domingo, 1 de diciembre de 2019

La Habana como proyecto

La Habana como proyecto

Carlos García Pleyán 

27/11/2019
Hoy, la capital abre su mirada al pasado y lo celebra. A principios del siglo XX, culminó 380 años de historia colonial. Era una ciudad de 250 mil habitantes. Sesenta años de república burguesa y de hegemonía capitalina la llevaron a acercarse al millón 400 mil. Sesenta años más de república socialista y de vocación ruralista la estabilizaron a fines de siglo en 2,1 millones de habitantes. Espejo a veces incompleto y deformante de su entorno económico y social, La Habana ha crecido con sobresaltos y discontinuidades, y arriba en el presente a su medio milenio, en una imagen actual de tiempo comprimido.
En los años 50 la ciudad manifestó una frenética actividad constructiva[1]. Avanzó en su infraestructura con obras como la vía Monumental, los tres túneles subacuáticos, la terminación del Malecón, la ampliación de la avenida de Rancho Boyeros…; se construyeron la Ciudad Deportiva, la plaza Cívica, el Zoológico, el estadio del Cerro; hoteles emblemáticos como el Riviera, el Deauville, el Capri, el Habana Hilton, edificios altos como el FOCSA, el Someillán… Indudablemente se hacía ciudad, aunque, también es verdad, a costa del resto del país.
En los 60, la Habana no se detuvo: se edificó vivienda social, se levantaron obras importantes en el sector educativo como las Escuelas de Arte o la Ciudad Universitaria J.A. Echeverría y algunos proyectos singulares como el Pabellón Cuba, la heladería Coppelia o el Centro Nacional de Investigaciones Científicas. Pero ya desde finales de esa década, se evidenció la vocación “ruralista” de la Revolución[2] y la población habanera se volcó a transformar la región agrícola circundante, primero en el Cordón de la Habana, luego, en los 70, en la periferia, con la creación de grandes parques como el Lenin, el Botánico o el Zoológico Nacional. Es la época de las Escuelas Secundarias Básicas en el campo (ESBEC) o de la Vocacional Lenin.
En los 80 se regresa a la ciudad con la construcción de vivienda por las microbrigadas sociales y la edificación de grandes industrias, instalaciones deportivas y de salud como los Hospitales pediátrico de Marianao, el Centro de Cirugía oftalmológica, el Hermanos Amejeiras, al tiempo que comienza a articularse el polo científico del oeste.
En el difícil periodo de los años 90 se identificó el sector turístico como una de las salidas a la brutal crisis, con lo que se concentró el esfuerzo en la edificación de hoteles, se inició el centro de Negocios de Monte Barreto y se inauguró la nueva terminal del Aeropuerto José Martí. Al mismo tiempo, con el fin de recoger la creciente entrada de remesas del exterior, se abrieron grandes centros comerciales como Galerías Paseo, la Puntilla, Carlos III, etcétera. Por otra parte, la Oficina del Historiador potenció la transformación del centro histórico gracias a un nuevo modo de gestión descentralizada y realizó importantes obras de restauración (la Plaza Vieja, la Universidad San Gerónimo, la Avenida del puerto, la zona del Malecón, el Barrio chino, los Almacenes San José, museos, hoteles, y numerosas obras sociales).
Esa capacidad de transformar y rehabilitar la ciudad con grandes proyectos durante el siglo XX, a pesar de muchas circunstancias adversas, ha venido decayendo en el siglo XXI de forma alarmante. Tan solo ha continuado el persistente trabajo rehabilitador de la Oficina del Historiador. Con la reforma iniciada por Raúl Castro en 2008, la ciudad volvió a reanimarse, aunque esta vez por la vía de las construcciones privadas. Si bien destacan algunas obras por la calidad de su diseño, la mayoría, al no disponer de proyecto arquitectónico, han generado un desorden urbanístico de pobre calidad estética y material que llega a producir no pocas veces una sensación de vuelta a la ruralidad.
Por ejemplo, uno de los proyectos emblemáticos de la vanguardia cultural habanera en los últimos años es precisamente una iniciativa no estatal, la Fábrica de Arte Cubano (FAC), instalada en una antigua fábrica, ahora renovada. En el presente año, la celebración del 500 aniversario ha desatado una multitud de pequeñas y grandes obras, sin duda necesarias, pero que, conducidas sectorialmente, son tan dispersas que no logran “hacer ciudad”. Concentrados en la zona litoral vuelven a erigirse hoteles de lujo, de emplazamiento y calidad arquitectónica a veces más que discutible, a la espera del fin del bloqueo.
¿Se agotó el impulso transformador de la ciudad? ¿El estancamiento demográfico debe conllevar una paralización constructiva? Nada más falso. Tendencia no es destino. El potencial y las oportunidades que ofrece la ciudad para los próximos decenios están fuera de discusión y debieran estimular la imaginación de sus habitantes -en particular los jóvenes-, sus emprendedores, sus gobernantes e inducir un debate público sobre la ciudad que queremos hacer, cómo la haremos y con qué…
Será necesario aprender a convertir los desajustes y conflictos urbanos en oportunidades y tomar ventaja de los potenciales a veces escondidos en nuestras ciudades. Áreas productivas abandonadas, instalaciones de transporte obsoletas, cambios de estructura o de función, espacios vacíos o bordes urbanos desorganizados, ofrecen espacios de trabajo para apuestas de largo alcance. Se trata de piezas de ciudad que requieren de proyectos de una escala intermedia y que debieran lograr un buen diálogo con la geografía del lugar o con la morfología preexistente. Proyectos que, quizás más difícil pero decisivo, deberán armonizar la inversión pública con la iniciativa privada, comunitaria, cooperativa, extranjera…

Las zonas de oportunidad

La ciudad presenta actualmente una serie de “zonas de oportunidad” alrededor de las cuales podrían articularse esos proyectos de ciudad. Sin duda, el mayor, el que definirá la ciudad del siglo XXI es el de la bahía, con 5,2 km2 de superficie acuática y 18 km de costa (dos veces el recorrido del Malecón entre la Habana Vieja y el rio Almendares), que conforma un excepcional anfiteatro náutico. El potencial es incalculable: la progresiva emigración de actividades portuarias hacia el Mariel libera grandes áreas de suelo disponible en una localización central en la ciudad (el área tributaria directa a la bahía es nada menos que de 850 Ha.). Alrededor del puerto existen innumerables valores culturales, ambientales y paisajísticos como el sistema de fortalezas, la Habana Vieja, los asentamientos de Regla y Casablanca, pero también el propio patrimonio industrial y portuario.
Será necesario superar grandes desafíos como el de controlar la contaminación de la bahía, la erradicación de industrias contaminantes como la refinería (que liberaría un área semejante a la de la Habana Vieja), así como conformar un modelo de gestión financiera capaz de asimilar la inversión extranjera, recuperar las plusvalías y conducir de forma armónica la transformación de esta área.
Habrá que acordar también algunas premisas indispensables para que la bahía se abra a la ciudad y a los habaneros, como la de defender un uso mixto donde se articulen diversas funciones urbanas (portuarias, turísticas, recreativas -terrestres y acuáticas- , culturales, residenciales, productivas…), donde se defienda el uso público del borde costero y la permeabilidad visual hacia el mar, así como convertir la superficie de agua de un obstáculo en un instrumento de conexión urbana a través del impulso al transporte marítimo de pasajeros. Hay que asegurar igualmente la diversidad de sujetos de cambio: deben caber las iniciativas estatales, las de la inversión extranjera, pero también habrá que dar cabida a iniciativas comunitarias como las que ya comienzan a surgir a su alrededor.
Hay que tomar en cuenta que los grandes proyectos suelen generar procesos de revalorización del suelo donde se producen plusvalías que deben recuperarse para el sector público. Habrá que formular políticas territoriales que no favorezcan los intereses del turismo o del negocio inmobiliario a costa de los ciudadanos. Por ello el gobierno de la ciudad deberá defender su rol de propietario del suelo, de regulador de los usos del suelo y edificabilidades, así como de mediador de los conflictos de intereses entre los actores involucrados, pero también de generador de ideas e iniciativas.
Una segunda zona de oportunidad se sitúa al oeste de la ciudad, alrededor del área ocupada por el antiguo aeropuerto de Columbia, desactivado ya hace tiempo, (más de dos veces la superficie del cementerio de Colón), que permitirá desarrollar un nuevo centro de ciudad para los municipios de Marianao, La Lisa y Playa (medio millón de personas). En esta zona oeste puede articularse, asimismo, un corredor de desarrollo científico y tecnológico alrededor del aeropuerto internacional, la Universidad tecnológica, la de Ciencias Informáticas, y el complejo de instalaciones de investigación y producción de la industria biofarmacéutica. Finalmente, y también en esta zona oeste, se desarrollará el Parque Metropolitano (600Ha), vinculado a la cuenca del rio Almendares, con áreas ecológicas, recreativas y paisajísticas, como los Jardines de la Tropical y la Polar y que constituye un importante pulmón verde para la ciudad, que culmina en el Parque Almendares, en la desembocadura del río.
Tras la senda abierta por el mayor proceso transformador actualmente en marcha, el de la rehabilitación del centro histórico, se deberán articular una serie de proyectos similares que recuperen y revitalicen zonas como Centro Habana, el Cerro, Regla, Guanabacoa, así como las calzadas trazadas sobre las antiguas vías de comunicación con el resto del país. Por ejemplo, en el área de Centro Habana, el tradicional centro comercial de la ciudad, se ha propuesto el desarrollo de un distrito cultural alrededor del rico acervo de la zona que podría desarrollarse por medio de emprendimientos relacionados con las economías creativas y, con ello, impulsar la rehabilitación del degradado fondo habitacional. Estas acciones pueden extenderse a las áreas patrimoniales de otros municipios, por ejemplo, a través de la revitalización de las Calzadas del Cerro, Monte y 10 de octubre como centros lineales.
En la zona este, más allá de la bahía, existen también importantes potenciales para operaciones residenciales y recreativas desde el Parque Morro-Cabaña hasta las playas del este. Aquí también deberán construirse dos nuevos centros de ciudad, en la zona de los Panamericanos y en Alamar. Por cierto, un enorme desafío será el de revitalizar este último barrio, evitando su demolición a largo plazo. Se articularía así una ciudad lineal alrededor de la Vía Monumental aprovechando las inmejorables condiciones ambientales y paisajísticas.
Sin duda, los retos para los años futuros son muchos más: el primero, el de la vivienda, pero también la estructuración de un efectivo sistema de transporte publico multimodal (bus, tranvía, ferrocarril urbano, cabotaje en la bahía), la ampliación del aeropuerto internacional, el soterramiento de las redes urbanas a fin de disminuir la vulnerabilidad de la ciudad antes los fenómenos meteorológicos, la adecuación del Malecón para disminuir la penetración del mar, una mejor conexión con la región habanera… El desafío que debe asumir la generación que hoy se incorpora a la transformación de la ciudad es enorme y apasionante. Pero si los objetivos no están claros y no son consensuados, las oportunidades no se aprovecharán positivamente.

El proyecto de ciudad

A estas alturas ya están claros los límites de las ciudades centralmente planificadas y construidas sólo por el sector público, así como también son evidentes las carencias de los sistemas que operan solamente sobre la base del sector privado. Habrá que evitar regresar al mercado especulativo como guía de desarrollo urbano, pero también habrá que huir de los planes que abarcan tanto, que no “aprietan” casi nada. La política urbana ya no puede apoyarse únicamente en las fórmulas normativas del planeamiento tradicional, que no facilitan actuaciones e iniciativas rápidas y flexibles, ni la ineludible concertación de actores. La imagen fija del futuro es inservible porque las ciudades no se terminan.
Habrá que comprender que es responsabilidad del gobierno no solo la actuación administrativa que conduce la vida de la ciudad día a día, sino también la elaboración colectiva del “proyecto de ciudad” que requiere la Habana, a lo que hoy no se le dedica tiempo. “Gobernar es prever”. Y no hay que olvidar que el gobierno territorial, en particular el de la ciudad, es el que permite integrar las políticas sectorializadas, desarrollar una práctica política participativa, e impulsar la pertenencia a una identidad colectiva de valores y de conductas.
Los planes directores actuales dibujan grandes soluciones que aspiran a estructurar y hacer más funcionales las ciudades, pero para convertirlas en realidad a través de inversiones, demandan de una gestión integrada interministerial que las instituciones de planeamiento territorial no logran por ahora articular. En el otro extremo vemos las campañas de mejoramiento a través de infinidad de pequeñas obras dirigidas sectorialmente que no logran hacer ciudad, del mismo modo que una mera agregación de ladrillos no produce una vivienda. Quizás una escala intermedia, situada entre la acupuntura urbana y la de los megaproyectos, logre recuperar el imprescindible involucramiento de todos los actores urbanos, públicos y privados, nacionales e internacionales, generando la indispensable ilusión, entusiasmo y empeño.
El gobierno de la ciudad debiera estar atento a las iniciativas locales y superar la tradicional desconfianza hacia ellas. Asociarse para llevar adelante proyectos es visto como algo natural en las nuevas generaciones y debiera ser reconocido, apoyado y estimulado, imaginando y disponiendo los cauces legales adecuados para ello. Después de muchos años de paciente trabajo en la base, ya se comienza a reconocer y promover el desarrollo local, pero es necesario recordar que este no se limita a las actividades económicas. Existe también el desarrollo cultural que tiene mucho que aportar en nuestro país. Iniciativas como las que van brotando en el barrio de San isidro, en las riberas del Almendares, en el litoral de Regla, en callejones de Centro Habana y la Habana Vieja, en la Lisa, Marianao y en muchas otras partes de la ciudad inician procesos que incorporan cada vez más a la comunidad, atraen interés ciudadano e inversión, pública y privada, y revitalizan el barrio. La ciudad también se hace así.
La capital ha abierto su mirada al pasado y lo ha celebrado. ¿Está la Habana, en la misma medida, abierta a su porvenir? Tanta celebración de la historia termina gestando una cierta nostalgia del futuro. Sabemos de dónde venimos, pero, en lo que se refiere a la ciudad, me atrevo a decir que todavía no está muy claro a dónde vamos. El reto es claro: la ciudad, o existe como proyecto movilizador, o ya es solo historia.
Es hora de decidir si vamos a impulsar una ciudad que pretenda ser una Habana-Miami, una Habana-Shanghái, o si vamos a lograr la Habana-Habana que nos merecemos. La mayor responsabilidad en definir ese proyecto y llevarlo a cabo es de nuestra juventud. El reto es decisivo. Y es eminentemente suyo. Los jóvenes de hoy deben ayudarnos a equilibrar memoria e imaginación. Tienen una ciudad por conquistar.
Notas
[1] María Victoria Zardoya: La Habana in La arquitectura de la Revolución cubana 1958-2018 (Manuel Cuadra editor). Kassel University Press. 2018.
[2] “la vida de este país se desarrolla fundamentalmente en el interior, en el campo. Donde hay tareas verdaderamente que realizar, grandes cosas que hacer, es en el campo (…) las grandes urbes constituyen una deformación o una consecuencia del desarrollo deformado de una sociedad bajo las condiciones anárquicas del capitalismo (…) nosotros debemos de fomentar un mínimo de urbanismo y un máximo de ruralismo.” Fidel Castro: Discurso del 26 de setiembre de 1966.
 
Sociólogo cubano. Doctor en ciencias técnicas, profesor e investigador titular. Trabajó durante treinta años en el campo del urbanismo y el ordenamiento territorial en el Instituto de Planificación Física y diez en la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación, COSUDE. Fue profesor en la Universidad Tecnológica de la Habana y la Universidad Politécnica de Cataluña en Barcelona.
Fuente:
https://oncubanews.com/opinion/columnas/la-habana-de-500/la-habana-como-proyecto/?fbclid=IwAR14LhGSrIwWqv6Oo0WMWEHPiq3Wne1ZwdGNMWq-5RIz3aoGC42CPstCiAY

“En Chile se está gestando un gran cambio”. Entrevista

“En Chile se está gestando un gran cambio”. Entrevista

Carlos Ruiz Encina 

25/11/2019
Carlos Ruiz Encina es sociólogo, doctor en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Chile, y Presidente de la Fundación Nodo XXI, centro de pensamiento ligado al Frente Amplio (FA). En diálogo con rbara Schijman, Ruiz Encina explica por qué era previsible que la calle explotara como lo hizo, quiénes son los nuevos actores sociales en el marco de este "gran cambio histórico", y las agendas de corto y largo plazo. La mercantilización de la vida, la urgencia de evitar "las provocaciones de la derecha y aferrarse a la democracia", y su preocupación ante las masivas violaciones a los derechos humanos.
--El 18 de octubre último estalló la crisis política y social más profunda de las últimas décadas en Chile. ¿Sorprendió la magnitud de las manifestaciones que le siguieron o era previsible que en algún momento sucediera algo semejante?
--Sí y no a la vez. Por un lado, tengamos presente que anteriormente se dio una serie de manifestaciones con más de un millón de personas contra el sistema de pensiones, tuvimos el 8 de marzo más grande de todo América Latina, y la marcha del orgullo gay, que fue gigantesca. Hay un malestar que viene en crecimiento desde 2006, desde la marcha de los estudiantes en adelante. Por otro, hay cierta elite chilena conservadora que sí dice “fuimos sorprendidos”. En realidad, lo que sucede es que no han querido ver. Al mismo tiempo es cierto que se trata de una dimensión completamente nueva; esto no es la simple sumatoria de lo anterior. Se terminaron de articular ciertas demandas, como las demandas por la soberanía de las pensiones y las luchas por la soberanía y el control del agua, en contra de su privatización. Nuestra vida social cotidiana es de las más privatizadas, mientras el nivel de incertidumbre es enorme: la tasa de rotación de los empleos es altísima, la protección de servicios estatales es completamente inexistente, etc. Como decía un cartel por ahí: “no son treinta pesos, son treinta años”. Esto limpia todos los gobiernos para atrás. Los fondos del gasto social estatal se entregan a concesionarios privados que ofrecen estos servicios. Clínicas privadas, universidades privadas... Es el sistema neoliberal del voucher que terminó creando un capitalismo de servicio público. Este tipo de privatización en el resto de América Latina no existe. Todos conocen sobre privatizaciones de telefonías y líneas aéreas, pero no de servicios sociales. Es importante que esto se sepa para comprender por qué la gente explotó como lo hizo.
--En virtud de la envergadura de los acontecimientos, ¿puede considerarse un cambio de clivaje en Chile, en el sentido de un antes y un después en su historia?
--Chile no vuelve atrás. Hasta aquí fue el tiempo en que las reformas neoliberales gozaron de algún nivel de imposición por la fuerza, y que gozaban de cierta efectividad. En este momento la desobediencia civil ha rebasado todo ese tipo de marco y no hay vuelta atrás. En Chile se está gestando un gran cambio histórico. Y uno de los sujetos que empieza a tomar forma es una suerte de nuevo pueblo chileno, que no es el pueblo del siglo XX, no es el pueblo de los obreros industriales y de la clase media desarrollista; esos sectores fueron desmantelados por la transformación neoliberal. Este es el pueblo que engendró el neoliberalismo, y de alguna manera su propio engendro se empezó a poner de a pie. Si en este país fue donde nació el neoliberalismo es posible que sea también en este país donde primero se lo sepulte. Es claro que desde que se generó la transición a la democracia funcionaba mucho en Chile el temor a lo que se llamaba "la regresión autoritaria". De alguna manera eso contenía las protestas. El modelo económico de Pinochet no se modificó en la transición; se hizo una reforma del sistema político pero no del sistema económico. Al contrario, las privatizaciones se profundizaron. Esta cuestión está arrasando con moros y cristianos. Hoy en las marchas no hay banderas de ningún partido. Hay una sociedad que se quiere hacer ver, porque la política estuvo muy encerrada. La distancia entre política y sociedad es muy grande. La participación electoral ronda el 40%. Los segundos gobiernos de Michelle Bachelet y Sebastián Piñera han tenido un respaldo de menos del 25% del total del electorado potencial. No hay grandes mayorías políticas. Y en ese gigantesco divorcio entre política y sociedad fue apareciendo todo esto. La última encuesta de la Universidad de Chile indica un respaldo del 83% de la población a la protesta. La gente explotó más allá de ser de izquierda o derecha. Hasta hay gente de acuerdo con Pinochet que hoy sale a protestar.
--¿Y esto por qué?
--Porque terminaron convirtiendo en mercancía cosas de nuestra reproducción de la vida cotidiana. La vejez es una mercancía en este momento. Entonces ya nadie sabe qué tipo de vejez va a tener. Te venden mucho acerca de nuevas clases medias, pero basta que alguien se enferme para que caiga tres o cuatro estratos. Tal grado de volatilidad genera en el individuo una gran crisis de incertidumbre.
--Estos nuevos modos de manifestación exigen nuevos modos de representación. ¿Qué debería revisar la izquierda para volver a ser la referente política de muchas de estas demandas?
--La izquierda tiene que dejar atrás algunas fórmulas del siglo XX. Hoy estamos lidiando, por un lado, con una demanda de derechos sociales universales, que implica poner más Estado en ciertos puntos; por otro, el mismo individuo está pidiendo una mayor autonomía individual. En este punto, la izquierda históricamente no ha sabido lidiar con las demandas de autonomía individual. Para decirlo bien autocríticamente, el precio a pagar por la igualdad en el siglo XX era sacrificar la libertad. Eso hoy no funciona; tenemos una sociedad distinta. Además, de alguna manera, el ciclo capitalista neoliberal en Chile cambió toda la estructura de clases. Ya no está la vieja clase obrera industrial -por eso es que no se ven sindicatos en las marchas, ni tampoco está la vieja clase media desarrollista, porque todo eso ha sido desmantelado y expulsado del Estado. Tenemos que hablarle a otro pueblo y a otro panorama social. El desafío de la izquierda es apropiarnos del presente, de esta nueva geografía social que está explotando con sus demandas, con sus nuevos factores culturales, y no seguir más bien en una especie de repliegue identitario en una cueva donde los que se reúnen son los convencidos de siempre. Hoy hay que salir a la calle. Necesitamos una nueva izquierda para un nuevo pueblo.
--En diversos sectores y países Chile gozaba de buena reputación económica internacional. De alguna manera, la protesta social desnudó la fuerte desigualdad social y le sacó el disfraz al "oasis" defendido por Piñera.
--La paradoja chilena, que confunde afuera, plantea lo siguiente: al mismo tiempo que disminuye la pobreza aumenta la desigualdad. Es cierto que disminuyó la pobreza y que ya no es la de niños sin zapatos. Pero creció la desigualdad en paralelo. Hay un sector que se apodera de todo ese crecimiento de una manera brutal. Y contra eso se está rebelando esta historia. La oposición que se crea entre este nuevo pueblo y esta nueva neo-oligarquización neoliberal es distinta al conflicto social que hayamos podido tener en el siglo XX. El "oasis" de Piñera es uno en el que está su casa y la de sus vecinos. Hay un nivel de mercantilización y privatización de la vida que, en nombre de la libertad que nos trajo el neoliberalismo, nos terminó robando la soberanía y el control de nuestras propias vidas. La Concertación no privatizó, pero concesionó. Los gobiernos de la Concertación fueron simplemente neoliberales. En Chile no existe nada público hace ya mucho tiempo. Y entonces, en esa distancia entre política y sociedad, la situación explota con estos niveles que han sido advertidos de inorganicidad política. Aquí es donde empieza a ocurrir algo interesante, que tiene que ver con la aparición de un enjambre de nuevas coordinadoras.
--¿Coordinadoras en tanto nuevos actores sociales?
--Diferentes a los viejos actores sociales. Me refiero a las coordinadoras de la soberanía del agua, de las pensiones, las distintas coordinadoras feministas, etc. Coordinadoras que responden a nuevos focos de conflicto propios de este siglo de expansión capitalista de fines del siglo XX. Chile es un laboratorio, por el nivel extremo al que han llegado estas cosas. Se empiezan a constituir nuevas formas de organización para responder a esas cuestiones. Se verá en qué medida madurarán o no como los grandes actores sociales de este período, pero es indiscutible que son quienes más efectividad tienen para llamar a las marchas. En cambio, las viejas centrales sindicales en este momento no movilizan a nadie. Lo que ocurre en las calles es impresionante. Chile ya despertó. Las versiones más lucidas del empresariado deberían darse cuenta de que si quieren paz social eso tiene un costo y tienen que meterse las manos en el bolsillo. En algunos sectores empresariales esa discusión está transcurriendo, pero todavía no hay una claridad con cómo enfrentar esta situación. El sistema de presiones que se expresa arriba de la figura presidencial es tremendo. Piñera pasó de decir que escuchó al pueblo a decir que estábamos en guerra.
--Se habla de 22 personas fallecidas, más de 2 mil heridos y 6 mil detenidos. ¿Hay registros de esto?
--Es muy preocupante. Recién ahora se están construyendo los registros de lo ocurrido. Tenemos una delicada situación con los derechos humanos. Las cifras que se manejan a este respecto son muy dispares e indeterminadas. Los casos más emblemáticos en el último tiempo son los de pérdida de visión; un alto número de jóvenes víctima de trauma ocular por el uso de balines disparados directamente a la cara. Hay una cosa conservadora contra la adolescencia que es brutal. Se habla también de violaciones masivas a muchachas jóvenes en cuarteles policiales y centros de detención. Lamentablemente la sociedad ha tenido que pagar un costo muy grande para empezar a sacarse de encima una Constitución que va para 40 años.
--Sobre este último punto, el jueves 14 se llegó a un acuerdo parlamentario para una nueva Constitución. ¿Cómo cree que seguirá todo a partir de este anuncio?
--Lo que queda claro es que el pueblo chileno no está pidiendo ser representado sino que está exigiendo participar. Por lo tanto, el tema de una nueva Constitución tiene que llevar a formas de participación muy relevantes. El cómo no es secundario. La oferta presidencial apunta más bien a una especie de reforma constitucional encerrada en el Parlamento. De modo que es muy difícil que así vayan a resolver los instintos de movilización popular. El gobierno continúa con una defensa cerrada del modelo socioeconómico, de las ventajas y privilegios que establece para una casta muy pequeña. Eso deja las cosas en muy mal pie para poder vislumbrar avances hacia cualquier acuerdo social mayor. Es necesario avanzar también en una agenda de corto plazo, más allá de una agenda de mediano plazo.
--¿Qué cuestiones debería atender cada una?
--Por un lado, hay una agenda de mediano plazo, que es sobre la que se está insistiendo y que tiene que ver en el fondo con deshacernos de la Constitución que nos heredó Pinochet. Transformar esa Constitución significa una discusión sobre cómo cambiar el modelo de desarrollo, el tipo de inversión extranjera, y cómo construir derechos sociales sobre ciertas cosas mercantilizadas de la vida, entre otros puntos. Pero una nueva Constitución no va a estar operando en el corto plazo; hay que avanzar pero sabiendo que es de mediano plazo. Y habrá que buscar los mecanismos participativos, en medio de la crisis de legitimidad de las instituciones políticas, que permitan dar garantías de modificar ese camino. Por otro lado se necesita una agenda corta, en la que se atiendan cuestiones muy concretas como la cuenta de la gente a fin de mes, los precios de los medicamentos, el acceso a los ahorros de los fondos de pensión... Porque en nombre de la libertad no nos dejan acceder a nuestros fondos de pensiones. Hay 37 mil enfermos terminales que no tienen acceso a sus fondos de pensiones de ahorro. Se trata de abrir un nuevo ciclo histórico, con un cambio de modelo de desarrollo, con una reforma al sistema de Estado y un cambio de régimen político. En torno a esa posibilidad de liderar un horizonte para ese ciclo histórico es donde van a tener que madurar ciertos liderazgos políticos. Ahí se va a probar realmente cuál empieza a ser la izquierda del siglo XXI.
--Con la aprobación de Piñera en un 13%, ¿cómo imagina los meses venideros del gobierno?
--Su situación es muy precaria. Un régimen político tan marcadamente presidencialista como el chileno está en este momento con una figura presidencial muy débil; el panorama es de un régimen presidencialista sin presidente. Algunos días atrás anunció la promulgación de más leyes represivas, con formas de detención mucho más arbitrarias de las que ya teníamos, un repliegue autoritario que no facilita llegar a un diálogo. De momento la situación es muy cerrada. Quedan no pocos intersticios para aventuras más autoritarias, sobre todo de sectores más de ultraderecha. No creo que pueda haber una hegemonía muy larga de ese tipo de aventuras, pero sí puede haber una situación de dos o tres semanas muy negras. De ahí que la protesta social tenga que ser muy responsable, porque tiene que entender que la única vía para resolver sus problemas, sus intereses sociales, es la democracia. Cierto empresariado no la está defendiendo y el presidente tampoco. Nosotros somos los que tenemos que evitar las provocaciones de la derecha y aferrarnos a la democracia.
--Señala que hoy la defensa de la democracia en Chile está en manos del pueblo. En paralelo, en la últimas horas se perpetró un golpe de Estado en Bolivia.
--De manera muy clara, hay que condenar cualquier aventura golpista. En América Latina sabemos a un precio muy alto lo que eso significa. La injerencia militar, y en particular esas oligarquías racistas que hay en Bolivia, son condenables de manera irrestricta. A esto añadiría, y lo haría como un reclamo a las fuerzas progresistas y de izquierda en general, que tenemos que reflexionar acerca de por qué pasan estas cuestiones. Una reflexión que no existió, por ejemplo, sobre lo sucedido en Nicaragua. Cómo se terminan desvirtuando ciertos procesos de transformación popular. En el caso boliviano hay un ensanchamiento y una mayor complejidad de la alianza social sobre la que se sostenía el proyecto de transformación que no fue adecuadamente incorporada en los últimos años en términos políticos y de participación. Por lo tanto ahí se produce también cierta dosis de resquebrajamiento de esa alianza social de sustento político, y esto lo aprovechan el militarismo, las oligarquías racistas y la que nunca falta en América Latina, la injerencia extranjera.
 
sociólogo, doctor en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Chile, y Presidente de la Fundación Nodo XXI, centro de pensamiento ligado al Frente Amplio (FA).
Fuente:
https://www.pagina12.com.ar/231555-carlos-ruiz-encina-en-chile-se-esta-gestando-un-gran-cambio-?fbclid=IwAR1svbcXONHauwlDX8npfjqRHsOzRddcnT06MxLFr4Av00iOjfLxEHe37l0

El nuevo rol de la justicia en América Latina

El nuevo rol de la justicia en América Latina

Federico Delgado 

28/11/2019
Alexander Hamilton en el n°78 “El Federalista[1]” desarrolló una tesis según la cual el Poder Judicial era el departamento menos peligroso para los derechos de los ciudadanos en la incipiente organización política de los Estados Unidos de Norteamérica. Sostenía que el ejecutivo podía distribuir honores y contaba además con la fuerza militar de la comunidad; el legislativo podía crear las reglas y sancionar los presupuestos. El judicial, en cambio, necesitaba del ejecutivo para que la policía haga cumplir sus decisiones y del parlamento para tener dinero suficiente para funcionar. A partir de esa concepción de la justicia nacieron muchas justificaciones teóricas y descripciones del sistema judicial que permanecen vivas hasta hoy. No voy a ingresar en ese terreno, sino que simplemente voy a plantear la necesidad de revisar la tesis de Hamilton, porque evidentemente el rol de la justicia se modificó en muchos países.
En América Latina, por ejemplo, durante los últimos meses adquirieron mayor visibilidad crisis sociales que se venían incubando desde hace mucho tiempo. Perú en el mes de octubre inició una zaga vertiginosa que se derramó hacia Bolivia, Chile y Colombia. La República Argentina sufrió una hiperinflación de prisiones preventivas que, en los hechos, fue una pena anticipada para exfuncionarios públicos que en su gran mayoría aun no fueron juzgados. Incluso en Europa hay algunos gérmenes de la misma transformación. El próces catalán exhibe rasgos similares: procesos judiciales sospechados que afectan a dirigentes políticos y también la presencia judicial a la hora de aplicar la prisión preventiva frente a quienes protestan en las calles, contra aquellos procesos.
Las situaciones tienen características propias que exceden al texto. Pero en todos esos casos el aparato judicial fue un actor decisivo. A veces para reprimir los reclamos populares en las calles, a veces para disciplinar a dirigentes sociales percibidos como enemigos por el régimen político y a veces directamente para trazar los contornos de una competencia electoral. Aunque cada caso tiene su historia y sus especificidades, la presencia de los jueces y fiscales estuvo siempre y, además, aplicando la ley de acuerdo con los discursos de las coaliciones que ocupaban los roles de gobierno. De allí la pregunta ¿No es la justicia actualmente un lugar peligroso para los derechos? En tal caso ¿Por qué?
Mi impresión general es que la sedimentación de la fase financiera del capitalismo enfrentó el desafío de resolver la contradicción estructural entre los propietarios y los no propietarios de los medios de producción renunciando a la autonomía relativa del poder judicial porque asistimos, (de la mano de la distinción teórica entre estado y sociedad civil), a una cooptación general de la arquitectura institucional. De hecho, en la práctica latinoamericana la justicia suele funcionar sin prejuicios como un brazo del poder instituido. No puedo desarrollar más la idea. Pero la historia enseña que la reproducción de la relación social capitalista conoció otros modos de organización. Emilia Castorina[2]  las separa en tres tipos generales de arreglos institucionales: a) Durante el siglo XIX se excluyó a las masas de la arena política, b) En el XX se las incorporó a través del estado de bienestar derivado del pacto entre capitalistas y trabajadores articulados por el estado y c) En la fase neoliberal la apuesta es singular, ya que a través de la democracia como procedimiento de elección de autoridades se dota a los ciudadanos de más y más derechos formales y paralelamente se los excluye en la misma proporción en la participación en las decisiones económicas.
No soy un experto en la dinámica de la economía, pero es obvio que la valorización financiera necesita derribar los obstáculos derivados del estado de bienestar, pero lo hace de una manera peculiar: reconociendo una mayor cantidad de derechos nominales. Así, las personas tienen cada vez más derechos, pero viven cada vez peor. Ello es fuente de desafíos y reclamos.
La discordia es múltiple y diversa. América Latina es una muestra viva del descontento popular de base que inorgánicamente toma las calles para reclamar justicia sustantiva frente a la violencia y la desigualdad, pero también es una muestra viva de intentos variados y con formas puntuales de articular esos reclamos para disputar en la arena electoral posibles formatos diferentes del poder político. En ambos casos, jueces y fiscales integran la respuesta del poder instituido. La judicatura se convirtió en una instancia mediadora necesaria para imponer el castigo a la discordia social, porque “aplica la ley a la que todos estamos sujetos”. Es decir, la justicia abandonó aquel rol pasivo en el que las personas llevaban sus conflictos para que se resuelvan de acuerdo con las normas y se desplazó hacia un rol mucho más activo, a caballo de figuras penales ambiguas como el “terrorismo” o la “corrupción”, que en determinadas condiciones políticas se transforman en autopistas por las que cualquier hecho social puede circular.
Es evidente que dicha condensación de relaciones no es obra del acaso. Las elites dirigentes tanto políticas como económicas coordinan sus actividades y se mueven dentro de un orden global en el que las instituciones multilaterales de crédito y esa figura emblemática de los “mercados” establecen los límites de hecho para las políticas de los gobiernos. El orden global se impone a través de líneas políticas que se aplican a rajatabla en los espacios nacionales y las autoridades electas en elecciones razonablemente limpias adaptan dichas líneas a los contextos locales. La adaptación exige un grado de violencia que solo pueden aplicar jueces y fiscales.
Es natural, entonces, que la justicia se haya transformado en una herramienta primordial para resolver esa contradicción entre un régimen que reconoce derechos, pero no permite ejercerlos en plenitud.  Así, ley positiva funciona a menudo como un límite exterior al ciudadano, como un producto que crea el estado y se aplica a la sociedad civil que, repito, aparecen como compartimentos separados. Tan exterior aparece, que es capaz de afectar el derecho a la propia existencia y el derecho a organizarse para cambiar a los mandatarios que no cumplieron el programa plasmado en las constituciones. Irónicamente, el ejercicio de los derechos humanos trae aparejado el peligro real del encierro en la cárcel, bajo la acusación de no respetar la democracia.
En los términos de Hamilton, el sistema judicial fue pensado para aplicar la ley, vigilar que la constitución no sea violada por leyes inferiores y para autogobernarse. A la hora presente la justicia desarrolló de facto una nueva actividad: intervenir en la arena política alterando la competencia política, ya sea excluyendo a un disidente, permitiendo que quien no debería participar porque violó de verdad la ley lo pueda hacer, o encerrando a quienes reclaman el derecho a una existencia digna. Esta forma novedosa de intervención judicial, esta acompañada de fuertes dispositivos comunicacionales que trabajan sobre la legitimidad de un poder judicial que suele violar derechos en nombre de los derechos, pero esta dimensión excede a este trabajo.


[1] El Federalista, Hamilton, Madison & Jay. Akal 2015
[2] Castorina, E. (2017). Neoliberalismo democrático: una nueva forma de poder. Question1(53), 20-36. Recuperado a partir de https://perio.unlp.edu.ar/ojs/index.php/question/article/view/3791

 
es abogado y politólogo. Es fiscal federal de la República Argentina, docente universitario y autor de "Injusticia. Un fiscal federal cuenta la catástrofe del poder judicial" (Ariel, 2018) y "La cara injusta de la justicia" (Paidós, 2016).
Fuente:
www.sinpermiso.info, 1-12-19

Cumbre por el Clima en Madrid: De COP en COP, se acerca el cataclismo

Cumbre por el Clima en Madrid: De COP en COP, se acerca el cataclismo

Daniel Tanuro 

29/11/2019
La vigesimoquinta Conferencia de las Partes en la Convención Marco de la ONU sobre el cambio climático (COP25) comenzará dentro de unos días en Madrid. Inicialmente esta cumbre tenía que haberse celebrado en Santiago de Chile, pero el presidente chileno prefirió renunciar a ello. Como en estas cumbres se reúnen 10.000 personas era mejor que éstas no pudiesen dar testimonio de la salvaje represión policial del levantamiento popular contra la política ultraliberal del gobierno Piñera.
A modo de introducción, digamos que la Convención marco de la ONU se estableció en la Cumbre de la Tierra de Rio de Janeiro en 1992. En ella se planteó a los Estados impedir "una perturbación antrópica peligrosa" del clima de la Tierra. Objetivo que debería ir garantizándose a través de las Conferencias de las Partes (COP) que desde 1995 se reúnen anualmente. Así pues, la reunión de Madrid será la vigesimoquinta.
Un balance negativo de la A a laZ
El balance de ese proceso es negativo de la A a la Z. Desde la COP1 a la COP 24, los gobiernos se han esforzado en buscar la forma de no reducir sus emisiones, de que sean otros quienes las reduzcan, de hacer el paripé de que las reducen deslocalizándolas, de lograr nuevos mercados para compensar su compromiso de reducirlas en dosis homeopáticas, o de hacer creer la idea absurda de que no talar un árbol equivale a no quemar combustibles fósiles.
El resultado de estas maniobras es que las emisiones anuales del principal gas de efecto invernadero, el CO2, son superiores en un 60% al nivel de 1990 y que actualmente se incrementan más rápido que en el siglo XX. Lo que lleva a que actualmente la concentración atmosférica de CO2, que en 1990 era de 350 ppm [partes por millón], se sitúe en 415 1/. Este nivel no tiene precedentes desde el Plioceno, hace 1,8 millones de años. En esa época los océanos alcanzaban un nivel superior entre 20 y 30 metros al actual…
Crimen contra la humanidad y la naturaleza
El acuerdo de Rio no definía el nivel de "perturbación antrópica peligrosa". Esta importante laguna se debió a las presiones de las multinacionales del petróleo, del carbón y del gas, así como de muchos otros sectores de la economía capitalista que dependen directamente de los recursos fósiles de energía (automóvil, petroquímica, construcción naval y aeronáutica, etc.) Además, fielmente secundados por los Estados a su servicio, los grandes emporios petroleros y del carbón dedicaron millones de dólares a pseudo-científicos encargados de difundir groseras falsificaciones clima-negacionistas en la opinión pública.
Desde 1992, y sin ningún escrúpulo, se pusieron en marcha todos los medios necesarios para explotar las reservar fósiles durante el mayor tiempo posible y evitar el estallido de una "burbuja carbono". Los responsables de estas maniobras y sus cómplices políticos, deberían ser juzgados y condenados por crímenes contra la humanidad y la naturaleza.
¿2ºC o 1,5ºC como máximo?
Fue necesario esperar a la COP21 [Paris 2015], veinticinco años después de la cumbre de Rio, para que se adoptara una decisión en relación al nivel de calentamiento que no se debería sobrepasar. En efecto, el acuerdo adoptado en la capital francesa estipula que la política climática tiene por objetivo "que el incremento de la temperatura se sitúe por debajo de 2ºC al tiempo que continúan los esfuerzos para no superar 1,5ºC". Pero este ambiguo texto (¿cuál es el objetivo: 2ºC o 1,5ºC?) no señala ninguna forma para alcanzarlo ni prevé ninguna sanción contra los países que no cumplan su parte en el esfuerzo. ¡Incluso ni siquiera hace mención a los combustibles fósiles que, sin embargo, son la principal causa del incremento del efecto invernadero!
El informe especial de GIEC hecho público en octubre de 2018 no dejaba lugar a la duda 2/: al contrario de lo que nos machacan los grandes media y los políticos desde hace veinte años, un calentamiento de 2ºC será mucho más peligroso para la especie humana y para las no humanas. Un ejemplo entre otros: el casquete glaciar de Groenlandia contiene suficiente hielo para incrementar en 7 metros el nivel de los mares. Ahora bien, los especialistas estiman que el punto de no retorno de su dislocación se sitúa entre 1,5ºC y 2ºC de calentamiento…
El espectro del planeta horno
No existe ningún congelador en el que introducir el planeta para enfriarlo. Dicho de otro modo, una vez desencadenada la dislocación de Groenlandia (o cualquier otro casquete glaciar) será imposible detenerlo antes de que se alcance un nuevo equilibrio energético del sistema Tierra. Entretanto, esta dislocación puede provocar un encadenamiento de "retroacciones positivas" 3/: transformación de la Amazonía en sábana, dislocación de los glaciares gigantes de la Antártida 4/, derretimiento irreversible del permafrost… Un gigantesco efecto dominó climático podría desembocar rápidamente en un incremento de 4 a 5ºC de la temperatura media de la Tierra.
Los especialistas temen que este desbocamiento del calentamiento conduzca al planeta fuera del régimen relativamente estable en el que oscila desde 1,5 millones de años (alternancia de períodos glaciares e interglaciares). La Tierra entraría entonces en un nuevo régimen, análogo al del Plioceno: el planeta horno. Es imposible hacerse una idea de lo que supondría, pero lo que es absolutamente cierto es que si nuestra especie sobrevive en ella, no será con una población de 7 u 8 mil millones de habitantes, y las personas pobres serán, sin lugar a dudas, las principales víctimas del cataclismo, la principal "variable del ajuste" (como se dice)… La inmunda e inhumana política migratoria en relación a las y los migrantes permite hacernos una idea de la barbarie hacia la que avanzamos.
¿Es posible aún permanecer por debajo de 1,5ºC?
Actualmente el calentamiento se sitúa alrededor de 1,1ºC en relación a la era preindustrial. Con el actual ritmo de emisiones, el límite de 1,5ºC se alcanzará hacia 2040. Hay que hacer todo lo posible para impedir que eso ocurra. Pero, ¿estamos a tiempo? ¡No del todo!...
El informe sobre el 1,5ºC del GIEC propone cuatro escenarios de referencia para la estabilización por debajo del umbral de riesgo (con solo ¡una oportunidad sobre dos de lograrlo!) 5/. Tres de estos cuatro escenarios no sirven. En efecto, se basan en la insensatez de una "superación temporal" del nivel de 1,5ºC y un enfriamiento posterior gracias al despliegue de algunas tecnologías; las llamadas "emisiones negativas". Esas tecnologías que retirarían carbono de la atmósfera. Ahora bien, suponiendo que funcionen (¡y a una escala suficiente!), suponiendo también que el carbono retirado de la atmósfera pueda ser almacenado en lugares seguros, de los que no pueda escapar, la situación es tan límite, que existe el riesgo de que la "superación temporal" provoque accidentes irreversibles. Por ejemplo, que iniciando la dislocación del casquete glaciar de Groenlandia… !que active un efecto dominó que conduciría al planeta horno!
El cuarto escenario posibilitaría permanecer por debajo de 1,5ºC sin una "superación temporal"; por tanto, sin "tecnologías de emisión negativa". Para ello sería necesaria una reducción draconiana de las emisiones mundiales netas de CO2: -58% de aquí a 2030, -100% de aquí al 2050 y emisiones negativas del 2050 al 2100 6/. Este escenario no se puede aceptar en su estado actual, porque implica (al igual que los otros) un fuerte desarrollo de la energía nuclear (+50% en 2030, +150% entre 2050 y 2100; es decir, alrededor de 200 centrales suplementarias, con un incremento considerable del riesgo de conflicto nuclear a la vista). Sin embargo, del mismo se puede deducir que el decrecimiento requerido de emisiones no se puede lograr sin una fuerte reducción del consumo mundial de energía (del orden del 20% en 2030 y del 40%, o incluso más, en 2050) y que, por su parte, esta reducción no puede alcanzarse sin un decrecimiento significativo de la producción y el transporte 7/.
La urgencia de un plan urgente
Es demasiado tarde para evitar la catástrofe que aumenta por todas partes. Somos testigos de las cada vez más intensas olas de calor, de ciclones y violentos tifones, del derretimiento de los glaciares de Groenlandia y del Antártico, de un aumento mayor que lo previsto del nivel de los océanos, de las violentas tempestades y precipitaciones, de la perturbación de los monzones, de los mortales incendios forestales y cantidad de otros fenómenos ampliamente difundidos por los media. Por no hablar de la rápida destrucción de la biodiversidad (originada en parte por el cambio climático) y sin olvidar otras facetas de lacrisis ecológica (sobre todo, la contaminación debida a los productos químicos sintéticos y los nucleótidos radioactivos).
El sentido común más elemental –o, mejor dicho, el instinto de supervivencia– exigiría elaborar los más rápido que se pueda y de la forma más democrática posible un plan mundial de emergencia para salvar el clima y la biodiversidad basado en la justicia climática y social; es decir, reduciendo radicalmente las escandalosas desigualdades sociales generadas por el neoliberalismo. Este plan debería contemplar la socialización de sector energético y el de la finanza (sin indemnizaciones, ni compras), porque es la única forma de desbloquear el futuro climático. Debería suprimir todas las producciones inútiles y nocivas (por ejemplo, las armas) y todos los transportes inútiles, porque es la forma más rápida de reducir drásticamente las emisiones. De ese modo se lograría disponer de un margen de maniobra para invertir en la eficiencia energética (sobre todo en la renovación/aislamiento de las viviendas) y para construir un nuevo sistema energético basado en un 100% en fuentes renovables.
Cambiar de paradigma: cuidados vs. producción, necesidades reales vs. beneficio
En el marco de ese plan, el agronegocio, la industria cárnica, la pesca industrial y la silvicultura industrial tendrían que ser reemplazadas por la agroecología, la pesca artesanal, la cría en praderas y una silvicultura ecológica. Estos profundos cambios, que se inscriben en la perspectiva de la soberanía alimentaria y energética, permitirían reducir substancialmente las emisiones y proteger la biodiversidad, mejorar la salud y crear cientos de millones de empleos útiles y cargados de sentido.
Este plan conlleva un completo cambio de paradigma. El beneficio ha de ser suplantado por las necesidades reales, el productivismo tiene que ceder su lugar al cuidado de las personas y la naturaleza. Se trata de reparar el daño realizado por el capitalismo, el colonialismo y el patriarcado. Esto implica dotar al Sur global los medios necesarios para un desarrollo sin carbono, ofrecer a todas las personas una seguridad social digna de ese nombre, garantizar a las mujeres la igualdad de derechos así como el control de su fecundidad, y extender ampliamente el sector público, parapúblico y no mercantil. El pleno empleo, garantizado por la creación de nuevas actividades y por la reducción radical del tiempo de trabajo a quince horas semanales (sin pérdida de salario y con reducción de los ritmos de trabajo 8/, se convertiría en una reivindicación tanto ecológica como social. Por otra parte, el reparto del trabajo necesario es indispensable para que todas las personas puedan participar democráticamente en la concepción y realización del plan, así como en las tareas domésticas.
No hay salida a la crisis sistémica al margen de una alternativa anticapitalista. Para detener la catástrofe e impedir el cataclismo, resulta imperioso producir menos (producir para satisfacer las necesidades reales), transportar menos (la mayor parte del transporte está orientada a maximizar el beneficio de las multinacionales) y compartir más (prioritariamente, compartir la riqueza y repartir el trabajo necesario). Esta perspectiva ecosocialista también es necesaria para salir de la crisis de civilización engendrada por el capital, porque la libertad no es posible continuando con la ilusión de un consumo infinito basado en una explotación sin límite de la Tierra y de las personas. El consumismo no es más que una compensación miserable para una existencia miserable.
Ninguna solución vendrá de las COP
No hace falta decir que esta alternativa no puede venir de las COP. En efecto, en el marco de estas cumbres los gobiernos tratan –¡como mucho!– de resolver la cuadratura del círculo: evitar el cataclismo al mismo tiempo que garantizar la acumulación de capital y continuar con el régimen neoliberal (dicho de otro modo, el régimen necesario a la acumulación en un contexto de reducción de la tasa de beneficio y de sobreproducción generalizada). Por ello, más allá de los protocolos, de los impuestos sobre el carbono, de las cuotas intercambiables, del desarrollo limpio, de la finanza climática, de las COP anuales y de toda esa parafernalia, la acumulación capitalista, como un autómata, continúa llevando a la humanidad hacia el planeta horno de forma imperturbable.
Un cuarto de siglo después de Rio, de COP en COP, el cataclismo se acerca. La COP25 no va a revertir la tendencia. Uno de los principales puntos en debate será sobre el nuevo mecanismo de mercado previsto en el acuerdo de Paris (art. 6). Este mecanismo debería englobar y extender los dispositivos –en su mayoría fraudulentos– de compensación carbono puesto en marcha tras el protocolo de Kioto ("Mecanismo de desarrollo limpio" y "Puesta en pie conjunta"), a los que se añadieron los programas REDD y REDD+ (Katowice). Los inconclusos debates sobre cómo concretar el artículo 6 de Paris en la COP24 (Katowice) dejaron claro que el reto es siempre el mismo: anular con una mano, en la práctica, los compromisos de principio firmados con la otra.
El fracaso del capitalismo verde, el impasse del sistema
Los media saludaron el éxito de la COP21. En realidad, los gobiernos fracasaron en la cuestión fundamental, en cómo responder al desafío climático a través del mercado: el establecimiento de un precio mundial del carbono. No será fácil recuperarse de ese fracaso. Cuatro años después de Paris, una publicación del FMI puso en evidencia ese callejón sin salida. Los autores escribieron que el cambio climático podría causar "al límite, la extinción humana". Desgraciadamente, seguían diciendo, " probablemente el importante desfase entre los rendimientos privados y sociales de las inversiones con emisiones reducidas de carbono persistirá en el futuro, dado que las futuras vías de imposición y tarificación del carbono no están nada claras, sobre todo por razones de economía política (sic). Esto significa que actualmente no sólo no existe un mercado para mitigar el clima, porque las emisiones de carbono no están tarifadas, sino que tampoco existen mercados para una reducción futura, lo que resulta importante para el rendimiento de las inversiones privadas en tecnología, infraestructura y capitales orientados a la moderación del clima" 9/.
Traducción de este galimatías tecnocrático: es preciso actuar para evitar la desaparición de la humanidad, pero no es rentable; la diferencia de rendimiento entre la supervivencia del 99% y los beneficios del 1% "probablemente, persistirá", porque no hay poder mundial capaz de imponer un precio de carbono que sitúa a todos los capitalistas al mismo nivel en la carrera por el beneficio. Así pues, no se hace nada. Imposible imaginar una ilustración más clara del hecho de que el capitalismo no tiene nada más que ofrecer que la destrucción y la muerte.
La incapacidad de los gobernantes frente a la crisis ecológica, en particular la climática, no es el resultado de una misteriosa fatalidad o de la perversidad de la naturaleza humana, sino el resultado de cinco factores estructurales: el productivismo congénito al capitalismo impide producir menos; el régimen neoliberal de acumulación impide concebir un plan público; la contradicción entre la internacionalización del capital y el carácter nacional de los Estados impide hacerse cargo del desafío globalmente; la crisis de liderazgo imperialista impide incluso garantizar el mínimo orden en el desorden capitalista (un factor, sin duda, agravado por el clima-negacionismo de Donald Trump); por último, la crisis de la democracia burguesa basada en la demagogia electoralista impide ver más allá de los tres años. Todo ello es el producto de un sistema capitalista en fase terminal que, como decía Marx, "agota las dos únicas fuentes de toda riqueza: la Tierra y los trabajadores y trabajadoras".
Fin del mundo, fin de mes, un mismo combate ecosocialista
Pensar que una sociedad basada en la explotación del trabajo, el racismo, el patriarcado, la homofobia, la arrogancia colonial, la violencia, el abuso de poder y la profundización de las desigualdades podría mantener una relación respetuosa, cuidadosa, colaborativa, pacífica y prudente con (el resto de) la naturaleza es absurdo. ¿Cómo creer que no seríamos capaces de infligir a otros seres vivos lo que toleramos que se nos inflija a nosotros? ¿Cómo imaginar que un sistema que explota cotidianamente la fuerza de trabajo renunciaría a expoliar otras riquezas naturales? ¿Cómo suponer que una sociedad pueda respetar los servicios que le otorga la naturaleza cuando ella misma desprecia los servicios realizados gratuitamente por la mitad de la humanidad, las mujeres, en el marco de la reproducción social?.
No se podrán cambiar de arriba abajo las relaciones de la humanidad con la naturaleza sin cambiar totalmente las relaciones entre las personas humanas. Cuidar de nosotros mismos con la dignidad propia de nuestra humanidad es la condición sine que non para cuidar de eso a lo que pertenecemos.
"Fin del mundo, fin de mes: el mismo enemigo, la misma lucha". Esta consigna lanzada en las concentraciones que marcó la convergencia de los Chalecos amarillos y de las y los manifestantes por el clima en Francia da forma al fondo de la cuestión: las luchas contra la destrucción social y las luchas contra la destrucción ecológica son dos dimensiones de un mismo combate ecosocialista. La salida no está en las presiones a la COP. Está en la convergencia de las luchas de las y los explotados y oprimidos a favor de otro mundo posible y deseable.

Notas:

1/ Las partes por millón (ppm) son una unidad de concentración. 350 ppm de CO2 significa que sobre un millón de moléculas 350 son moléculas de CO2. Durante les 800.000 años que precedieron al siglo XX, la concentración de CO2 oscilaba entre 220 y 280 ppm.
3/ Así se denominan los efectos de calentamiento que aceleran el calentamiento.
4/ Los glaciares Thwaites y Totten (respectivamente, Antartida del oeste y este), desestabilizados contienen suficiente agua para incrementar el nivel de los mares alrededor de 7 m.
5/ GIEC, Resumen del informe especial sobre el 1,5°C para los decidores.
6/ Para respetar las "responsabilidades diferenciadas" entre el Norte y el Sur, el 58% de reducción mundial supone una reducción en torno al 65% para los países desarrollados.
7/ Para el consumo de energía, el GIEC ofrece las cifras de -15% en 2030 y -32% en 2050. Están subestimadas, porque se basan en la hipótesis de un fuerte aumento de la energía nuclear en el mix energético (+59% en 2030, +150% en 2050; es decir, poco más o menos, 200 centrales suplementarias). Si se excluye la energía nuclear (¡y es necesario excluirla), la reducción del consumo mundial de energía debería ser más del orden del 20% para 2030 y del 40% para el 2050. De todos modos, semejante reducción precisa de una reducción sustancial de la producción y el transporte.
8/ Manteniendo inalteradas el resto de cosas, el número máximo de horas de trabajo compatible con el presupuesto carbono residual sería de 16 horas semanales en los países de la OCDE (en un escenario de presupuesto carbono 2ºC). Philipp Frey, "The ecological limits of work", Autonomy, abril 2019.
9/ IMF WP/19/185, Sept 2019
Traducción: Viento Sur
 
Ingeniero agrícola, ecologista y activista socialista valón, es dirigente de la LCR-SAP del Reino de Bélgica.
Fuente:
https://www.gaucheanticapitaliste.org/de-cop-en-cop-le-cataclysme-se-rapproche/