domingo, 14 de octubre de 2018

¿Una renta básica incondicional o los subsidios de siempre condicionados para pobres? Algo de filosofía política republicana Daniel Raventós 12/10/2018

¿Una renta básica incondicional o los subsidios de siempre condicionados para pobres? Algo de filosofía política republicana



Para evitar el menor asomo de ambigüedad, empezaré definiendo lo que habitualmente se entiende por renta básica (RB). En todo caso, será este definición a la que me ceñiré en todo el texto. La RB es una asignación monetaria a toda la población sin ningún tipo de condición. O, por utilizar una definición habitual: “un pago monetario regular a toda la población, de forma individual, sin comprobación de recursos económicos ni de su situación laboral”.[1] O, una aún más clara: “una cantidad modesta de dinero pagado incondicionalmente a los individuos de forma regular (por ejemplo, mensualmente)”.[2]Se percibiría independientemente del sexo al que se pertenezca, del nivel de ingresos que se posea, de la religión que se profese (si alguna) y de la orientación sexual que se tenga. Palabra clave: incondicional. Idealmente, el espacio geográfico debería ser todo el planeta, pero es obvio que hay lugares en donde la RB ha sido motivo de debate público y otros en los que esta propuesta ni siquiera ha llegado a oídos de la población. Las propuestas de financiación que se han realizado suelen contemplar el ámbito de los Estados, puesto que son las administraciones que disponen de los recursos fiscales necesarios para financiar una RB. A ello cabe añadir que, dependiendo del alcance geográfico en donde estuviera vigente, sería aconsejable que fuera más de una la administración pública que otorgara la RB.

¿Quién recibiría la RB? La respuesta es sencilla según las definiciones apuntadas: todas las personas adultas del territorio en donde se implantase. Es decir, absolutamente toda la ciudadanía y residentes acreditados. Además de las personas adultas, ¿deben los menores recibir también la RB? Desde diferentes ámbitos, se han aportado criterios para defender tres posibles respuestas: “sí”, “no” y “sí, pero una cantidad menor que la de los adultos”. La primera respuesta equipararía a los menores de edad con los adultos y, en consecuencia, no se establecería diferencia alguna en la percepción de la RB: ni por edad, ni por cuantía. La segunda respuesta simplemente excluye de la percepción de la RB a la población menor de edad. Quizá la más extendida entre los estudiosos y defensores de la RB sea la tercera respuesta, según la cual la RB la percibirían los menores, pero con una cantidad inferior a la población adulta. El porcentaje de la RB que debería corresponder a los menores puede variar también según los autores y autoras.

Los defensores de la RB situados a la izquierda del espectro político acostumbran a defender la compatibilidad de la RB con los servicios públicos universales, mientras que los de ideología más conservadora proponen la RB como substituto parcial o total de los mencionados servicios públicos universales en especie. Más concretamente, la cada vez más extensa bibliografía que hay en multitud de idiomas sobre el tema, puede constatar que hay partidarios de la RB de derechas, de centro y de izquierdas. El criterio infalible para saber la orientación política de cualquier defensor de la RB es conocer la propuesta de financiación que la hará posible. Es decir, qué parte de la población gana y qué parte pierde. Y también es de mucha información conocer las medidas de acompañamiento de política económica que se defienden. Los defensores de derechas pretenden desmantelar el Estado de Bienestar (o lo que queda en algunos lugares de él) “a cambio” de la RB (sería el caso por ejemplo de Charles Murray, el economista que defiende la RB en las páginas del Wall Street Journal [3]), persiguiendo sus clásicos objetivos de “adelgazamiento” del Estado (excepto la policía, el ejército y los tribunales de justicia) y de reducción de la presión fiscal. Los defensores de izquierdas, por el contrario, pretenden una redistribución de la renta de los más ricos al resto de la población y el fortalecimiento del resto de prestaciones del Estado de Bienestar.[4] Es decir, para la concepción de izquierdas, en claro contraste con la de derechas, su implantación no debe suponer merma alguna de los servicios públicos ni de los derechos sociales (educación, sanidad, dependencia, vivienda, etc.).

Todo los subsidios condicionados como los de insuficiencia de rentas, garantizadas, mínimas o para pobres que conocemos de los Estados de bienestar, por ejemplo, no son una RB. Por grandes que puedan ser las diferencias entre sí de estos subsidios tienen una característica en común: son condicionados. La RB es, como queda dicho, incondicional.

Los subsidios condicionados, aunque la variedad es muy grande, han mostrado sus limitaciones después de muchos años de experiencia. ¿Qué limitaciones? Muchas, solamente apuntaré cuatro, por otra parte muy conocidas.

1. La trampa de la pobreza. Cuando se es perceptor de un subsidio condicionado, existe un fuerte desincentivo a buscar y realizar trabajo remunerado, pues ello implica la pérdida total o parcial del subsidio. En claro contrate, la RB funciona como una base o un suelo, no como un techo: la realización de trabajo remunerado no implica la pérdida de la RB con lo que el desincentivo a la actividad desaparece.[5] Por cierto, se observará que indirectamente relacionado con este problema está el del pequeño fraude fiscal cuyo incentivo desaparece con una RB. La no acumulabilidad de los subsidios condicionados  a otras rentas motiva el mencionado pequeño fraude fiscal. Los beneficios a corto plazo que la posibilidad de obtener dos rentas (la de la prestación y la de una actividad desarrollada en el ámbito del llamado trabajo sumergido) estimulan la materialización de este fraude. Aunque los perjuicios a largo plazo (trabajo sumergido que no constará nunca como merecedor de ser tenido en cuenta a la hora del cálculo futuro de posibles derechos de pensiones de jubilación) y a no tan largo plazo (la imposibilidad de acceder al seguro de desempleo) son muy grandes, las necesidades del corto plazo pesan más.

2. Costes administrativos inmensos de los subsidios condicionados. Esto es un viejo problema conocido. La condicionalidad implica control, el control implica gastos de gestión y administración.

3. La estigmatización asociada a los subsidios condicionados: la obligación a la que se enfrentan los candidatos a perceptores de tener que significarse, en las ventanillas de la administración, como “pobres” o como “enfermos” para no decir como directamente “culpables” de ser unos “fracasados”.

4. La cobertura insuficiente de los programas de rentas mínimas de inserción es otro de los problemas que presentan tales programas. Efectivamente, se trata de programas que no llegan a alcanzar la totalidad de la población que potencialmente podría ser beneficiaria de ellos.

Una consideración general sobre los subsidios condicionados. La lógica de los subsidios condicionados no es otra que la ayuda ex-post a quienes han “fracasado”, después de haber caído. Han “fracasado” debido a la permanencia en el desempleo durante cierto tiempo, o porque incluso disponiendo de empleo se está comprendido en este 15% de trabajadores asalariados que son pobres, los working poor, o por alguna otra razón. Innecesario es añadir que es mejor una situación con subsidios condicionados ex-post que sin ellos a cambio de nada, claro. Pero atiéndase a esta importante realidad: cuando se cae, se “fracasa”, los subsidios condicionados se ofrecen como tabla de salvación (tabla de salvación que, como se ha apuntado, tan solo llega a una parte muy pequeña de la población que realmente la necesita: esta es otra cuestión de la ineficiencia, la insuficiencia y la pobreza de los subsidios dedicados supuestamente a combatir la pobreza). Cuando se cae (y aún antes de la caída, en el propio mercado laboral, pero eso ahora nos apartaría del hilo argumental) se debe actuar “como sumisos suplicantes.” Suplicantes de un subsidio condicionado.

En un texto[6] dedicado a la “gestión neoliberal de la pobreza” explicaba un buen conocedor de los servicios sociales de Pamplona, uno de los lugares, junto con la Comunidad Autónoma Vasca, con un subsidio condicionado más generoso del Reino de España[7] (fácil es imaginar cómo debe ser  de más grave esta situación en otras comunidades) que los pobres están sujetos a “una especie de culpabilización colectiva [que] les obliga a rendir cuentas por su propia pobreza. A ser investigados por cobrar –los que cobran–, por percibir las ayudas que reciben: paro, subsidios de todo tipo y rentas garantizadas o rentas de inserción. A decir donde están, donde viven, con quién, donde están empadronados, si viajan o no, si salen del país o no, si se casan, se juntan o si les toca la lotería.” Aún así hay quien se empecina en la condicionalidad porque cree que con imaginación se puede mejorar. A pesar de toda la evidencia acumulada de decenas de años.

Para las personas partidarias de la libertad republicana que se explicará a continuación, la RB tiene unos interesantes aspectos que no tiene los subsidios condicionados. Al ser incondicional se establece ex-ante, como derecho de ciudadanía (y residencia acreditada, como defiende la Red Renta Básica[8]). De manera que se garantiza la existencia material de entrada, “por el mero hecho de ser moradores de un mundo cuya riqueza ha sido producida socialmente y conviene repartir sin exclusiones”.[9] El carácter incondicional de la Renta Básica supone otorgar un poder de negociación que implica aumentar la libertad efectiva para la inmensa mayoría de la población no rica. Una característica muy apreciada por sus defensores republicanos.

Llegados aquí, es el momento de introducir la justificación republicana de la RB. Primero, ¿qué es el republicanismo? Existen tres variantes republicanas: la gran tradición histórica de más de 2000 años de la libertad republicana que a su vez se divide entre el republicanismo democrático y el oligárquico o antidemocrático, y el neorrepublicanismo académico. La tradición republicana asocia la libertad a la independencia material y esta característica es común tanto a la variante democrática como a la oligárquica. La concepción de la libertad es la misma en las dos grandes variantes, la democrática y la oligárquica, lo que las diferencia (y no es poca cosa) es a la población que debe llegar: a los ricos para los oligárquicos, a toda la población para los democráticos. La diferencia entre el republicanismo no democrático (por ejemplo de Kant) y el democrático (por ejemplo, de Marat y Robespierre) reside en la convicción de los segundos en una sociedad en donde la existencia material abarque a toda la población; en la duda o convicción contraria en el caso de Kant. Y ello aunque Kant fuese un admirador de Robespierre.

Pero hay, como queda apuntado, otra tercera variante: el neorrepublicanismo académico. Además de otros elementos diferenciadores (la apelación más frecuente del neorrepublicanismo a Roma más que a Atenas, por ejemplo), la principal diferencia radica en que para el neorrepublicanismo, “la conexión, esencial para el republicanismo histórico, entre propiedad y libertad republicana –y así, la tensión fundamental entre democracia y propiedad— parece haberse eclipsado.”[10]

Más resumidamente aún, la libertad republicana consiste en no verse obligado a tener que pedir permiso a nadie para vivir, para existir socialmente. El libre no puede ser arbitrariamente interferido por nadie. El pobre no puede ser libre para la concepción republicana, no así para la liberal.

Una RB de una cantidad al menos igual al umbral de pobreza es la mejor forma, en las sociedades contemporáneas, de garantizar la existencia material al conjunto de la población, de acuerdo con el ideario del republicanismo democrático. La independencia, la existencia material, la base autónoma (son expresiones aquí perfectamente permutables) que confiere la propiedad es condición indispensable para el ejercicio de la libertad. De ahí la idea sugerida por parte de los defensores republicanos de la RB: “universalizar la propiedad”. Universalizar la propiedad debe entenderse de forma metafórica. O reconvertir la propiedad de la concepción blackstoniana a la robespierrista (no como “dominio exclusivo y despótico”[11] sino de manera que “no pueda perjudicar ni la seguridad, ni la libertad, ni la existencia, ni la propiedad de nuestros semejantes”[12]). Con otras palabras: universalizar la propiedad debe ser entendido aquí de forma equivalente a garantizar a toda la población la existencia material. El republicanismo democrático se halla fuertemente comprometido con la causa de la independencia socioeconómica de todas las personas. Su objetivo principal es la garantía de que toda la ciudadanía sea independiente tanto de la caridad[13] –pública y privada- como de la posible arbitrariedad de los llamados “empleadores”, es decir, de los propietarios.

¿Cuáles son las esferas de libertad (republicana) que una RB podría abrir? Sólo la independencia material que se lograría a través de una RB daría a las mujeres mayores posibilidades reales para liberarse de no ser dominadas. La independencia económica que se alcanza con una RB puede actuar como una suerte de “contra-poder” doméstico capaz de modificar las relaciones de dominación y subordinación entre sexos e incrementar el poder de negociación de las mujeres en el hogar, especialmente el de aquellas que dependen de sus compañeros o amantes o que perciben rentas muy bajas provenientes de empleos discontinuos o a tiempo parcial. Sólo la independencia material que se lograría a través de una RB permitiría a los jóvenes elegir rechazar un salario bajo o un empleo precario. Sólo la independencia material que se lograría a través de una RB permitiría a la persona sin empleo optar por cierto trabajo no remunerado que pudiera aportar beneficios a la sociedad y, así, evitar el estigma social que conlleva el estar percibiendo el subsidio de desempleo –cuando lo hay-. Sólo la independencia material que se lograría a través de una RB permitiría a un trabajador asalariado elegir entre un abanico más amplio de empleos. La independencia material, pues, incrementa la libertad, lo que sugiere que una RB suficientemente generosa, al universalizar un grado de independencia significativo, ensancharía el espacio para el goce de relaciones sociales en un contexto de ausencia de dominación.

En relación a la población trabajadora, la RB, al conferir a los trabajadores un mayor poder de negociación –o, dicho en términos más drásticos pero quizás más precisos, un mayor poder de resistencia frente a las repetidas agresiones por parte de los “empleadores”-, permitiría a aquéllos enfrentarse a los procesos de negociación laboral con mayores posibilidades de lograr sus objetivos, o una parte de los mismos. En efecto, parece evidente que a los trabajadores les resultaría más fácil –y más seguro- amenazar con abandonar la negociación si tuvieran unos recursos económicos a su disposición. Es sabido: la capacidad para realizar amenazas creíbles presenta una alta correlación positiva con el poder de negociación de las partes. En suma, parece razonable pensar que la seguridad en los ingresos monetarios lograda a través de una RB permitiría que los trabajadores no se viesen forzados a aceptar cualquier tipo de oferta de empleo. Michal Kalecki, que realizó importantes contribuciones a la teoría del ciclo económico, se refirió al “efecto disciplinador” del desempleo. Este autor aseguraba que cuanto más nos apartamos del pleno empleo más aumenta el efecto disciplinador de la fuerza de trabajo. A mayor vulnerabilidad en las posibilidades de perder el puesto de trabajo, mayor es la disposición a aceptar el empeoramiento en las condiciones laborales, no sólo salariales. Una situación como la que podemos constatar a principios de 2018 con una experiencia de varios años de deterioro de las condiciones de vida y trabajo de gran parte de la población. Se dispara este efecto disciplinador al que se refería Kalecki: la alternativa de quedarse sin empleo siempre es peor a la de aceptar condiciones de trabajo cada vez peores. Incluso algunos economistas han llegado a justificar esta situación afirmando tan pimpantemente que “peor que tener un mal trabajo es no tener ninguno”. Con una RB, el efecto disciplinador al que se refería Kalecki quedaría enormemente debilitado cuando no cortado de raíz. Efectivamente, el poder de negociación de la clase trabajadora aumentaría con una RB.[14] Muchos trabajadores se sentirían más protegidos que ahora para negarse a aceptar condiciones de trabajo que se han llegado a calificar de semiesclavas.

La RB, pues, podría actuar como una suerte de caja de resistencia sindical. De este modo, desde el momento en que la salida del mercado de trabajo –la fallback position- resultara practicable, las relaciones laborales se mostrarían menos coercitivas. Así, la seguridad en los recursos económicos capacitaría a los individuos, primero, para rechazar de forma convincente y efectiva situaciones alienantes, lo que implicaría un descenso de los niveles de dominación; y, segundo, para planificar y llevar a la práctica formas de organización del trabajo alternativas, lo que, a la postre, se traduciría en mayores grados de autorrealización.

En otras palabras, la seguridad de los recursos económicos capacitaría a los individuos para rechazar, en determinadas circunstancias –y de acuerdo con los propios deseos-, lo que el derecho civil romano dio en llamar locatio conductio operarum. El derecho civil romano hacía una clara distinción entre dos tipo de contratos de trabajo: la locatio conductio opera y la locatio conductio operarum. El primero era un “contrato de obra” por el que un particular contrataba a otro particular –un orfebre, por ejemplo- para que realizara una labor que se especificaba en el contrato. El segundo era un “contrato de servicios” por el que un particular contrataba a otro particular para que, durante un indeterminado período tiempo, el segundo realizara las actividades indeterminadas que el primero quisiera encomendarle. La locatio conductio opera se veía como un contrato que republicanamente en ningún caso ponía en peligro la dignidad del trabajador, porque establecía que éste se limitaría a realizar el servicio que razonablemente podía ofrecer de acuerdo con las particulares calificaciones que poseía –las propias de un orfebre o de un tintorero o de un curtidor-: el contrato se realizaba, pues, entre hombres libres. En cambio, la locatio conductio operarum ponía en cuestión la idea misma de libertad. En efecto, este segundo tipo de contrato se consideraba indigno de hombres libres –y se veía como el signo de la pérdida de su libertad- porque conllevaba que un particular se hiciera dependiente de otro particular durante cierto período de tiempo. De ahí que Aristóteles considerara que el “obrero manual” estaba bajo una “servidumbre limitada”.[15] Así, el que un individuo pusiera a disposición de otro individuo su fuerza de trabajo para lo que el segundo quisiera disponer significaba incurrir en una relación de dependencia que la tradición republicana no podía sino condenar.

Resulta interesante observar en este punto que fue el propio Cicerón, un republicano oligárquico sin fisuras, quien, en su De Officiis, aseguró que la disponibilidad general, por parte de un individuo, de la fuerza de trabajo de otro, unida al salario por ello satisfecho, constituye un auténtico título de servidumbre. Y resulta también altamente reveladora la similitud del enfoque (republicano, no liberal como se acostumbra a afirmar) del John Locke del Second Treatise on Government, de 1690, con respecto al de Aristóteles y Cicerón: “Un hombre libre se hace siervo de otro vendiéndole, por un cierto tiempo, el servicio que se compromete a hacer a cambio del salario que va a recibir”.[16]

El auténtico sentido político de una medida como la RB radica, pues, en el reconocimiento de la existencia de relaciones de poder que siembran toda la vida social –las relaciones de poder que explican la “decisión” por parte de los trabajadores de firmar “contratos de servicios”, aunque actualmente diríamos con más propiedad cualquier tipo de contrato de mierda- y en la concesión a la parte más débil de dichas relaciones de los recursos necesarios para poder hacer frente con solvencia y en condiciones de (mayor) igualdad el proceso de toma de decisiones con respecto a los planes de vida propios.

En resumen: la RB es mucho mejor en la lucha contra la pobreza precisamente por no ser un pobre subsidio condicionado dirigido a paliar la pobreza como las rentas mínimas, garantizadas, de inserción o de cualquier otro nombre. La RB al ser incondicional se establece ex-ante, como derecho de ciudadanía, como medio de existencia material, no después de “caer” como los subsidios condicionados, que actúan cuando ya se ha “caído”. Y a quien valora la libertad, eso importa.



[1] Philippe Van Parijs y Yannick Vanderborght (2017): Basic Income. A Radical Proposal for a Free Society and a Sane Economy. Cambridge, Mass: Harvard University Press.

[2] Guy Standing (2018): La renta básica. Un derecho para todos y para siempre. Barcelona: Pasado y Presente.

[3] El título de uno de sus últimos libros, de 2016, es suficientemente explícito In Our Hands: A Plan to Replace Welfare State.

[4] Por ejemplo, Jordi Arcarons, Daniel Raventós y Lluís Torrens (2017): Renta Básica Incondicional. Una propuesta de financiación racional y justa, Barcelona: Serbal; y los dos últimos capítulos de Daniel Raventós y Julie Wark (2018): Against Charity, Petrolia, CA: Counterpunch-AK Press. En esta propuesta el 20% más rico de la población, aunque claro está recibe también la RB, pierde. El 80% de la población restante gana.

[5] Pondré solamente tres claros ejemplos de trampa de la pobreza de la Renta Garantizada de Ciudadanía catalana y de la vasca (extraídos de Jordi Arcarons, Daniel Raventós y Lluís Torrens (2018): “La Renta Básica, ¿da igual?”, disponible en http://www.sinpermiso.info/textos/la-renta-basica-da-igual (último acceso, 15 de julio de 2018):

Caso 1.  Familia que cobra 1.200 euros mensuales de la RGC catalana porque todos sus miembros en edad de trabajar están en paro. Uno de los hijos recibe una oferta de empleo de 900 euros mensuales para la campaña turística. La familia le prohíbe al miembro aceptar la oferta puesto que esto implicaría la suspensión del cobro de la RGC y tendrían que esperar 6 meses para volver a cobrarla. Claro, la ley dice que no se pueden rechazar ofertas laborales adecuadas so pena de que te quiten las ayudas, pero como los servicios públicos de intermediación prácticamente no intermedian (menos del 4% de los empleos se consiguen mediante las oficinas de empleo) al final se acaban rechazando ofertas temporales de empleo porque la racionalidad de una familia bajo ingresos mínimos les dice que más vale pájaro en mano (o pajarito equivalente a la renta garantizada que ya están cobrando) que no salirse de la ayuda temporalmente y luego encomendarse a los astros o los dioses para recuperarla.

Caso 2.  Persona que una vez agotada la prestación por desempleo pasa a cobrar la RGI vasca (644 euros mensuales) y al cabo de un tiempo le ofrecen un trabajo a tiempo parcial de 650 euros netos en 12 pagas: su RGI se reduce a 358 euros y sus ingresos pasan a 1.008 euros. A su vez una persona que nunca ha cobrado la RGI, cobra 650 euros netos haciendo un trabajo similar (con el agravio comparativo que supone). Este estímulo al empleo dura 3 años como máximo y luego pasará a cobrar los 644 euros, y cualquier trabajo que le ofrezcan por debajo de esta cifra le supondrá menores ingresos. La combinación de ambas genera inequidad entre individuos y a la larga trampa de la pobreza o abocar al trabajo irregular.

Caso 3. Persona en paro que cobra 600 euros de la renta garantizada de Navarra. Encuentra trabajo a tiempo parcial de 400 euros netos y pasa a cobrar 520 euros de renta garantizada, total 920 euros. Al cabo de un tiempo le ofrecen pasar a jornada completa y cobrar 800 euros netos, la renta garantizada se reduciría a 160 euros y en total cobraría 960 euros, 40 euros más al mes netos por trabajar 20 horas más a la semana.

[6] Paco Roda (2018): “La gestión neoliberal de la pobreza”, disponible en http://ctxt.es/es/20180620/Politica/20278/paco-roda-neoliberalismo-pobreza-politicas-sociales-solidaridad-deficit-igualdad.htm (ultimo acceso, 10 de julio de 2018).

[7] Para un análisis demoledor de la mejor renta para pobres del Reino de España y una de las mejores de Europa, véase Iñaki Uribarri (2017): “El fracaso de las rentas mínimas condicionadas del País Vasco”, disponible en http://www.redrentabasica.org/rb/el-fracaso-del-modelo-de-rentas-minimas-condicionadas-del-pais-vasco/ (último acceso, 12 de julio de 2018).

[8] Sección oficial de la Basic Income Earth Network. www.redrentabasica.org.

[9] David Casassas y Daniel Raventós (2018): “La viabilidad de la renta básica en el Reino de España” (Epílogo del libro de Guy Standing (2018): La renta básica. Un derecho para todos y para siempre. Barcelona: Pasado y Presente). Disponible en http://www.sinpermiso.info/textos/la-viabilidad-de-la-renta-basica-en-el-reino-de-espana (último acceso, 12 de julio de 2018).

[10] Antoni Domènech y Daniel Raventós (2008): “Republicanismo y Renta Básica”, Sin Permiso, núm. 4, p. 195.

[11] William Blackstone definió la propiedad de la siguiente forma, y es importante constatar que el liberalismo posterior (el liberalismo nace a principios del siglo XIX, antes no existe) la hizo suya hasta hoy: “el exclusivo y despótico dominio que un hombre exige sobre las cosas externas del mundo, con total exclusión del derecho de cualquier otro individuo”. William Blackstone, Commentaries on the Laws of England, Book II, ch. 1. Accesible en la edición electrónica de la Yale Law School: http://avalon.law.yale.edu/18th_century/blackstone_bk2ch1.asp

[12] Robespierre: “no es verdad que la propiedad pueda jamás estar en oposición con la subsistencia de los hombres”.

[13] Para un análisis histórico, filosófico y político de la caridad, Daniel Raventós y Julie Wark óp. cit., primera parte.

[14] Algo que cada vez más sindicalistas están viendo claramente. No los sindicatos, salvo honrosas excepciones. La conflictiva relación, hasta ahora, entre la mayoría de los sindicatos y la RB, con especial insistencia en los puntos de debate, está tratada en Daniel Raventós (2016): “Los sindicatos y la RB”, disponible en http://www.sinpermiso.info/textos/los-sindicatos-y-la-renta-basica (último acceso, 15 de julio de 2018). Menos entienden aún el incremento del poder de negociación de los trabajadores que supondría una RB algunos partidarios del llamado trabajo garantizado. Al respecto, véase Arcarons, Raventós, Torrens (2015): “El ‘trabajo garantizado’ de Izquierda Unida y el ‘plan de garantía de rentas’ de Podemos contra la pobreza: unas propuestas muy pobres”, disponible en http://www.sinpermiso.info/textos/el-trabajo-garantizado-de-izquierda-unida-y-el-plan-de-garantia-de-rentas-de-podemos-contra-la (último acceso, 15 de julio de 2018).

[15] Pol., 1260b.

[16] Para un análisis de la concepción republicana de Locke véase Jordi Mundó (2005): “Autopropiedad y RB”, disponible en http://www.sinpermiso.info/textos/autopropiedad-y-renta-bsica (último acceso, 15 de julio de 2018) y Jordi Mundó (2017): “La constitución fiduciaria de la libertad política. (Por qué son importantes las coyunturas interpretativas en la filosofía política)”, Isegoría,  núm 57.



Daniel Raventós es editor de Sin Permiso, presidente de la Red Renta Básica y profesor de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona. Es miembro del comité científico de ATTAC. Sus últimos libros son, en colaboración con Jordi Arcarons y Lluís Torrens, "Renta Básica Incondicional. Una propuesta de financiación racional y justa" (Serbal, 2017) y, en colaboración con Julie Wark, "Against Charity" (Counterpunch, 2018).
Fuente:
Iglesia Viva, núm. 275, tercer trimestre 2018

El desfile del Día de la Hispanidad o el anacrónico culto a la raza Luis Gonzalo Segura 13/10/2018

El desfile del Día de la Hispanidad o el anacrónico culto a la raza

Como todos los años, las calles de Madrid se inundarán de militares y banderitas. Vítores y aplausos. Puede que llueva, no suele ser inusual, pero ello no será impedimento para que la ciudadanía, una parte de ella, muestre su amor incondicional hacia los militares. Lástima que no les amen tanto cuando piden que dejen de despedirles a los 45 años de edad y les envíen directamente al desempleo con unas muy escasas posibilidades de reinserción. Pero el día de hoy iba de amor. Ya saben. De amor a la Patria, a la Nación y a nuestro Día Nacional. Venga mayúsculas que el asunto es muy serio.
El caso es que a poco que uno eche la vista atrás se dará cuenta que celebramos el Día Nacional en la misma fecha del calendario en la que el franquismo lo celebraba. Algo que en su tiempo llamaban el Día de la Raza. Y eso da un poco de yuyu, ¿no? ¡Pues no! En medio de la amnesia y la lobotomía completa a la que se ha sometido gran parte de la ciudadanía, eso de desfilar celebrando la Patria el mismo día que lo hacía Franco, con los sucesores designados por él al frente, no parece ser muy incómodo para muchos. Para otros, lo único decepcionante es que se trata de un festivo y no hay partido de fútbol. Creo.
Buceando en Wikipedia encontré la siguiente definición para el Día de la Hispanidad: El 12 de octubre se ha considerado como un día memorable porque a partir de entonces se inició el contacto entre Europa y América, que culminó con el llamado “encuentro de dos mundos”, que transforma las visiones del mundo y las vidas tanto de europeos como de americanos.
Visto así hasta mola, y mucho, si no fuera por aquello de las mutilaciones, violaciones y ejecuciones que se pueden encontrar en medios nada subversivos, por cierto, y sin investigación muy exhaustiva.
Más allá de celebrar la conquista de América, obviando todas las barbaridades que allí se cometieron o justificándolas en que los ingleses hicieron más -con un ‘y tú más’ bastante más pavoroso que el acostumbrado en ámbitos políticos sobre temas de corrupción-, lo cierto es que hay una parte que se siente excluida de esta celebración. Éste es un motivo por el que se hace necesario buscar una nueva fecha; además, hay muchas y muy variadas opciones.
Una posibilidad sería honrar a los que intentaron asesinar al genocida dictador, más que nada porque su gesto es de los pocos que permite sentir algo de orgullo y no avergonzarse de la comodidad por el sometimiento de una gran mayoría de la ciudadanía. Días al respecto no faltan, pues hasta en 17 ocasiones se intentó librar a los españoles de la lacra y el retroceso que supuso la dictadura. Al menos, sería conveniente que las Fuerzas Armadas adoptasen ese día como día conmemorativo, dado que los pocos militares que intentaron asesinar a Franco deberían constituir motivo de orgullo y enaltecimiento.
Ello no se trata de ningún delirio. Alemania, por ejemplo, celebra el 20 de abril como festividad de sus Fuerzas Armadas por ser este la efeméride del día que intentaron asesinar a Hitler. Pero para eso hay que ser antifascista y a España todavía le queda, por eso nuestras Fuerzas Armadas desfilan el Día de la Hispanidad como si fuera su propio día. Pero lo hacen de forma encubierta, pues a la vez celebran el Día de las Fuerzas Armadas en un día indefinido entre mayo y junio. Día que, obviamente, pasa desapercibido y que lo único que pretende es enmascarar que la verdadera celebración para las Fuerzas Armadas es el 12 de octubre.
Pero para día de la Hispanidad, de España si se prefiere, hay que buscar un día que nos represente. Un día que de alguna forma reúna a toda la nación entorno a un momento esencial. Y pocos me lo parecen tanto como el 26 de abril, el día que se produjo el bombardeo de Guernica. Un acontecimiento histórico de repercusión mundial que de celebrarse situaría a España en la vanguardia del antifascismo. Justo en las antípodas de las coordenadas en las que hoy nos encontramos. Una celebración con una enorme cantidad de sentimientos encontrados que marcaría el esfuerzo de una ciudadanía por redimirse. Por hacer todo lo posible por no volver a cometer los mismos errores del pasado. Una celebración que implicaría también una conmemoración de las víctimas franquistas y una petición oficial y pública de perdón.
De momento, lo comentado, lógico en cualquier país europeo o avanzado, sólo es ciencia ficción al sur de los Pirineos. En lugar de tener unas Fuerzas Armadas que conmemoran y honran a los militares que intentaron asesinar a Franco, o un país que hace lo propio con las víctimas del franquismo en la celebración del Día Nacional, tenemos a una nación que celebra la perpetuación del Día de la Raza y unas Fuerzas Armadas que se unen a la misma encubriendo su festividad en un fin de semana perdido de la primavera. Todo ello mientras más de 1.000 militares en reserva o en retiro han firmado un manifiesto a favor de Franco después de ocupar los puestos de máxima responsabilidad durante los últimos quince años.
exteniente del Ejército de Tierra y autor de 'El libro negro del Ejército español'.
Fuente:
https://blogs.publico.es/un-paso-al-frente/2018/10/12/el-desfile-del-dia-de-la-hispanidad-o-el-anacronico-culto-a-la-raza/

lunes, 24 de septiembre de 2018

El hambre no importa. Por, Martin Caparros

El hambre no importa

El hambre no importa

Por Martín Caparrós
No es fácil saber cuántos hombres y mujeres y chicos pasan hambre. Los hambrientos suelen vivir en países difíciles, con Estados que no solo son incapaces de asegurar su alimentación; tampoco tienen los medios para contarlos. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) lo intenta: cada año debe anunciar cuántos malnutridos hay en el mundo. Es toda una responsabilidad: en esa cifra se basan percepciones, políticas, programas.
Este martes, la FAO anunció que hay 821 millones de hambrientos; el año pasado habló de 804 millones; en 2016, de 784 millones. Avanza sobre todo en África, donde eran 212 millones en 2014 y este año se calculan 256 millones. Pero avanza también en América Latina, porque los precios de las materias primas que aumentaron la década pasada volvieron a bajar en los mercados globales y los que lo pagan son –casi– siempre los mismos. Así que los 30.800.000 malnutridos de 2014 son ahora 32.300.000; parece una diferencia menor: es un millón y medio de personas.
Es el problema de los números: nos informan, nos alejan. Es fácil verlos y no mirarlos; es fácil no pensar que estos significan que una de cada nueve personas en el mundo no come suficiente porque casi nunca conocemos a esas personas. Por eso, probablemente, el hambre sigue siendo el horror solucionable que menos nos importa: mata más que cualquier enfermedad, pero siempre ataca a otros, a esos que no terminamos de pensar como “nosotros”.
Es probable que el nuevo informe de la FAO suscite controversias: le suele suceder. Alguna vez las produjo por la forma en que actualizaba las cifras de la malnutrición; ahora se podría discutir cómo las justifica. La FAO no solo censa el hambre; también maneja programas para combatirlo.
El año pasado, cuando debió reconocer que había vuelto a aumentar, dijo que la razón central fueron los “conflictos”. Argumentó que más del 60 % de los malnutridos vivía en países “en conflicto”; para eso, incluyó como tales a la India, Rusia, Turquía o Tailandia —que no están particularmente sacudidos por las guerras—.
El cambio climático era la otra causa fuerte. Pero, según su propio informe, en 2016 hubo un 30 % menos de desastres naturales que en 2006, cuando el hambre bajaba. Y, sobre todo: el cambio climático es un fenómeno global, pero en los países ricos el hambre sigue disminuyendo. Parece como si el clima, tan clasista, se encarnizara con los pobres.
Las causas principales del hambre no son esas emergencias, climáticas o bélicas. La inmensa mayoría de los hambrientos del mundo no lo son por males transitorios: llevan generaciones y generaciones de alimentarse poco. La mayoría no pasa hambre por una situación extraordinaria, coyuntural; lo pasa porque vive —como sus padres, sus abuelos— en un mundo organizado para que algunos tengan mucho y otros, por lo tanto, demasiado poco.
Hay 821 millones de pobres que no comen lo suficiente porque la producción global de alimentos está estructurada para satisfacer a los mercados desarrollados, para concentrar en ellos la riqueza alimentaria. Hace tres o cuatro décadas sucedió el hecho histórico más importante que la historia no registró: por primera vez en miles y miles de años la humanidad fue capaz de producir comida suficiente para todos. Sigue siéndolo: este mundo produce comida que alcanzaría para 12.000 millones de personas; también produce casi 1.000 millones de personas que no consiguen comprar esa comida. En este mundo no hay escasez de alimentos; hay escasez de dinero para comprarlos.
La concentración de la riqueza alimentaria se entiende mejor cuando se ve que un país como la Argentina, que se dedica a producir alimentos, que podría alimentar a 300 millones de personas, tiene más de dos millones de malnutridos —porque su enorme producción de granos está pensada para engordar chanchos chinos—. La fabricación de carne expone con claridad el mecanismo. Para producir un kilo de carne se necesitan diez kilos de cereal: cuando un productor tiene diez kilos de cereal —seamos esquemáticos— puede vendérselos a diez familias que comerán un kilo cada una o a un ganadero que se los dará a sus cerdos o vacas para producir un kilo de carne que venderá —más caro— a una o dos familias. Si se hace carne, muchos harán dinero en el proceso: el productor de granos, la cerealera que los exportará, la naviera que los transportará, el ganadero que se los dará a sus animales, el mayorista que le comprará la carne, el transportista que la distribuirá, el carnicero que la venderá. Y algunos, mientras, se quedarán sin comer.
El ejemplo de Níger lo explica de otro modo. Níger es uno de los países más pobres del mundo; algunos definen su situación como “hambre estructural” —para decir, sin decirlo, que es inevitable—. Y quien vea sus campos secos, pobres, lo creerá. Hasta que se entere de que Níger es, también, el segundo productor mundial de uranio. Con parte de ese mineral se podría montar la infraestructura —riegos, tractores, fertilizantes, depósitos, caminos— necesaria para mejorar los campos y conseguir que los nigerinos coman todos los días. Pero dos corporaciones, una china y una francesa, se llevan el uranio, así que en Niamey no queda plata para veleidades. Esa hambre estructural responde a otras estructuras: no la de la agricultura local, sino la del sistema económico global.
Son solo dos ejemplos. Los mecanismos de concentración de la riqueza alimentaria son numerosos, eficaces, y se confunden con la normalidad de nuestras sociedades. Por eso sus efectos son tan amplios, tan graves. Y por eso las soluciones asistenciales son parches sin futuro. Los cambios necesarios para que todos los hombres y mujeres y chicos del mundo coman lo que necesitan son varios y profundos, pero dependen de uno solo: que su hambre nos importe.
Cuando lo pienso, recuerdo a los ecologistas de mi facultad parisina hace ya más de 40 años: eran pocos, nadie los escuchaba. Pero ellos y todos sus compañeros siguieron insistiendo e impusieron la cuestión medioambiental como un punto central de las agendas públicas. La cuestión del hambre —el hecho intolerable de que una persona de cada nueve no coma suficiente— podría ocupar un lugar semejante. Para eso, la única condición ineludible es que queramos.
* Periodista y novelista. Es autor, entre otros libros, de “El hambre”. Nació en Buenos Aires, vive en Barcelona y es colaborador regular de The New York Times en Español. (c) 2018 New York Times News Service.

domingo, 23 de septiembre de 2018

La satanización de las organizaciones sociales y de la protesta social Guillermo Cardona Moreno

La satanización de las organizaciones sociales y de la protesta social

Opinión
21/09/2018
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Foto: howldb.com
¿Seguirán siendo política de Estado? o ¿Serán palabras sueltas de un ministro bravucón?

Durante el Congreso de Confecámaras, en Cartagena, el ministro de Defensa Guillermo Botero realizó  graves declaraciones contra la protesta social al decir: “que los grupos armados organizados -como disidencias de las FARC, ELN, Clan del Golfo, Pelusos y Puntilleros- son responsables de financiar la protesta social”.

Con los dineros ilícitos corrompen y financian la protesta social”, declaró Botero, quien agregó: “Cada vez que ustedes ven que cierran la panamericana, detrás de eso siempre hay mafias organizadas”.

De igual manera, señaló que las “mafias han sido las que han creado la mala fama del glifosato”.

Cuando un funcionario de tan alto nivel y con tanta responsabilidad no solamente sobre las fuerzas armadas sino sobre millones de personas bien ancladas en los poderes nacionales y territoriales que copian sus declaraciones como órdenes de ataque, lanza tan graves acusaciones, las preguntas que nos hacemos muchos demócratas con el sueño de que las instituciones y sus funcionarios actúen en el marco del Estado de Derecho que implica el respeto por la diferencia son:

  • ¿si el Señor Ministro Botero tiene idea de las implicaciones que tienen sus declaraciones para miles de organizaciones y dirigentes?

  • o si por el contrario, ¿tiene tan claro el tema que su objetivo es enfrentar la protesta y movilización social con las viejas políticas heredadas de la doctrina de seguridad nacional?

Lo más grave sería, si estas declaraciones correspondan a una bien diseñada estrategia en el marco de la política de seguridad nacional, una de cuyas líneas es la  estigmatización, la  satanización y  la persecución contra la reclamación ciudadana, como tristemente sucedió durante muchos gobiernos anteriores, desde 1947, intensificada durante el Gobierno del Presidente Julio Cesar Turbay Ayala (1978-1982) con su Estatuto de Seguridad invocado para contrarrestar los diferentes movimientos rebeldes surgidos en la década anterior, cuando entonces se llevaron a cabo torturas, desapariciones forzadas y otras violaciones a los derechos humanos, que provocaron el exilio de numerosos intelectuales, entre ellos el escritor Gabriel García Márquez. El caso más reciente, es el del presidente Álvaro Uribe Vélez quien dijo que los dirigentes sociales y defensores de derechos humanos eran: “Hablantinosos”, “voceros del terrorismo”, “traficantes de derechos humanos”, “compinches de las guerrillas”, “áulicos”, “politiqueros” y hasta “chismosos”.

Al respecto dijo la agencia de prensa del IPC el 23 de  octubre de 2009: “En discursos, declaraciones a la prensa nacional e internacional, intervenciones televisadas y en consejos comunales de gobierno, el presidente Uribe ha arremetido contra personas y organizaciones que trabajan en la promoción y defensa de los derechos humanos en el país, así como en tareas de denuncia contra las acciones perpetradas por organismo de seguridad del Estado violatorias de derechos fundamentales de la ciudadanía. 

El asunto no pasó desapercibido para Margaret Sekaggya, Relatora Especial de Naciones Unidas sobre la situación de los defensores de derechos humanos. En la declaración entregada el pasado 18 de septiembre, cuando finalizó una visita al país, resaltó que “un motivo fundamental de la inseguridad de los defensores de derechos humanos radica en la estigmatización y el señalamiento sistemáticos de que son objeto por parte de funcionarios del Gobierno”.

Sekaggya refrendó ese cuestionamiento el pasado 21 de octubre durante una audiencia realizada ante la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos, donde volvió a solicitarle al Gobierno colombiano que evite cualquier estigmatización contra los defensores de derechos humanos.

¿Pero ha sido tan directo el Presidente Uribe en sus ataques a los defensores de derechos humanos? Un rastreo de algunos de sus intervenciones entre los años 2003 y 2009 permite responder afirmativamente la pregunta y dada la frecuencia de sus afirmaciones, es posible advertir una peligrosa sistematicidad que no sólo generan inseguridad, sino que elevan los niveles de riesgo de aquellos activistas que desde diversos sectores sociales reivindican la defensa de derechos fundamentales.

El 8 de septiembre de 2003, pasado un año de su primero mandato y durante la posesión del general Edgar Alfonso Lesmes, como nuevo comandante de las Fuerza Aérea Colombiana (FAC), el mandatario colombiano descalificó el trabajo de los defensores de derechos humanos.

Son politiqueros al servicio del terrorismo – afirmó el Presidente –. Cobardemente se agitan en la bandera de los derechos humanos para tratar de devolverle en Colombia al terrorismo el espacio que la fuerza pública y la ciudadanía le ha quitado”.

Quienes hemos dedicado una vida a la lucha por un verdadero Estado democrático que garantice plenamente el conocimiento y ejercicio de derechos a sus ciudadanos, a sus organizaciones comunales y sociales y que por este hecho no seamos segregados, satanizados, perseguidos ni asesinados como tristemente sucede hoy en la mayor parte del territorio nacional, siendo este el problema político más grave en Colombia y ante el mundo; quienes seguimos en esta lucha venimos buscando caminos de interlocución con el nuevo Gobierno para construir colectivamente entre el Estado, las organizaciones, los medios de comunicación masiva y la sociedad estrategias estructurales de solución definitiva, convencidos que el problema es tan grave que nos compromete a todos sin distingos de militancias sociales, políticas, religiosas, raciales ni de otra índole.

Aún queremos creer que esta ruta es posible, sin embargo, otro hecho conocido el mismo 13 de septiembre, día de las declaraciones del señor ministro Botero ensombrece las esperanzas;   en el Municipio de Acacias-Meta aparece un afiche impreso en membretes de la Policía Nacional, bajo el título “Plan de Choque 100 días, EL QUE LA HACE LA PAGA”, en el que se indica el “perfil  criminal” de dirigentes comunales por lo que están siendo procesados por la Fiscalía General de la Nación en que se dice lo siguiente:

Sandra Patricia Ruiz Riaño: “inicia su actuar delictivo como presidenta de la junta de acción comunal de la vereda del Centro del municipio de Acacías y de la corporación del área de influencia directa del municipio de Acacias (CJAID,…”.

Persona que lidera manifestaciones, bloqueos en contra de la estatal petrolera ECOPETROL y sus diferentes empresas prestadoras de servicios en las diferentes locaciones, plantas y gerencia de Ecopetrol S.A, en el departamento del Meta, generando mitin con los empleados para detener el desarrollo de la operación y de esta manera afectar la economía del País…”

Otros nombres son:

Flaminio Mendoza Bojacá, líder comunal según el afiche.

Gustavo Correa  Neira, líder comunal, según el afiche.

José Fernando Barbosa, Líder comunal, según el afiche.

Denis Sánchez Sánchez, líder comunal, según el afiche.

Nidya Yaneth Muñoz, Líder comunal, según el afiche

Yéssica Liliana Hernandez Quevedo, Líder comunal, según el afiche.

Dentro de los procesados por defender el ambiente, oponerse al fracking, exigir responsabilidad ambiental a las petroleras también está Edgar Cruz, presidente de Corpohumadea y Consejero Departamental de Planeación por el sector ambientalista.

Sabemos muy bien que la judicialización en el departamento del Meta contra dirigentes comunales y ambientalistas hace parte de la “Estrategia Territorial por el Desarrollo de los Hidrocarburos”, encabezada por la estatal ECOPETROL y uno de cuyos objetivos es ahogar la protesta social por lo que el listado de dirigentes judicializados en la región supera a los veinte.

Esta estrategia, desde el Gobierno anterior, ha sido acompañada por el Ministerio del Interior, quisiéramos conocer la percepción del nuevo Gobierno, a la vez que saber cuál ha sido el papel del PNUD en el diseño e implementación de esta estrategia.

Siempre hemos dicho que en los asesinatos contra dirigentes comunales y sociales, la estigmatización sistemática desde diferentes instancias de poder, entre ellas del Estado es el factor de mayor peso, pues con este tipo de declaraciones y actuaciones, muchos poderes hegemónicos locales y bandas sicariales se amparan para atacar todo ejercicio de derechos, de reclamación o protesta.

Por eso hemos requerido del Gobierno Nacional y de los organismos de control e instancias de derechos humanos del Estado:

  • Su pronunciamiento público frente a los hechos.

  • Su reivindicación del derecho ciudadano y de nuestras organizaciones y dignatarios al ejercicio de derechos y a la protesta.

  • Su seguimiento y acompañamiento a los dirigentes comunales y sociales judiciales en el departamento del Meta por defender el ambiente, oponerse al fracking y en general ejercer derechos para que se les garanticen plenamente sus derechos y su vida.

  • Desarrollar acciones disciplinarias a las instituciones que estigmatización a nuestras organizaciones y dignatarios, entre ellas por las declaraciones de octubre pasado del señor Rodrigo Lara.

  • Campañas regulares apoyadas desde el Gobierno valorando y dignificando la calidad de dirigente comunal, dirigente social y de defensor de derechos.

Aún quisiéremos creer que el presidente Iván Duque no comparte este tipo de declaraciones ni de estrategias oscuras contra los dirigentes comunales, sociales y la democracia y aunque ya ha indicado desacuerdos con lo dicho por el señor ministro de Defensa, si requerimos compromisos más estructurales. Que el Dios de cada quien nos oiga porque no quisiéremos volver a épocas tan trágicas y oscuras como las recordadas. La razón, las ideas y el ejercicio de derechos, la historia son nuestras únicas armas, las suficientes como para que se impongan por sí mismas.

Guillermo A. Cardona Moreno
Dirigente Comunal
Presidente Observatorio Nacional Comunal


Fuente:


https://www.alainet.org/es/articulo/195463