Estos tocan muy hondamente la sensibilidad humana, son muy dolorosos y, por supuesto, dan lugar a sentimientos de rabia, de indignación, de señalamientos entre unos grupos y otros, lo que hace muy difícil llegar a interpretaciones históricas que incorporen a todo el mundo. Nadie queda contento de la versión que da el otro porque las pérdidas han sido muy grandes.

Por eso, nuestra aproximación tratará de explicar cómo nos fuimos involucrando en una barbarie que ha sido un escándalo para el mundo, para que tengamos compasión de nosotros mismos, de esta patria que llegó a una situación tan bárbara.

Para ello esperamos movilizar hondamente a la sociedad. En la Comisión de la Verdad somos muy poca cosa frente a la totalidad de lo que ha pasado en la guerra. Solo 11 personas con la responsabilidad de involucrar a todo el país.

Nuestra aproximación tratará de explicar cómo nos fuimos involucrando en una barbarie que ha sido un escándalo para el mundo, para que tengamos compasión de nosotros mismos

Antes ha habido esfuerzos desde la academia, la sociedad y los medios por comprender el conflicto, ¿cuál es la verdad que aún no sabemos?

Se han hecho esfuerzos valiosos para la reconstrucción de la historia, en la recolección de memorias, pero la memoria todavía no es la verdad. Es falible, está muy llevada por las impresiones subjetivas. Hay que partir de ella. Si uno no siente el llanto de los otros, su sufrimiento, sus dolores, es muy difícil formular las preguntas válidas, pero eso todavía no es la verdad. La verdad es el esfuerzo de explicar lo más objetivamente posible, a sabiendas que uno finalmente termina en hipótesis, que son tanto más fuertes cuanto más capaces sean de responder a todas las preguntas pertinentes.

Creo que hemos tenido visiones o muy ideologizadas o parciales de pequeños espacios de tiempo, de regiones, de ciertos sectores, pero todavía no hemos podido elaborar una visión comprensiva del conflicto.

No sé si nosotros lo logremos; voy a ser muy honesto en esto, pero creo que podemos contribuir a poner al país en esa búsqueda que permita la reconciliación. Pero las cosas no van a terminar dentro de tres años, la realidad es más compleja que eso.

¿Cómo evitar que la verdad moral que busca la comisión impregne la verdad judicial?

Hay un primer sentido en el que la respuesta es fácil. Muy probablemente, aquellos que pasen por la JEP serán enviados a la Comisión de la Verdad. De tal suerte que antes de que esos tribunales dicten la sentencia, las personas contribuyan al enriquecimiento de la verdad humana. La comisión les entrega un certificado por su colaboración, que puede ser interpretado por los magistrados de la JEP como una causa de atenuación de las sentencias.

El problema se puede presentar en el segundo sentido: personas que lleguen directamente a la comisión y que todavía no hayan decidido si presentarse ante la JEP o que no quieran hacerlo nunca. En esos casos, nosotros no podemos pasar sus declaraciones a la JEP, a menos que las personas nos autoricen a hacer público un testimonio de aceptación de responsabilidades.

El conjunto de testimonios que vamos a recibir nos permite, sí, hacer público el patrón. Cuáles eran las variables, las dinámicas de fondo que daban lugar a actos gravísimos de violación del Derecho Internacional Humanitario. Por lo demás, vamos a aprender en el camino cómo actuar con sabiduría para discernir en esas circunstancias tan complejas.

La comisión les entrega un certificado por su colaboración, que puede ser interpretado por los magistrados de la JEP como una causa de atenuación de las sentencias

¿Cuál será el sector con el que la comisión deberá trabajar más para que esté dispuesto a colaborar con la verdad?

Esperaría que seamos capaces de explicarnos de tal manera que nadie se sienta repelido a colaborar con ese conocimiento que nos merecemos los colombianos. Que tanto las Farc, que tiene tantas víctimas, como los paramilitares, los empresarios, las comunidades y todos lleguen con confianza a la comisión. Que deje de producirnos miedo la verdad y tengamos el coraje de encararla y mirarnos de frente.

Hay académicos, como David Rieff, que piensan distinto y han defendido el olvido para evitar nuevos conflictos...

Como en todas las buenas comisiones de la verdad, ese ha sido un tema de debate entre nosotros. Estoy convencido de que el problema no es la memoria, siempre y cuando uno sepa comprender cuál es el aporte que dan los recuerdos: Limitado, sometido a la crítica, un aporte que todavía no es la verdad.

Si la memoria es una fuente de odios, obviamente es dañina, pero si logra transformarse, asumiéndola en todo su peso, en todo su dolor y en todas sus preguntas, se la puede resignificar y convertirla en un relato de comprensión. Eso es lo que debe hacer una comisión de la verdad.

Ese entendimiento pasa por reconocer que es imposible construir una nación simplemente entre buenos, porque ninguno de nosotros es un ángel. Y es lo más bello que podemos decir: nosotros, que somos imperfectos, que nos hemos hecho daño y que nos podemos seguir haciendo daño, hemos resuelto construir desde nuestras responsabilidades y falencias un país en el que todos quepamos y del que nadie sea excluido por sus fallas.

Lo que no se podría hacer es pensar de entrada que todos los actores que hubo tenían intenciones perversas. La condición es no entrar a juzgar las intenciones, sino los hechos mismos que muestran las equivocaciones, las responsabilidades y las malas decisiones.

Usted ha trabajado durante más de 30 años en este campo. Después de la comisión, ¿qué más le queda por hacer por la paz de Colombia?

Esa es una pregunta muy personal (sonríe). Quisiera contribuir con toda el alma a la verdad desde el dolor de las víctimas y la honestidad con ellas y con nosotros mismos. No sé si después me quede algo de vida para continuar...

¿Si le queda continuaría?

Yo pertenezco a una tradición espiritual, la de los jesuitas, en la que trabajamos hasta el día que nos morimos. No nos jubilamos nunca. Uno nunca se jubila si trabaja por la paz.

Así funcionará la Comisión de la Verdad

- La Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición fue creada por el decreto de ley 588 de 2017.

- La comisión está compuesta por 11 miembros postulados por la sociedad civil y elegidos por un comité de 5 personas.

- A partir de ahora, la comisión tendrá seis meses para preparar su funcionamiento. Luego estará activa por tres años.

- Sus objetivos fundamentales son: contribuir al esclarecimiento de lo ocurrido, promover y contribuir al reconocimiento de las víctimas y promover la convivencia en los territorios.

- La conclusión de su trabajo es un informe final.

JUAN MANUEL FLÓREZ ARIAS
Escuela de periodismo multimedia de EL TIEMPO
En Twitter: @juanduermevela

lunes, 7 de mayo de 2018

Editorializados Por: Tatiana Acevedo Guerrero

Editorializados 

Por: Tatiana Acevedo Guerrero

Tras noches de debates presidenciales hubo quienes acusaron a los dirigentes de medios, Vélez y Gurisatti, de usar micrófonos y espacios publicitarios para favorecer a los candidatos uribistas. Se notó una tendencia más sutil en la forma en que, al informar sobre la llamada “gran encuesta”, RCN usó gráficos de barras amañadas, pues el 38 % de intención de voto por el candidato Duque se veía desproporcionadamente más grande que el 28 % de intención de voto por Petro. Aunque es en momentos de coyuntura electoral en que se hacen más evidentes los esfuerzos editoriales de noticieros, prensa escrita y programas de radio, el sesguito a la derecha de buena parte de la oferta mediática nacional es continuo y nunca desilusiona. Una forma de apreciarlo en su forma menos agazapada, es a través de las coberturas de huelgas, paros o revueltas civiles.
La manera en que se cubrió el conflicto de febrero de 1963, cuando obreros de Cementos El Cairo declararon una huelga en búsqueda de mejores salarios, marca quizá un hito de desinformación. Los choques entre empleados y fuerza pública se generaron por la decisión del gobernador de Antioquia, Fernando Gómez Martínez, de transportar, escoltadas por el Ejército, las materias primas de la fábrica a Medellín. Los obreros bloquearon entonces la carretera. El Ejército disparó y murieron una niña y diez obreros. El ministro de Trabajo, Belisario Betancur, respaldó las acciones del Ejército, afirmando que los soldados habían sido víctimas de una “emboscada” por cuenta de los huelguistas, que contaban con “toda clase de armamento”. En El Tiempo y la prensa regional se les hizo eco sin peros a las palabras de Betancur. El periódico económico La República reportó que “de no haber habido una agresión inspirada por mano oculta, por la mano roja que viene operando en Venezuela y en todo el continente para cumplir consignas extrañas, el Ejército no hubiera tenido que disparar”. “Infortunadamente hay que suponer, por lo pronto, que algunos de los huelguistas de la fábrica El Cairo tomaron parte, por lo menos, en este atentado contra el Ejército” pontificó El Siglo. Días después apareció publicada en El Espectador una foto tomada por el médico del municipio, que registró la posición de bloqueo pacífico de los obreros, lo que anuló las versiones de emboscada. Hoy, con las versiones de quienes sobrevivieron el ataque oficial, el episodio es recordado como la “masacre de Santa Bárbara”.
Durante los 70, fue parecido el cubrimiento de todos los conflictos laborales y cívicos de Barrancabermeja. “Los obreros de la Empresa Colombiana de Petróleos constituyen una verdadera oligarquía”, afirmó La República en su reportaje sobre una manifestación. “Los sindicatos de la Empresa están dirigidos por los más intrépidos jefes comunistas. Forman un Estado dentro del Estado”. Así quedó descrito. El paro petrolero de 1971 fue violentamente reprimido por la fuerza pública. Mientras que periódicos como El SigloLa República y El Tiempoinformaron sobre la infiltración del comunismo y el Eln, fue poca la cobertura sobre la justicia penal militar bajo la que se juzgó a los líderes sindicales capturados en el paro. “Los pueblos tienen, en la democracia, mil maneras de hacer valer sus reclamos y derechos. Hay solamente uno vedado: el de insurgir contra el orden jurídico” concluyó El Tiempo.
Y poco hay del Estatuto de Seguridad a la Seguridad Democrática. Declaraciones de jefes paramilitares como Salvatore Mancuso ante Justicia y Paz cuentan cómo la campaña mediática de las autodefensas se valió de la generosa difusión de las largas entrevistas a Carlos Castaño (en La Noche de RCN, Cara a Cara de Caracol y la agencia Colprensa) para “darles un impulso ideológico a las Auc”. También son abundantes los sesgos durante la contrarreforma paramilitar. Desde alguna prensa regional que decide no reportar sucesos violentos (como El Heraldo de Barranquilla, El Meridiano de Córdoba) hasta la gran televisión nacional tan celebratoria de Uribe durante los primeros años de gobierno.

Tomado de www.elespectador.com

Cuando Marx fue periodista. Por, José Luis Garcés González * / Especial para El Espectador

LA ETAPA ENTRE 1842-1851

Cuando Marx fue periodista

Este 5 de mayo se cumplirán 200 años del natalicio del autor de “El capital”. Una mirada distinta a su legado narrativo.
Preparativos en homenaje a Marx en Tréveris, Alemania, su ciudad natal. Nació allí el 5 de mayo de 1818 y murió el 14 de marzo de 1883, en Londres. / Reuters
“Es en los periódicos, y no en sus tratados filosóficos, donde Marx se enfrenta de manera directa al presente, a la desigualdad, la violencia y la explotación, y lo hace con inigualable destreza”. Mario Espinoza Pino.
Karl Marx siempre estuvo pendulando en la cuerda resbaladiza de la paradoja y en la materia urticante de la ironía. Escudriñó y volteó al revés el régimen capitalista, pero casi toda su vida anduvo escaso de dinero y abundoso de obligaciones. Deseaba la unión y la solidaridad entre los humanos, pero le tocó con frecuencia cambiar de país y soportar calamidades diversas, desde la escasez de comida hasta la muerte de tres de sus hijos. Presionado por las circunstancias políticas y económicas, se vinculó con el periodismo escrito. Escribió artículos de fondo, que más que columnas eran estudios sólidos sobre economía, filosofía y política, los cuales derivaron años después en libros esenciales para su vida intelectual. Desde temprana edad anunció lo que su pensamiento perfilaba. Ya al terminar los estudios secundarios a los 17 años en el Gimnasio de Tréveris, lugar de su nacimiento, Marx se graduó con el trabajo intitulado: “Reflexiones de un joven al elegir profesión”, en el cual anunciaba su intención de vincularse a la problemática social de los trabajadores alemanes.
Marx finalizó los estudios superiores en la Universidad de Jena con una tesis sobre Epicuro, en la que se oponía a la visión hegeliana del pensamiento y de la historia. Se le concedió el título de doctor en filosofía en el mes de abril de 1881. Su tesis se tituló: “Diferencia entre la filosofía natural de Demócrito y Epicuro”. En ella habla admirablemente de la lucha de Epicuro contra los prejuicios y contra la superstición religiosa. Hasta hoy ese ensayo filosófico se mantiene inédito.
Marx quiso ser profesor de la Universidad de Bonn, pero la represión del gobierno prusiano, encabezado por Federico Guillermo IV, que empezó a expulsar a los profesores progresistas, lo llevó a la conclusión de que en ese centro académico no había cupo para él.
Desde abril de 1842, empezó a colaborar con la Gaceta del Rin y tuvieron tanta acogida sus artículos que seis meses después ya era nombrado redactor-jefe. Textos periodísticos titulados “Debates con motivo de la ley sobre la tala ilícita”, “La justificación de un corresponsal de Mosela” y “Debates en el sexto Landtag del Rin”, suscitaron una serie de polémicas porque Marx se apartaba del pensamiento feudal y defendía los intereses de las clases menos favorecidas. Este trabajo periodístico le hizo pensar que debía profundizar más en la teoría económica para obtener mayores logros escriturales. Es decir, Marx pasó de la visión política a la visión económica. Y allí comenzó a destacarse.
El gobierno prusiano se asustó por la acogida del periódico y por el movimiento social que empezaba a germinar en torno a él. Impuso la censura. Trató de sabotearlo de mil maneras. Y ordenó que a partir del 1° de abril de 1843 la Gaceta del Rin fuera cerrada. Viendo esta situación, Marx presentó su renuncia 14 días antes de que se produjera su clausura.
Pero los obreros alemanes no se quedaron quietos. Hubo protestas callejeras y enfrentamientos físicos con los cuerpos policiales. Dadas estas circunstancias Marx salió para París cuando finalizaba octubre de 1843. Allí visitó los barrios obreros y estableció contactos con la Liga de los Justicieros, que era una sociedad secreta de obreros y artesanos, muy a la usanza en la Francia de la época. Marx conoció a los socialistas utópicos franceses Ettiene Cabet, Pierre Leroux, Luis Blanc y Pedro José Proudhon. En esas semanas conoció y dialogó con Mijail Bakunin, quien llegaría a ser el padre del anarquismo mundial. También estableció amistad con el conocido poeta alemán Heinrich Heine, del cual sería uno de sus más fervientes admiradores. A propósito, Franz Mehring, el biógrafo del filósofo, señaló que Marx mantuvo “siempre una viva simpatía por el gremio de los poetas y una gran indulgencia para sus pequeñas debilidades”.
En estas instancias Marx profundizó los estudios en Adam Smith y David Ricardo, clásicos de la economía burguesa, a quienes no les escatimaba sus aportes intelectuales, aunque señalaba su sesgo ideológico capitalista. Leyó con interés La riqueza de las naciones, del primero, y coincidió con Smith en los conceptos básicos de valor de uso y valor de cambio aplicados al hecho mercantil.
En febrero de 1844 encontramos a Marx escribiendo artículos en los Anales franco-alemanes, que era un órgano redactado por el mismo Marx y por el revolucionario Arnoldo Ruge. En esta revista Marx publicó textos importantes como “Acerca de la cuestión hebrea” y “Contribución a la crítica de la filosofía hegeliana del derecho. Prefacio”, artículo en el cual consigna que “la misión de la filosofía avanzada consiste en convertir la lucha contra la religión en lucha contra las condiciones objetivas que la engendran, en convertir la crítica del “cielo” en crítica de la tierra”, la crítica de la religión, en crítica del derecho y la crítica de la teología en crítica de la política” (E. Stepanova, 1972).
Es de señalar que desde agosto de 1842, cuando llegó a Colonia y visitó las oficinas de la Gaceta del Rin, Federico Engels entró en contacto con Marx, del cual sería un leal compañero, iniciando ambos una amistad que no conoció envidias ni mezquindades, hasta el punto de que Engels escribió tiempos después: “Marx era un genio; los demás, a lo sumo, somos hombres de talento”.
En 1845, por solicitud de Prusia, Marx fue expulsado de París y se dirigió a Bruselas. Se iniciaría así el círculo vicioso de sus frecuentes destierros. Tres años después, en febrero, fue deportado de Bélgica y se radicó en París. Era considerado un elemento peligroso y un periodista incisivo que desentrañaba las claves de la economía capitalista e incitaba a la revuelta.
El 1° de junio de 1848 apareció la Nueva Gaceta del Rin, fundada por Marx y Engels. Este periódico tenía un subtítulo: “Órgano de la Democracia”. Marx fue designado redactor-jefe. Este medio de comunicación se hizo muy popular en toda Alemania. El periódico, además, reseñaba las acciones de los obreros en Francia, Italia, Hungría, Bohemia, Polonia, entre otros países.
A algunos socios esta actitud les disgustó, y empezaron a retirar sus acciones, y Marx tuvo que viajar a Berlín y Viena a recabar apoyo económico para mantener vigente la salida del periódico. Pese a estas dificultades, la Nueva Gaceta del Rin convocó para el 13 de septiembre de 1848 una manifestación en la Frankenplatz de Colonia.
Trece días después, precisamente, el gobierno suspendió varios medios, entre ellos la Nueva Gaceta del Rin. Los obreros, los ciudadanos y los sindicatos reaccionaron. Su protesta fue de tal envergadura, que el gobierno tuvo que retroceder, y el 12 de octubre la Nueva Gaceta del Rinvolvió a la calle, esta vez con el apoyo personal de la herencia paterna de Marx.
En las páginas del periódico, en varios apartes, Marx publicó el material que luego se convertiría en su libro Trabajo asalariado y capital. La convulsión social proseguía. Marx fue llevado a los tribunales y logró su absolución el 9 de febrero de 1849; tres meses después fue deportado y se radicó en París. El 19 de mayo de 1849 se editó en Colonia el último número de la Nueva Gaceta del Rin. Como protesta se imprimió en tinta roja y se envió un mensaje esperanzador a sus lectores. Por participar en una manifestación el 13 de junio de 1849, Marx fue convocado ante la autoridad competente y expulsado de Francia. Le tocó marcharse a Londres, de donde ya no saldría hacia otro destino.
En agosto de 1851 el periódico estadounidense New York Daily Tribunenombró a Marx como su corresponsal en Europa. En esa misión Marx trabajó casi 11 años, y su desvinculación, que perjudicó la ya debilitada economía hogareña, se dio por la crisis que produjo la guerra civil norteamericana. Marx y sus investigaciones fueron, así, conocidos en un espacio internacional más amplio. Sus textos periodísticos adquirieron nuevos lectores y nuevas proyecciones. Consignemos de pasada que sólo entre julio de 1854 y junio de 1857 escribió 27 artículos. Por toda esta nombradía, en 1858 Marx fue contratado para preparar una biografía sobre Simón Bolívar destinada al tomo III de The New American Cyclopedia, y allí, por falta de fuentes documentales serias, que no estaban en el Museo Británico donde iba todos los días a investigar, Marx comete su gran equivocación en la valoración de la lucha independentista latinoamericana, y trata a Bolívar con adjetivos lastimosos e injustos. Lo llama “canalla, cobarde, brutal y miserable”. Estos señalamientos encajan en la concepción eurocéntrica imperante en la época, cuando en el Viejo Continente se veía la independencia de América Latina como “una revuelta de pueblos salvajes contra la acción civilizatoria de la Europa colonialista”. El historiador inglés Eric Hobsbawn(1917-2012), cercano ideológicamente al alemán, aceptó que el conocimiento de Marx sobre el Nuevo Continente padeció de serias limitaciones, lo cual le recortó su universo conceptual.
Debe señalarse que a la par con su labor política y económica, Marx era un lector empedernido de Homero, Esquilo, Dante, Balzac, Heine y Cervantes. Por Shakespeare sentían todos en su casa verdadera veneración. Con sus hijos leía El canto de los Nibelungos Las mil y una noches. Como se nota, su trabajo periodístico, que no era algo fortuito, se nutría de sólidas fuentes que le otorgaban a su conocimiento un indudable perfil analítico y a la vez humanístico. Saber que en el solo New York Daily Tribune, en algo más de dos lustros, Marx publicó 350 artículos, sin incluir los escritos por Engels o los elaborados por ambos, nos da una cifra que resalta la importancia de su trabajo como periodista e intelectual.
* Escritor, ensayista y catedrático universitario. Cuentos suyos han sido traducidos al inglés, francés, alemán y eslovaco. Director del periódico “El Túnel”. Sus dos obras más recientes son “Los trabajos del insomnio (Cuentos reunidos) y la analecta erótica “Banquete sagrado”.

miércoles, 25 de abril de 2018

Migraciones irregulares: una mirada crítica. Por, Cindy López y Marcelo Colussi / Para Con Nuesra América Desde Ciudad de Guatemala

Migraciones irregulares: una mirada crítica

Nunca antes como ahora tanta gente huye de situaciones adversas; pero, paradójicamente, nunca antes ha habido tantas situaciones adversas. La riqueza y el bienestar crecen a pasos agigantados para muchos, pero para muchísimos otros también crece (en forma inversamente proporcional) su marginación, su falta de posibilidades, su precariedad.

Cindy López  y Marcelo Colussi / Para Con Nuesra América
Desde Ciudad de Guatemala

Las migraciones han existido siempre en la historia. Podría decirse que si algo caracteriza a la especie humana es su afán de búsqueda, de descubrimiento; de ahí que emigró y cubrió todo el planeta. En ese sentido, las migraciones son un fenómeno positivo. Pero, desde hace ya unas décadas, la arquitectura de la sociedad planetaria globalizada (capitalista) encuentra en las migraciones un problema cada vez más grave. Millones y millones de personas huyen desesperadas de la pobreza y/o la guerra, siempre en países del Sur, para intentar llegar a las islas de prosperidad del Norte (Estados Unidos, Europa, Japón).

En la actualidad, la situación se tornó casi inmanejable. Pero hay una doble moral en el discurso dominante proveniente de los países desarrollados: se pone frenos a la migración, y al mismo tiempo se aprovecha de ella como mano de obra barata. La situación que pasan los migrantes es bochornosa, tanto en su viaje como ya instalados en el lugar de llegada, siempre escondiéndose como ciudadanos “irregulares”. Ahora bien: una visión romántica, endulcorada, que busque un perfil más “humanizado” en el trato para con los migrantes, no ayuda en realidad para cambiar las cosas. El núcleo del asunto pasa por modificar la estructura que expulsa cada vez más gente desde los países empobrecidos.

De todos modos, hoy es un discurso largamente generalizado levantar la voz por la situación de los migrantes –“pobres y desamparados migrantes”–, ya sea en su marcha hacia el lugar de destino o, si logran llegar, ante las penurias que pasan como “ilegales” en su nueva morada. De cualquier forma, vale hacer una mirada crítica del fenómeno.

Las migraciones humanas son un fenómeno tan viejo como la humanidad misma. De acuerdo con las hipótesis antropológicas más consistentes, se estima que el ser humano hizo su aparición en un punto determinado del planeta (probablemente el África) y de ahí emigró por toda la faz del globo. De hecho, el hombre es el único ser viviente que ha emigrado y se ha adaptado a todos los rincones del mundo.

Las migraciones, por lo tanto, no constituyen una novedad en la historia. Siempre las ha habido y generalmente han funcionado como un elemento dinamizador del desarrollo social. Sin embargo, hoy día, y desde hace varios años con una intensidad creciente, se plantean como un “problema”. Lo que aquí queremos delimitar es: problema ¿por qué? y ¿para quién?

Recientemente el fenómeno ha adquirido una dimensión masiva, de proporciones antes nunca vistas, apareciendo motivado por razones de orden puramente social: guerras, discriminaciones, persecuciones, pero más aún: pobreza. A partir de la segunda mitad del siglo XX puede decirse que empieza a constituirse en un verdadero “problema” (al menos para algunos), perdiendo definitivamente su carácter de factor de progreso, de aventura positiva. La Tierra se pobló de humanos justamente gracias a las migraciones. ¿Por qué hoy día son un problema?

Nunca antes como ahora tanta gente huye de situaciones adversas; pero, paradójicamente, nunca antes ha habido tantas situaciones adversas. La riqueza y el bienestar crecen a pasos agigantados para muchos, pero para muchísimos otros también crece (en forma inversamente proporcional) su marginación, su falta de posibilidades, su precariedad.

Las oleadas de pobladores del Tercer Mundo indocumentados en viaje hacia el Norte se muestran imparables, siendo este tipo de migración el que alarma al status quo central. En todos estos casos puede verse un interés del migrante por desplazarse desde una situación comparativamente más desventajosa (material, social) hacia una más beneficiosa.

La gente huye de la miseria: del área rural a la ciudad, de los países pobres a la prosperidad del Norte, al igual que huye de las guerras, de las persecuciones políticas, de las cacerías humanas, cualquiera sea su naturaleza. Ahora bien, si el número de “escapados” aumenta (ya sea en forma de desplazados, refugiados, exiliados, de habitantes de barrios marginales en las ciudades o de inmigrantes irregulares en las sociedades más ricas) esto está indicando que las condiciones de vida de donde proviene tanta gente, expulsan en vez de permitir un armónico desarrollo.

Con la globalización en curso, a la que actualmente todos asistimos sin poder resistirnos, las fronteras del Estado-nación moderno tienden a debilitarse, y los desplazamientos de población (así como los de capital) entre un punto y otro del orbe son cada vez más comunes. Aunque nunca –y esto es lo dramático– en función de proyectos sopesados, de estrategias racionales de desarrollo. Sin embargo, vale una precisión: los capitales sí se mueven organizadamente, con un proyecto claro; las masas humanas: no.

Lo distintivo en las migraciones actuales, además de su tamaño, es el hecho de constituirse como problema para todos los factores que hacen parte de ellas, en virtud de su desorganización, de su desorden, de la pérdida de su condición constructiva. Hace tiempo que las migraciones dejaron de ser percibidas como un motor beneficioso para las sociedades. En un mundo en el que, agigantadamente, en vez de resolverse problemas cruciales, se entroniza la tendencia a dividir entre aquellos que “se salvan” y los que “sobran”, las migraciones (como recurso desesperado de muchísimos) pueden pasar a ser un calvario. Por un lado, si bien permiten parches circunstanciales a partir de las remesas, no cambian estructuralmente la situación de los que emigran; y por otro, crean un supuesto malestar en los países receptores, el cual se maneja arteramente según interesadas agendas políticas.

Lo que está claro es que el fenómeno migratorio en su conjunto está denunciando una falla estructural del sistema social que lo produce. Los grandes capitales del Tercer Mundo reciben en conjunto diariamente alrededor de 1,000 personas que migran desde el área rural; y algunos miles llegan cada día ilegalmente desde el Sur a los países desarrollados.

Quien lo siente fundamentalmente como un problema, y más raudamente ha dado los primeros pasos para reaccionar, es el área de llegada de tanta migración: el Norte desarrollado. Sin duda que las que emigran son poblaciones en riesgo, pero para la lógica del poder dominante el riesgo está, ante todo, en su propia casa, en la prosperidad del llamado Primer Mundo, que comienza a ser “invadido”, ininterrumpidamente, por contingentes siempre en aumento.

Si tanta gente huye de su situación cotidiana, ello debería llamar a la reflexión inmediata: ¿por qué existe un mundo que integra a algunos y marginaliza a tantos? Las migraciones actuales están hablando, patéticamente, de poblaciones “excedentes” en el planeta. Pero ¿qué mundo puede ser este donde haya gente “de sobra”? Obviamente, los modelos de desarrollo en juego hacen agua, por lo que hay que replantearlos. En otros términos: el modelo capitalista no ofrece salida para la inmensa mayoría de la población mundial.

Las penurias que deben pasar los migrantes en su marcha hacia la supuesta salvación son enormes, terribles. En estos últimos años de crisis sistémica, desde el 2008 a la fecha, con la ralentización de la economía de muchos países desarrollados, esas penurias se acrecentaron. Justamente por esa crisis global del sistema capitalista, las condiciones de recepción de migrantes en el Norte se ponen cada vez más duras, más denigrantes incluso. El discurso oficial que domina en los países industrializados es que “los inmigrantes vienen a quitar puestos de trabajo”. Donald Trump, en Estados Unidos, ganó las elecciones levantado ese sensiblero y mojigato mensaje. Con ello, lo que se consigue es que la clase trabajadora internacional siga fragmentándose, haciendo que un trabajador del Norte vea a un “mojado” del Sur como un competidor, un enemigo en definitiva.

Pero hay ahí una doble moral en juego: por un lado se aprovecha la mano de obra barata, casi regalada, que llega a los bolsones de desarrollo en el Norte, gente desesperada dispuesta a trabajar por migajas (que, en sus países del Sur representa mucho); y por otro, se le pone trabas cada vez mayores, alentándola a no migrar. Los muros se suceden cada vez con mayor frecuencia, haciendo recordar más a campos de concentración que a fronteras entre naciones.

Es real que la crisis económica hace que muchos trabajadores oriundos de los países desarrollados estén escasos de trabajo, pero el endurecimiento de los obstáculos migratorios con los trabajadores del Sur busca no sólo desestimularlos sino también, básicamente, chantajearlos, pagando salarios bajísimos y ofreciendo condiciones de super explotación. El antiguamente llamado “ejército de reserva industrial” (¡las categorías marxistas siguen siendo válidas!), es decir: las poblaciones desocupadas y siempre listas a trabajar por centavos, no ha desaparecido. Hoy se presenta como fenómeno global, mundial. Se lo declara problema, pero al mismo tiempo es lo que ayuda a mantener bajos los salarios. El único beneficiado en esto es el capital. 

No hay dudas que ese endurecimiento torna el viaje de los migrantes una verdadera pesadilla. En Latinoamérica se estima que de cada tres migrantes irregulares solo uno llega al american dream. Otro es devuelto en el camino, y otro muere en el intento. Luego, si sobreviven a condiciones extremas y logran ingresar a las “islas de salvación” (Estados Unidos, Europa, Japón), su estadía allí, en general en condiciones de irregularidad, aumenta la pesadilla.

Pero permítasenos esta reflexión: suele levantarse la voz, lastimera por cierto, en relación a las penurias de los migrantes indocumentados. Suele decirse que la vida que llevan en los países del Norte es deplorable, lo cual es cierto. Y suele exigirse también un mejor trato de parte de esos países para con la enorme masa de migrantes irregulares.

Todo eso está muy bien. Es, salvando las distancias, como preocuparse por la situación actual de los niños de la calle. Pero ese dolor, expresado en la lamentación por la situación de esas poblaciones especialmente vulnerables y vulnerabilizadas (los migrantes indocumentados, la niñez de la calle) queda coja si no se ve también la otra cara del problema: ¡la verdadera y principal cara! ¿Por qué hay millones y millones de migrantes que escapan de sus países de origen, forzados por la situación económica? La cuestión no es tanto pedir un trato digno en los países de llegada, sino plantearse por qué deben escapar.

Los gobiernos de los países expulsores no dicen nada al respecto porque las remesas que envían estos trabajadores indocumentados sirven para paliar, al menos en parte, la pobreza estructural de las familias de origen y evitar que la misma se profundice. En México y Centroamérica esas remesas representan porciones altas del PBI (a veces superando el 20%).

En vez de quedarnos con la lamentación y victimización del migrante, ¿por qué no denunciar con la misma energía la injusticia estructural que los fuerza a emigrar? Pedir que los países de acogida regularicen su situación migratoria no está mal. Pero ¿por qué no trabajar denodadamente para lograr que nadie tenga que emigrar en esas condiciones, porque su país de origen no le brinda las posibilidades mínimas de sobrevivencia?

Del mismo modo que nadie debe discriminar ni castigar a un niño de la calle (él es el síntoma visible de un proceso social mucho más complejo) tampoco nadie debe excluir, segregar o maltratar a un migrante en condición de irregularidad. Pero ¡cuidado!: si alguien tiene que salir huyendo de su sociedad natal porque ahí no puede sobrevivir, es ahí donde hay que trabajar para cambiar esa injusta y deplorable situación. Trabajar por la regularización de los migrantes que huyeron de la situación de precariedad en sus países de origen puede ser muy bien intencionado, pero no cambia en nada la situación de fondo que sigue expulsando gente.

Puede ser correcto trabajar/pedir/exigir al gobierno de los Estados Unidos mayor apertura en su política migratoria, pero no debe olvidarse que como país soberano tiene la potestad de establecer esas políticas según su conveniencia. Donde sí se debe actuar con la mayor energía es en los países expulsores. Es ahí donde se debe pedir/exigir a los Estados nacionales la creación de condiciones que impidan seguir produciendo potenciales migrantes. Si no, ¿habría que luchar porque los países del Norte –Estados Unidos más específicamente para el caso de Centroamérica– acepten también a los más de 9 millones de guatemaltecos que no migran pero que igualmente están en situación de pobreza permaneciendo en el país?

Todas estas preguntas, aparentemente alejadas en principio de respuestas prácticas concretas, deben ser el fundamento de nuestras acciones en torno al tema de las migraciones. En definitiva, el debate teórico serio (creemos que imperioso) sobre todo esto es lo que mejor puede encaminar las futuras intervenciones. Recordemos las palabras de Einstein, famoso inmigrante judío: “no hay nada más práctico que una buena teoría”. Pensemos críticamente toda esta situación: más que lamentarnos por el síntoma evidente, trabajemos en la fuente expulsora. Cuidado: ¡que los árboles no nos impidan ver el bosque!


El fracaso de la Cumbre de las Américas. Por, Juan J. Paz-y-Miño Cepeda / Historia y Presente - blog

El fracaso de la Cumbre de las Américas

La VIII Cumbre ha sido un fracaso histórico. La única novedad destacada por la prensa internacional fue la posición del gobierno de Perú que no invitó a Nicolás Maduro. La Cumbre apenas pudo formular el tema central: “Gobernabilidad democrática frente a la corrupción”, una verdadera burla bajo la presencia de ciertos gobernantes latinoamericanos involucrados precisamente en ella.

Juan J. Paz-y-Miño Cepeda / Historia y Presente - blog

La primera Cumbre de las Américas se realizó en Miami (EE.UU.), en diciembre de 1994. Participaron 34 jefes de Estado y de gobierno, que se subordinaron a la idea central de crear el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), un reiterado sueño norteamericano (aunque con distintos nombres) desde el I Congreso Financiero Panamericano realizado en 1915 por iniciativa del presidente Woodrow Wilson. De acuerdo con la “Declaración de Principios” que se aprobó, el ALCA debía estar lista en 2005.

La II Cumbre (Chile, 1998) y la III (Canadá, 2001) prácticamente siguieron la línea trazada por la I. La IV (Argentina, 2005) marcó un quiebre espectacular: mientras George W. Bush y varios gobiernos aliados intentaron posicionar el tema del ALCA, los gobernantes progresistas de Sudamérica no solo que se opusieron, sino que cuestionaron el proceso económico de América Latina subordinado al Consenso de Washington, es decir, al neoliberalismo. Ellos fueron: Néstor Kirchner (Argentina), Luis Inàcio Lula da Silva (Brasil), Tabaré Vázquez (Uruguay) y Hugo Chávez (Venezuela), quien tuvo un protagonismo contundente contra el proyecto de Bush y quien, además, fue el promotor central en la creación del ALBA (Alianza Bolivariana para América), en diciembre de 2004.

Marcada la posición latinoamericanista de los gobiernos progresistas y enterrado el proyecto del ALCA, la V Cumbre (Trinidad y Tobago, 2009) cambió de propósitos, para “Asegurar el futuro de nuestros ciudadanos mediante la promoción de la prosperidad humana, la seguridad energética y la sostenibilidad ambiental”; pero también uno de los puntos centrales fue el fin del embargo norteamericano contra Cuba. Para entonces ya estuvieron presentes, junto a Cristina Fernández (Argentina), Michel Bachelet (Chile), Lula, T. Vazquez y H. Chávez, los presidentes: Evo Morales (Bolivia), Manuel Zelaya (Honduras), Fernando Lugo (Paraguay), Leonel Fernández (República Dominicana), Daniel Ortega (Nicaragua) y Rafael Correa (Ecuador). Participó ahora el presidente de EE.UU. Barack Obama. Fue evidente el nuevo rol de América Latina en el contexto internacional, de la mano de un grupo de gobernantes firmes contra la globalización capitalista, el libre mercado en las Américas y las moribundas ideas del neoliberalismo.

En la VI Cumbre (Colombia, 2012) estuvieron presentes: C. Fernández, F. Lugo, E. Morales, L. Fernández; se sumaron José Mujica (Uruguay), Nicolás Maduro (Venezuela) en representación de H. Chávez, y Dilma Rousseff (Brasil), en tanto asistió por Chile el presidente Sebastián Piñera. El presidente Rafael Correa no asistió, pues cuestionó una cumbre en la que Cuba estaba ausente, posición respaldada por Daniel Ortega, quien tampoco participó.

Enseguida, la posición ecuatoriana adquirió relevancia continental, a tal punto que en la VII Cumbre (Panamá, 2015), por primera vez participó Cuba, apoyada por los países del ALBA, que condicionaron su presencia a la de Cuba. En esta Cumbre estuvieron presentes: C. Fernández, E. Morales, D. Rousseff, Salvador Sánchez Cerén (El Salvador), D. Ortega, T. Vázquez, N. Maduro y R. Correa. Allí también saludaron Raúl Castro y Barack Obama, quienes serían protagonistas, en marzo de 2016, del primer encuentro entre un gobernante estadounidense y otro cubano en La Habana, después de más de medio siglo de ruptura de relaciones y bloqueo.

Sin embargo, con ocasión de esta Cumbre, 26 expresidentes identificados con la derecha política, hicieron pública una Declaración en la que acusaron a Venezuela y al gobierno de N. Maduro, de seguir un camino contra la democracia y los derechos humanos. Era un coro de voces que saludaba al decreto del presidente Obama que declaró a Venezuela como “amenaza” a la seguridad de los EE.UU.

La VIII Cumbre acaba de realizarse en Lima, Perú, entre el 13 y 14 de abril. Por primera vez en la historia de estas reuniones no asistió un presidente norteamericano: Donald Trump, aunque estuvo el vicepresidente Mike Pence. Fueron otros los gobernantes latinoamericanos presentes, con respecto a quienes estuvieron en las anteriores Cumbres: Mauricio Macri (Argentina) y Michel Temer (Brasil), aunque si estuvo Tabaré Vázquez; además participaron solo cancilleres para la representación de Cuba, El Salvador y Paraguay; también los vicepresidentes por Ecuador (María Alejandra Vicuña) y Guatemala; tres representantes por Venezuela y no participó Nicaragua.

La VIII Cumbre ha sido un fracaso histórico. La única novedad destacada por la prensa internacional fue la posición del gobierno de Perú que no invitó a Nicolás Maduro. La Cumbre apenas pudo formular el tema central: “Gobernabilidad democrática frente a la corrupción”, una verdadera burla bajo la presencia de ciertos gobernantes latinoamericanos involucrados precisamente en ella. Tampoco hubo posiciones latinoamericanistas por la soberanía y la dignidad de la región, como las que caracterizaron a las Cumbres en las que fue dirigente la voz de los gobernantes progresistas y de nueva izquierda. No ha merecido la importancia que los propios EE.UU. dieron a las reuniones del pasado en su afán por lograr la constitución del área de libre comercio. Y es que tampoco necesita ejercer su presión, al contar ahora con la mayor parte de gobernantes latinoamericanos, particularmente de los países más grandes y de mayor influencia, que vuelven a coincidir en el ideal continental del libre comercio y se guían nuevamente por la ideología del neoliberalismo ajustada al siglo XXI.

La estrategia de la derecha internacional contra Venezuela ha funcionado, y no se ha vuelto a levantar con firmeza el rechazo al bloqueo contra Cuba. Igualmente la geoestrategia continental contra antiguos gobernantes progresistas va logrando sus propios éxitos: D. Rousseff destituida, Lula preso y R. Correa perseguido. América Latina no es más un referente mundial contra la globalización capitalista ni contra el imperialismo.

El presidente ecuatoriano Lenín Moreno tuvo que regresar urgentemente al país para atender el tema de tres personas secuestradas en la frontera norte y vinculadas al periódico El Comercio, cuyo asesinato ha conmovido la vida nacional, despertanto total indignación. El dolor y el rechazo ha tenido una potencia singular que ha unido a los ecuatorianos de todas las tendencias.

El país ha enfrentado un hecho inédito, del que han tratado de aprovecharse políticamente quienes hablan sobre el “debilitamiento” de las Fuerzas Armadas y hasta sobre la “permisividad” que supuestamente hubo en la pasada década frente a los grupos irregulares en Colombia. Todo ello es falso y carece de cualquier fundamento histórico. No se quiere entender ni aceptar que Ecuador es víctima de un problema que Colombia no soluciona, pese a los avances en el proceso de paz con las FARC. Sin embargo, se trata de la misma estrategia interesada en que Ecuador se convierta en fuerza guerrerista de acción y vuelva a tener una institución militar reorientada en los principios de la seguridad continental hegemónica, cuya historia ha sido nefasta para América Latina.