domingo, 23 de septiembre de 2018

¿Razones para el desarme? ¡Todas!. Por. Juana Pérez Montero

¿Razones para el desarme? ¡Todas!

Opinión
21/09/2018
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Nunca las armas sirvieron para hacer avanzar verdaderamente al ser humano.  Siempre se utilizaron para beneficio de unos pocos a costa de la vida, el dolor y el sufrimiento de la gran mayoría, aunque se utilizara y se siga utilizando a ésta como reclamo.  Y las victorias –de haberlas– siempre son pasajeras porque portan en su esencia la revancha de los perdedores, en una cadena de violencia que no encuentra fin.

El desarrollo de las armas como forma de supervivencia podría entenderse hace miles de años, lo que seguramente no quiere decir y no justifica que la “elección” de esa vía por parte de la humanidad no fuera un gran error, que todavía estamos pagando y del cual no hemos salido, habiendo llegado al día de hoy, en el que está en riesgo la supervivencia de la especie y del planeta entero.

A la carrera armamentística que estamos viviendo y que nos ha devuelto a los peores momentos de la llamada Guerra Fría, le acompaña las campañas para hacer crecer una sensibilidad que se va potenciando incluso en las escuelas, alimentando una imagen ideal –asociada al ocio– acerca del “beneficio” de las armas.  Lo estamos viendo en países de la antigua Europa del Este o en Inglaterra últimamente. Estas campañas de sensibilización van acompañadas de la construcción imaginaria de “enemigos”: países como Rusia, Irán, Corea del Norte… (países que no se doblegan), grupos humanos como refugiados, migrantes (desplazados por los desastres que la misma industria de las armas produce), etc., aumentando violencias de otros tipos como el hambre, el racismo, la xenofobia, la discriminación por creencias religiosas, etc., que alimentan la espiral de la violencia en una carrera loca.

Es alarmante el incremento en gastos militares a nivel mundial[1], con EEUU[2] a la cabeza y su política de empleo de la fuerza y la amenaza, una política que impone y que aceptan sus socios de la OTAN; algunos gobiernos como el de Colombia[3], modificando sustancialmente el mapa geomilitar de la región, o Japón[4], el ejemplo más evidente de la barbarie a la que hemos llegado pero que hoy claudica a las presiones de Trump, multiplicando la tensión en una de las zonas más calientes del planeta.

Esta “moneda” que aumenta de tamaño cada día, la del gasto militar, tiene como toda moneda dos caras, ambas negativas.  La otra cara es la cara de los daños colaterales, hablando en términos bélicos.  Si el presupuesto de un país sube la partida de los gastos militares, de modo sistemático se recortan los derechos y baja el presupuesto en políticas sociales (educación, sanidad, pensiones donde las hay, investigación, etc.).

Ejemplos claros abundan.  La misma población estadounidense ve cómo aumentan las armas mientras cuenta con una pésima sanidad pública; en España, durante la que han denominado engañosamente ‘crisis’, los gobiernos de turno han recortado en educación, sanidad, pensiones públicas… mientras mantenías sus compromisos con la industria armamentística y aumentaba el presupuesto militar[5]; la Grecia de Txipras traicionaba la voluntad popular, siguiendo la estela de gobiernos previos, y entregaba a su pueblo a los pies de los caballos de los intereses de bancos centroeuropeos, sin importarle recortar salarios, derechos laborales, sanidad, educación, pensiones públicas… mientras paradojalmente compraba material militar[6].

Esto por hablar de casos escandalosos que han estado y están en todos los medios de comunicación, claramente por pertenecer al ‘norte’ del planeta.  Pero, si esto sabemos de la vieja Europa o de USA, ¿qué ocurre y no se cuenta de toda África, de gran parte de Asia, de zonas con grandes recursos naturales, cuya población vive en la pobreza más extrema como consecuencia de guerras que no eligieron y que los mantienen ‘entretenidos’ mientras les son robados todos los recursos?

Allí, donde se invierte en armas, aumenta la violencia en cualquiera de sus formas (física, económica, sicológica, moral, racial, religiosa, sexual…), aumentan las desigualdades sociales, las hambrunas, el cambio climático, los desplazamientos forzados de población, etc.

Es muy gráfico ver, además, cómo esta carrera armamentística acompaña el proceso de concentración de la riqueza[7]. El negocio de la guerra es el mayor del mundo, no lo olvidemos.

Supervivencia de la humanidad

En cualquiera de los casos, hoy no hay situaciones que justifiquen las armas y las guerras si hablamos de supervivencia y de la defensa de los intereses de toda la humanidad como planteáramos al comienzo de este escrito.  Hoy existe en todos los campos riqueza suficiente acumulada, como consecuencia del trabajo de miles de generaciones, para que toda la Humanidad viva en condiciones de vida dignas.  Y esa riqueza, que fue generada por todos, por justicia social ha de volver por tanto a todos.  Y contamos con todos los medios para que la riqueza pueda compartirse.

¿Por qué decimos que le corresponde y cómo podríamos hacer?  Sin necesidad de hacer historia siempre llena de injusticias traiciones, pongamos un ejemplo de absoluta actualidad y alrededor del cual existen conflictos armados.  Sabemos que en el norte del planeta se cuenta con mayores avances científicos y tecnológicos y en el sur se cuenta con elementos como el coltán, que tan imprescindible es para los dispositivos electrónicos, para que aquellos avances tecnológicos del norte puedan concretarse.  ¿Qué posición sabia o moral y que abra el futuro de todos justifica seguir derramando la sangre de millones de seres humanos para quitarles estos recursos y negarles poder disfrutar de esos avances?

Imaginemos por un momento cuánta energía en todos los campos podría ganar la humanidad entera si, en lugar de potenciar el enfrentamiento, renunciamos a la guerra como resolución de conflictos (ver ya el ejemplo de la Constitución de Bolivia 2009, en su artículo 10.1[8]), si trabajamos en políticas de acercamiento y cooperación, si invertimos en educación gratuita, en sanidad universal, en asegurar comida y vivienda para todos.  ¿Qué pasaría si se investigara y se desarrollaran una educación y una cultura para desarmar la violencia interna y eliminar todas las formas de violencia externa?...  Estaríamos ante el aumento exponencial de la salud física y sicológica de las poblaciones, ante un ser humano que ganaría en fe profunda en su futuro, estaríamos poniendo la condición para que las distintas formas de violencia no encuentren abono en las conciencias individuales y colectivas.

Si todos los recursos que se desvían hacia la carrera armamentística se emplearan en función de la vida y la liberación del ser humano, contaríamos con el suelo para pasar a otra etapa de la historia, podríamos pasar a construir y contar la verdadera historia humana, como dijera el pensador latinoamericano Mario Rodríguez (Silo)[9].

Así es que, mientras no encontramos razón alguna para seguir alimentando la violencia y a la industria armamentística, decimos alto y claro ‘¿Razones para el desarme? ¡Todas!’.

Juana Pérez, periodista y narradora de documentales, es editora y redactora de Pressenza para España, y activista humanista.


Codicia y miedo. Por, Michael Roberts 22/09/2018



Larry Summers es uno de los economistas keynesianos más importantes del mundo, ex secretario del Tesoro durante el gobierno de Clinton, candidato antes a Presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, y ponente habitual en la gran conferencia anual ASSA de la Asociación de Economía de América, donde promueve la vieja visión neokeynesiana de que la economía mundial tiende a una forma de 'estancamiento secular'.
Summers en el pasado ha atacado (correctamente en mi opinión) la reducción de la economía keynesiana a la construcción de modelos dinámico estocásticos de equilibrio general (DSGE), estériles, cuyo punto de partida es que la economía es estable y crece, pero sufre algún ‘shock’, como un cambio en el comportamiento de los consumidores o de los inversores. El modelo entonces se supone que prevé cualquier cambio de la situación económica. Summers rechaza en especial la exigencia de algunos economistas keynesianos y de los neoclásicos de que cualquier modelo DSGE debe partir de fundamentos microeconómicos y que los supuestos deben ser lógicos, según la teoría marginalista de la oferta y la demanda neoclásica, y que los agentes individuales deben actuar 'racionalmente' según esos 'fundamentos'.
Como Summers escribe: “el principio de desarrollar la macroeconomía a partir de fundamentos microeconómicos, tal y como hacen los economistas, ha contribuido muy poco, por no decir nada, a predecir, explicar o resolver la Gran Recesión”. En su lugar, dice Summers, debemos pensar en términos de “grandes agregados”, es decir, a partir de la evidencia empírica de lo que está sucediendo en la economía, no de lo que la lógica de la teoría económica neoclásica pueda suponer que debería suceder.
No todos los keynesianos están de acuerdo con Summers sobre esto. Simon Wren-Lewis, el principal economista keynesiano británico afirma que los mejores modelos DSGE han tratado de incorporar el dinero y las imperfecciones en relación al modelo en una economía: “respetados macroeconomistas argumentan que debido a estos cuestionables microfundamentos, lo mejor es hacer caso omiso de cosas como la rigidez de precios (salarios) (un argumento keynesiano clave para definir una economía atrapada en una recesión - MR ) cuando se toman decisiones de política económica: un argumento risible en cualquier otra ciencia. En ninguna otra disciplina se podría tener un  debate sobre si es mejor modelar lo que se puede microfundar que hacer un modelo sobre lo que se puede ver. Otros economistas entienden esto, pero muchos macroeconomistas todavía piensan que todo esto es bastante normal”. En otras palabras, no se puede simplemente hacer trabajo empírico sin alguna teoría o modelo para analizarlo; o en términos marxistas, es necesaria la conexión entre lo concreto y lo abstracto.
Hay cierta confusión en la economía dominante - de un lado quieren condenar los 'modelos' por ser poco realistas y no reconocer el poder del agregado. Por otro lado, condenan las estadísticas que carecen de una teoría de la conducta o leyes de movimiento.
Summers reconoce que la razón por la cual la teoría economica dominante no fue capaz de predecir la Gran Recesión es porque no quiere reconocer  la 'irracionalidad' de los consumidores y de los inversores. Según ellos, las crisis son probablemente el resultado de decisiones 'irracionales' o equivocadas derivados de un comportamiento de rebaño. Los mercados caen primero en la 'codicia' y de repente los 'espíritus animales' desaparecen y los mercados son engullidos por el 'miedo'. Esta es una explicación psicológica de las crisis.
Summers recomienda un nuevo libro de los economistas conductistas Andrei Shleifer y Nicola Gennaioli, “Una crisis de creencias: psicología de los inversores y la fragilidad financiera". Summers afirma que “el libro sitúa las expectativas en el centro de la reflexión sobre las fluctuaciones económicas y las crisis financieras - pero estas expectativas no son racionales. De hecho, como toda la evidencia sugiere, están sujetas a errores sistemáticos de extrapolación. El libro sugiere que estos errores en las expectativas se entienden mejor como resultado de sesgos cognitivos a los que los seres humanos son propensos”.
Apoyándose en las últimas investigaciones en psicología y economía conductistas, presentan una nueva teoría de la formación de creencias. Así que todo se reduce a un comportamiento irracional, ni siquiera a una súbita 'falta de demanda' (la explicación  keynesiana habitual) o a los excesos bancarios. Los 'shocks' de los modelos de equilibrio general se deben a malas decisiones, la codicia y el miedo de los inversores.
La economía conductista siempre me ha parecido una “macroeconomía de desesperados”. No sabemos por qué se producen las crisis de producción, de inversión y de empleo a intervalos regulares y recurrentes. No tenemos un modelo teórico convincente que puede ser probado con evidencias empíricas; limitarse a decir que las depresiones se deben a que hay una 'falta de demanda' suena inadecuado. Así que solo queda la psicología para salvar la teoría económica.
En realidad, los grandes economistas conductistas a los que se refiere Summers tampoco tienen ni idea de lo que causa las crisis. Robert Thaler estima que los precios del mercado de valores son tan volátiles que no hay una explicación racional de sus movimientos. Thaler sostiene que hay 'burbujas', que considera movimientos 'irracionales' de los precios no relacionados con fundamentos como los beneficios o las tasas de interés. El  destacado economista neoclásico Eugene Fama critica a Thaler. Fama argumenta que una 'burbuja' en los precios del mercado de valores puede simplemente expresar un cambio en la visión de los inversores sobre la rentabilidad de las inversiones potenciales; que no es 'irracional'. Sobre este tema, Fama acierta y Thaler se equivoca.
El otro conductista citada por Summers es Daniel Kahneman. Ha desarrollado lo que él llama la 'teoría de las perspectivas'. La investigación de Kahneman ha demostrado que las personas no se comportan como sostiene la corriente principal de la teoría de la utilidad marginal. En su lugar, Kahneman sostiene que hay un “sesgo optimista omnipresente” en los individuos. Tienen un optimismo irracional o injustificado. Esto lleva a la gente a emprender proyectos de riesgo sin tener en cuenta los costes finales - en contra de la elección racional asumida por la teoría dominante.
El trabajo de Kahneman sin duda contradice los supuestos poco realistas de la teoría de la utilidad marginal, la piedra angular de la economía dominante. Pero ofrece como alternativa, una teoría del caos: que no podemos saber nada y ni predecir nada. Ya ven, el defecto inherente a una economía moderna es la incertidumbre y la psicología. No es el afán de ganancias a costa de la satisfacción de las necesidades sociales, sino las percepciones psicológicas de los individuos. De este modo, el colapso de los precios de las viviendas en Estados Unidos y la crisis financiera mundial se produjeron porque los consumidores cambiaron de forma irracional de la euforia al pánico. Esto deja a la teoría económica habitual (incluyendo la keynesiana) en un purgatorio psicológico, sin análisis científico ni poder predictivo. Además, conduce a una visión utópica de cómo solucionar las crisis. La respuesta es cambiar el comportamiento de las personas; en particular, las grandes compañías multinacionales y los bancos necesitan tener 'fines sociales' y ¡no ser codiciosos!
La teoría económica no necesita recurrir a la psicología. A nivel de agregado, la macro, podemos deducir patrones de las leyes del capitalismo que pueden ser probadas y tener capacidad predictiva. Por ejemplo, Marx hizo la observación clave de que lo que impulsa los precios del mercado de valores es la diferencia entre las tasas de interés y la tasa general de ganancia. Lo que ha mantenido los precios de bolsa en ascenso ahora ha sido el muy bajo nivel de los tipos de interés a largo plazo, orquestados deliberadamente por los bancos centrales, como la Reserva Federal, de todo el mundo.
Por supuesto, todos los días, los inversores toman decisiones 'irracionales', pero, con el tiempo y, en conjunto, las decisiones de los inversores de comprar o vender acciones o bonos se basa en las rentas que han recibido (intereses o dividendos) y los precios de los bonos y acciones evolucionarán en consecuencia. Y esos retornos en última instancia dependen de la diferencia entre la rentabilidad del capital invertido en la economía y los costes de financiación. El cambio en las condiciones objetivas altera el comportamiento de los “agentes económicos''.
En este momento, las tasas de interés están aumentando en todo el mundo mientras que las ganancias se estancan.
La tijera entre la rentabilidad del capital y el coste de los préstamos se esta cerrando. Cuando se cierre del todo, la codicia se convertirá en miedo.
es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.
Fuente:
https://thenextrecession.wordpress.com/2018/09/18/its-greed-and-fear/
Traducción:
G. Buster

Kant y Marx, en la tradición republicana histórica. A la memoria de Toni Domènech. María Julia Bertomeu 17/09/2018

Kant y Marx, en la tradición republicana histórica. A la memoria de Toni Domènech

Continuamos esta semana con la publicación de textos en versión castellana del número 218 de la Revista Nous Horitzons titulados “Marx, democràcia i comuns”, cuyos originales en catalán aparecieron a principios de este año. Entre los autores que participaron en este número, coordinado por Edgar Manjarin, se encuentran miembros que integran o colaboran con el comité de redacción de Sin Permiso y su Consejo Editorial. En próximas ediciones de Sin Permiso publicaremos otros artículos traducidos de la serie “Marx, democràcia i comuns”. La semana pasada publicamos las aportaciones de Edgar Manjarín y de David Guerrero.
No cabe duda de que ni Kant fue un adelantado protomarxista, ni Marx un kantiano militante. Los une, sin embargo, una antigua tradición de pensamiento filosófico-político, hoy renacida, luego de preterida; una tradición republicana que despuntó con Aristóteles y que luego de un largo y fecundo viaje cobró vida en el socialismo de Marx –como de manera original y bien documentada nos dejó escrito Toni Domènech en su libro sobre una revisión republicana del socialismo. Kant, como Marx, fueron hijos de tal tradición europea.[1]
         ¡Kant y Marx! sigue siendo, hoy, un título provocativo,[2] aún cuando hubo y hay dignos intentos por aunarlos, incluso luego de que el pensamiento de Kant fuera considerado un estadio superado por Hegel, y por Marx. Pero los estadios conceptuales aparentemente superados suelen regresar, incluso luego de supuestas sepulturas.
         Volvieron juntos ‘Kant y Marx’ a principios del siglo pasado, como bien dijo Oskar Negt en su hermoso librito Kant y Marx. Un diálogo entre épocas: “Kant fue, por así decirlo, un aguijón en la carne del movimiento socialista”.[3]Por supuesto volvió un Kant ‘socialista’ en Alemania en la Escuela de Marburgo, con Herman Cohen y Karl Vorländer, o en el plano del revisionismo político de la mano de E. Bernstein pero siempre rescatando su contribución ética, [4]como si el viejo Kant no hubiera indagado, en los 80 y 90, en las venas de un republicanismo histórico, desde un punto de vista jurídico y político. Franz Mehring pensó que la segunda fórmula del imperativo categórico de Kant –la del hombre como fin en sí-, era equivalente al ideal marxiano de sociedad libre. No faltaron -más tarde- escritos valiosos como el de André Tosel y Domenico Losurdo, sobre el Kant revolucionario aunque autocensurado; o el de Lucien Goldmann de 1945, considerando a Kant como un eslabón fundamental en la construcción de un sistema de filosofía dialéctica que culmina con Marx.
Intentos recientes de construir un hilo conceptual entre Kant y Marx los hay y muy valiosos; también hay textos que adolecen de demasiada -y no tan buena- filosofía y poca historia, y otros de poca historia aunque buena filosofía. Sólo menciono unos pocos de los buenos autores, tales como A. Wood, Lea Ypi y William Howard.
Por razones de espacio, sólo presentaré una brevísima reconstrucción de una tradición que los identifica. Lo haré a partir de algunas pocas citas de uno y otro sobre tópicos comunes, como lo son la libertad y la garantía de una existencia social independiente de poderes arbitrarios que confiere la propiedad, y también por su insistencia en la idea de una república fundada en la coacción recíproca universal: no hay deberes sin derechos, ni derechos sin deberes, todos tienen derecho a coaccionar y ser coaccionados.
La distinción entre los trabajos libres o dignos de hombres libres y los serviles o ilibres, ha sido una constante en el pensamiento político republicano -democrático y no democrático-, y está enraizada en una idea de libertad opuesta a la dominación y, por eso mismo, a la condición de esclavo o de siervo. Como la garantía de una libertad no dominada supone tener garantizado el “derecho a la existencia” mediante algún tipo de propiedad que impida depender de otros; los republicanos demócratas consideraron que la universalización de esa libertad era el límite que debía imponerse a todo tipo de apropiación privada expropiatoria de tal derecho universal; mientras que los no democráticos se opusieron a limitar el derecho de propiedad, considerándolo como un derecho inalienable, aunque ello impidiera la universalización de la libertad republicana. Así Aristóteles, Cicerón, Locke, Kant… y Marx, con todas las reservas necesarias por presentar una lista de pensadores de distinto tenor, en otros muchos aspectos.
Es indudable que como republicanos, Kant y Marx comparten la idea de que la estructura institucional de la propiedad tiene consecuencias para la libertad política, en la medida en que permite (o impide) el control y la garantía de una existencia social autónoma. Aunque con demasiada frecuencia se ha dicho que la filosofía kantiana es un largo excurso para legitimar una propiedad privada (supuestamente liberal). Un error probablemente dimanante de una interpretación confusa de lo que Kant, como el grueso de la tradición republicana, (¡incluido Marx!) dijo sobre la propiedad ‘personal’, entendida como un requisito indispensable y ligado de manera indisoluble con la libertad y la igualdad. Justamente, esa apropiación personal no era compatible con la gran propiedad agraria (nacida, siempre, del expolio).
A finales del XVIII, Prusia estaba socialmente fragmentada en distintos estamentos que transmitían sus privilegios de manera hereditaria e indefinida. La nobleza y el clero, además, estaban prácticamente exentos de impuestos; los grandes propietarios de tierra eran los encargados de recaudar las exacciones fiscales de los campesinos, la alta burocracia civil se reclutaba de los junkers, los miembros del ejército, en su inmensa mayoría, procedían de la nobleza; los grandes terratenientes eran los señores de los campesinos (y el señor, como su propietario -dominus- utilizaba sus fuerzas antojadizamente convirtiéndolos así en subjectus, que sólo en apariencia no eran esclavos -servus-). [5] Por eso insistía Kant en que era imprescindible expropiar a los expropiadores, dividir los latifundios y abolir todo tipo de exenciones feudales; así como enajenar los privilegios de la nobleza hereditaria y de la Iglesia. De ahí su atinada pregunta:
¿cómo llegó a ser un derecho que alguien se haya apropiado de una cantidad de tierra más de la que puede hacer uso con sus propias manos (porque la apropiación por la fuerza de la tierra no es una apropiación primera;) y cómo acaeció que muchos hombres, que de otra manera en conjunto hubieran podido adquirir una propiedad estable, tienen que servirlos para poder vivir?[6]
Para el filósofo de Könisberg, los grandes apropiadores de la tierra causan desigualdades de patrimonio incompatibles con una propiedad estable sin la cual los no propietarios tienen que servirlos para poder vivir. Imposible no recordar –aquí- el texto de Marx, de la Crítica al Programa de Gotha: “quien no tiene medios propios de vida tiene que pedir permiso a otros para vivir, y por eso no es libre
En el mismo sentido dejó dicho Marx en 1871:
“el sometimiento económico del trabajador a los monopolizadores de los medios de trabajo, es decir, de las fuentes de vida, es la base de la servidumbre en todas sus formas, de toda miseria social, degradación intelectual y política”…
En su condena a los expropiadores, ambos clásicos republicanos utilizaron el mismo concepto, aunque históricamente indexado: la reducción a la servidumbre de quienes no han podido adquirir una propiedad personal estable.
i) como dijo el filósofo de Königsberg, el monopolio de la tierra (la ‘sustancia’ de cualquier apropiación), genera una desigualdad en la capacidad de ejercer la “coacción recíproca” que es la esencia de la igualdad política, y la consecuencia es que unos pueden ejercer la coacción, sin que los otros, a su vez, sean capaces de ejercer sobre él una coacción de signo contrario, lo que colocaría a los primeros por encima del nivel de un cosúbdito, en personas con deberes y sin derechos a causa de los privilegios. [7]
ii) Y Marx lo ha dicho, también, de maneras diversas, por ejemplo en la parte propositiva del Manifiesto, resaltó con bastardilla la siguiente frase: "No más deberes sin derechos, no más derechos sin deberes”. Importante cita para alguien que, como Marx, fue muy crítico de los derechos, burgueses. Y también, por supuesto, la archiconocida cita del Manifiesto -de Marx y Engels- sobre la propiedad personal: “la propiedad bien adquirida, fruto del trabajo, del esfuerzo personal, esa propiedad que forma la base de toda libertad, de toda actividad y de toda independencia individual que el progreso de la industria ha abolido”.
Ambos clásicos, Kant y Marx, articulan la crítica a la desposesión producto de una propiedad privada excluyente en términos de ilibertad o servidumbre, y nunca en términos de una injusta distribución de recursos. Para Kant, se trata de la ausencia de libertad de quienes ”no pueden conservar su existencia (su sustento y protección) por su propia actividad, viéndose forzados a ponerse a las órdenes de otros”[8]. Y Marx, al referirse al trabajo asalariado: “El esclavo romano era retenido por medio de grilletes; el obrero asalariado está ligado a su propietario por hilos invisibles”.
Las citas elegidas poseen un núcleo conceptual común: republicanamente libre sólo lo son quienes pueden trabajar en condiciones manejadas por sí mismos, en palabras de Marx, o en las de Kant: republicanamente libre es cualquiera que sea capaz de conservar su existencia por medio de la actividad propia.
Pero también hay otro nudo conceptual que comparten nuestros clásicos y que sería interesante indagar: para ambos, la imposibilidad de lograr esa libertad depende de la distribución social de la propiedad. Para el prusiano dieciochesco “de los privilegios de las corporaciones (como la Iglesia y la Nobleza) que pretendían hacer valer como naturales sus derechos de propiedad sobre la tierra, intentando frenar -en nombre de la injusticia en la conculcación de sus derechos- cualquier tipo de enajenación que en función de la libertad de todos a adquirir una parcela del suelo (la sustancia de cualquier tipo de adquisición posterior) proceda a regular tales privilegios”. (Kant, 1989, 325). Para Marx: "No queremos de ninguna manera abolir la apropiación personal de los productos del trabajo, indispensable para la reproducción de la vida humana, esa apropiación que no deja ningún beneficio que pueda dar un poder sobre el trabajo de otros... Nos reprocháis, pues, el querer abolir una forma de propiedad que no puede existir sino a condición de que la inmensa mayoría de la sociedad sea privada de propiedad." (Marx, 1872).
En ambos clásicos, por supuesto, las distintas formas de propiedad y apropiación confiscatorias de la libertad externa de todos, están históricamente indexadas y siempre lo estuvieron. Marx lo expresó como el secreto de la acumulación originaria, una acumulación «originaria» anterior a la acumulación capitalista –como la denominó Adam Smith- que no es fruto del régimen capitalista de producción, sino su punto de partida. Algunos de esos puntos de partida son los que describía Kant: por ejemplo cuando que el jefe del estado (el gobernante) de una monarquía absoluta era dueño de dominios privados para su propio disfrute, corriéndose así el peligro de que la propiedad del suelo quedara en sus manos y que los súbditos se conviertan en siervos de la gleba; o que las corporaciones, rangos y órdenes, a causa de sus privilegios, transmitieran el suelo a las siguientes generaciones hasta el infinito.[9]
‘Kant y Marx’ sigue hoy siendo un título provocativo, en parte porque nos hemos acostumbrado y acomodado -por las prisas y la parcelación de los saberes académicos- a una filosofía política discontinua: Kant o Marx, Kant o Aristóteles… No es fácil revertir tales inercias interpretativas. Es posible que leerlos como pensadores –entre otros pensadores- que comparten una misma tradición filosófico-política, sea un buen comienzo para revertir tal discontinuidad. El camino fue abierto y cimentado por Toni Domènech, ahora toca continuarlo, sin prisa pero sin pausa.
Este texto es una versión castellana y parcialmente modificada de un artículo publicado por su autora en la revista Nous Horitzons, nº 218, que conmemora el bicentenario del nacimiento de Karl Marx.

[1] Domènech, A. (2004) El eclipse de la fraternidad. Una lectura republicana de la tradición socialista. Barcelona, Crítica.
[2] Así lo escribió acertadamente el filósofo Ulrich Ruschig a quien remito por la pertinencia de sus conceptos, aunque no sigo su interpretación final de las razones para hablar de ‘Kant und Marx’. Ulrich Ruschig (2004), Kant und Marx, http.www.unioldenburg.de/fileadmin/user_upload/philosophie/download/Kant+Marx...).
[3] Negt, Oskar (2004) Kant y Marx. Un diálogo entre épocas. Traducción de J.M.Ripalda, Madrid, Trotta,
[4] Para una reseña histórica de Kant y el socialismo: van der Linden, H (1988), Kantian Ethics and Socialism, Indianapolis, Hackett Pub. Co.
[5] Kant.I, KW, MdS I, VI, 330. Versión castellana de Cortina, Adela y Conill, Jesus: Metafísica de las Costumbres, Madrid, 1989. Kant utiliza la palabra subjectus en su sentido original latino, como un mero súbdito, sometido como servus al señor, que se apodera de sus fuerzas propias.
[6] Kant, I, KWTuP, VIII, 296. Versión castellana de Rodriguez Aramayo, R (2013) “En torno al tópico: Esto vale para la teoría pero no sirve para la practicea” en ¿Qué es la Ilustración? Madrid, Alianza.
[7] Kant (2001), 292.
[8] Kant, I (1989) , 315.
[9] Kant, I, (1989),262, 324,

es miembro del comité de redacción de Sin Permiso
Fuente:
www.sinpermiso.info, 23-9-18

Capitalismo, socialismo e ilibertad. Por, Paul Krugman 17/09/2018

Capitalismo, socialismo e ilibertad

En este momento hay dos artículos en la página de inicio del New York Times –una pieza de opinión de Corey Robin, y un análisis de noticias de Neil Irwin– que creo que deberían ser leídos juntos. Como pareja, captan mucho de lo que hay de equivocado en la ideología neoliberal (y sí, creo que ese es el término correcto aquí) que ha dominado gran parte del discurso público desde la década de 1970.
Después de todo, ¿cuáles son los reclamos para vender impuestos bajos y mínima regulación económica? Parcialmente, por supuesto, la reivindicación de que un gobierno pequeño es la clave para conseguir geniales resultados económicos, que si la marea sube, suben todos los barcos. Esta reivindicación persiste –porque hay poderosos intereses económicos que quieren que persista– incluso a pesar de que la era de dominio neoliberal ha estado, de hecho, marcada por un crecimiento económico mediocre que no ha sido compartido con los trabajadores ordinarios:
La otra reivindicación, sin embargo, ha sido que los mercados libres se traducen en libertad personal: que una economía de mercado desregulada libera a la gente corriente de la tiranía de las burocracias. En un mercado libre, continúa la historia, no necesitas adular a tu jefe o a la compañía que vende tus productos, porque saben que siempre puedes acudir a otra persona.
Lo que señala Robin es que la realidad de una economía de mercado no se parece nada a eso. De hecho, la experiencia diaria de decenas de millones de estadounidenses –especialmente aquellos que no ganan mucho dinero, pero no solo– es una de constante dependencia de la buena voluntad de empleadores y otros actores económicos más poderosos.
Es cierto que, como Brad DeLong dice, mucho de los ejemplos de Robin en realidad son aplicables a cualquier sistema económico complejo: he gastado mi tiempo tratando tanto con Verizon como con la administración de la Seguridad Social, y en ambos casos mi estatus socioeconómico desde luego lo hizo mucho más fácil de lo que hubiera sido para cualquier trabajador con un salario mínimo. (Por otro lado, he tenido sistemáticamente buenas experiencias en el vilipendiado DMV[1]). Pero la idea de que los mercados libres eliminan las relaciones de poder de la ecuación es simplemente naif.
Y es incluso más naif ahora de lo que lo fue hace unas décadas porque, como indica Irwin, los actores económicos grandes dominan la economía más y más. Está cada vez más claro, por ejemplo, que el poder monopsónico está haciendo caer los salarios; pero eso no es lo único que hace. La concentración de la contratación en unas pocas empresas, junto con elementos como cláusulas de no competencia y colusión tácita que refuerzan su poder de mercado no solo reducen tu salario si eres contratado. También reducen o eliminan tus opciones si eres maltratado: renuncia porque hayas tenido un jefe abusivo o problemas con la política de la compañía, y puede que tengas graves problemas para conseguir un nuevo empleo.
¿Pero que se puede hacer al respecto? Corey Robin dice “socialismo” –pero hasta donde puedo entender, realmente quiere decir socialdemocracia: Dinamarca, no Venezuela–. Las protecciones a los empleados obligadas por el gobierno puede que restrinjan la capacidad de las corporaciones para contratar y despedir, pero también blindan a los trabajadores contra algunas formas muy reales de abuso. Los sindicatos, en cierto modo, limitan las opciones de los trabajadores, pero también ofrecen un importante contrapeso contra el poder corporativo monopsónico.
Ah, y los programas de una red de seguridad social pueden hacer mucho más que limitar la miseria: pueden ser liberadores. He conocido a muchas personas que se quedan atascadas con empleos que aborrecen por miedo a perder la cobertura sanitaria; el Obamacare, defectuoso como es, ha reducido notablemente ese tipo de “bloqueo”, y una completa garantía de cobertura sanitaria haría a nuestra sociedad visiblemente más libre.
El otro día me divertía con el índice de libertad económica entre estados del Cato Institute, que encuentra a Florida el más libre y a Nueva York el menos libre. (¿Está bien que yo escriba esto, camarada comisario?) Como señalé, la libertad al estilo Cato parece asociarse, entre otras cosas, con una alta mortalidad infantil. ¡Vive libre y muere! (New Hampshire está justo detrás de Florida).
Pero, seriamente, ¿las diferencias reales entre Nueva York y Florida hacen a los neoyorquinos menos libres? Nueva York es un estado altamente sindicado –el 25,3 por ciento de la fuerza de trabajo– mientras que solo el 6,6 por ciento de los trabajadores de Florida están representados por sindicatos. ¿Hace esto a los trabajadores de Nueva York menos libres, o les empodera contra el poder corporativo?
Asimismo, Nueva York ha expandido el Medicaid y ha intentado que funcionen los intercambios según la ACA [Affordable Care Act], de modo que solo el 8 por ciento de los adultos no ancianos carece de seguro médico, comparado con el 18 por ciento de Florida. ¿Se resienten los neoyorquinos bajo la pesada mano de la ley sanitaria, o se sienten más libres sabiendo que corren mucho menos riesgo de arruinarse por una emergencia médica, o de ser lanzados al abismo si pierden su empleo?          
Si eres un profesional altamente remunerado, probablemente no haya mucha diferencia. Pero intuyo que la mayoría de los trabajadores se sienten al menos algo más libres en Nueva York que en Florida.

Ahora bien, no hay respuestas perfectas al sacrificio inevitable de algo de libertad que implica vivir en una sociedad compleja; no hay utopía en el menú. Pero los abogados del poder corporativo sin restricciones y la mínima protección de los trabajadores se han salido con la suya durante demasiado tiempo, fingiendo que son los defensores de la libertad –la cual, en realidad, no es otra palabra para decir que ya no te queda nada que perder.                                          


[1] N. del. T.: el equivalente a la española Dirección General de Tráfico.

Premio Nobel de Economía en 2008, es profesor en el Graduate Center de CUNY (Universidad de la Ciudad de Nueva York) y columnista del New York Times.
Fuente:
The New York Times, 26 de agosto de 2018
Traducción:
David Guerrero
T

La estafa de las revistas científicas se acerca a su fin. POR, George Monbiot

La estafa de las revistas científicas se acerca a su fin

Los contribuyentes desembolsan dos veces: primero para financiar la investigación y luego para leer el trabajo que han patrocinado. Tal vez haya justificaciones legales, pero éticas no hay ninguna.
Nunca subestimen el poder de una persona decidida. Primero fue Edward Snowden, con el sistema de seguridad estatal; luego la periodista británica Carole Cadwalladr, con sus investigaciones sobre el Big Data y Facebook; y ahora Alexandra Elbakyan, la joven científica kazaja que ha puesto patas arriba a una industria devenida en multimillonaria gracias a las barreras de pago para el conocimiento.
Sci-Hub, el rastreador web que Elbakyan fundó en 2011 para publicar artículos de acceso restringido, ha hecho más que ningún gobierno para enfrentar una de las mayores estafas de la era moderna: la que convierte en beneficios privados las investigaciones públicas que nos pertenecen a todos.
Todas las personas deberían tener la libertad de aprender y el conocimiento debería ser difundido de la forma más amplia posible. A nadie se le ocurriría decir que está en desacuerdo con estas afirmaciones. Sin embargo, los gobiernos y las universidades han permitido que las grandes editoriales académicas nieguen esos derechos. Tal vez la edición académica parezca un asunto oscuro y antiguo, pero su modelo de negocio está entre los más despiadados y rentables de todos.
El famoso timador Robert Maxwell fue uno de sus pioneros. Cuando vio que los científicos necesitaban estar informados sobre todos los desarrollos significativos que se dieran en su campo, entendió que las revistas que publicaban los artículos académicos con esos avances podían volverse monopólicas, cobrando tarifas exorbitantes por la transmisión del conocimiento. A su hallazgo lo llamó la "máquina de financiación perpetua".
Maxwell también se dio cuenta que podía apropiarse del trabajo y los recursos de otras personas a cambio de nada. Los gobiernos financiaban la investigación que Pergamon, su compañía, publicaba; y los científicos escribían, revisaban y editaban las revistas sin cobrar. Su modelo de negocio se basaba en poner una barrera a los recursos públicos y de todos. O para usar el término técnico, un robo a plena luz del día.
Cuando sus otros emprendimientos empezaron a tener problemas, Maxwell vendió Pergamon al gigante editorial holandés Elsevier. Como todos sus grandes rivales, Elsevier ha mantenido hasta la fecha el modelo de negocio, con beneficios que siguen siendo espectaculares.
Cinco empresas publican la mitad de toda la investigación que se hace en el mundo: Reed Elsevier, Springer, Taylor & Francis, Wiley-Blackwell y la American Chemical Society. Para tener acceso a sus paquetes de revistas, las bibliotecas desembolsan fortunas. A los que no pertenecen al sistema universitario se les exige un pago de 20, 30 y a veces hasta 50 dólares por la lectura de un solo artículo.
Aunque las revistas de acceso abierto han crecido mucho, los investigadores siguen necesitando los artículos de pago de las revistas comerciales. A muchos no les queda otra alternativa que publicar sus investigaciones con estas empresas porque las personas que financian, recompensan o promocionan su trabajo los evalúan por el alcance de las revistas en las que se leen sus papers. Toda una estafa sobre la que ningún ministro de Ciencia ha dicho una sola palabra.
Este año  me diagnosticaron cáncer y tuve que elegir entre varios tratamientos alternativos. Antes de tomar una decisión quise documentarme. Es decir, leer artículos científicos. De no ser por el material pirateado que encontré en Sci-Hub, habría tenido que gastar miles de libras. Pero igual que la mayoría de la gente, no tengo ese dinero, así que me habría dado por vencido antes de adquirir la información necesaria. Solo puedo especular con lo que habría ocurrido de no tener acceso a esos papers que influyeron en mi decisión, pero es posible que Elbakyan, a la que no conozco, me haya salvado la vida.
Como muchos científicos de países con programas de investigación poco dotados, Elbakyan se dio cuenta de que no podría terminar su investigación en neurociencia sin artículos pirateados. Indignada por la barrera en los conocimientos que levantaban las revistas, utilizó sus habilidades como hacker para compartir los papers con la comunidad. Sci-Hub permite el acceso libre a 70 millones de papers que, de otra manera, estarían bloqueados detrás de las barreras de pago.
En el año 2015, la demandó Elsevier y ganó 15 millones de dólares por los daños y perjuicios causados con la infracción de los derechos de autor. En 2017, y por una demanda de la American Chemical Society, le pusieron  una multa de 4,8 millones de dólares.
Los dos fueron casos civiles, relativos a asuntos civiles. Los tribunales estadounidenses consideran que las acciones de Elbakyan constituyen una violación a los derechos de autor y un robo de información, pero para mí su trabajo es una forma de devolver al dominio público cosas que nos pertenecen y por las que hemos pagado.
En la gran mayoría de los casos, las investigaciones denunciadas como pirateadas han sido pagadas por los contribuyentes. La mayor parte del trabajo de redacción, revisión y edición se desarrolla en universidades y con fondos estatales. Pero este bien público es capturado, empaquetado y vendido de nuevo a los contribuyentes por unas tarifas desproporcionadas.
Las bibliotecas públicas son las que más pagan por ellos. Los contribuyentes desembolsan dos veces: primero para financiar la investigación y luego para leer el trabajo que han patrocinado. Tal vez haya justificaciones legales para esta práctica. Justificaciones éticas no hay ninguna.
Alexandra Elbakyan vive ocultándose. Lejos de la jurisdicción de los tribunales estadounidenses, va cambiando de dominio a Sci-Hub a medida que hacen caer la página.
No es la única persona que ha desafiado a las grandes editoriales. La Biblioteca Pública de Ciencia ( Public Library of Science) fue fundada por investigadores que se oponían a la forma en que la industria impide el acceso público al conocimiento. También protestaban por la lentitud, la torpeza y la antigüedad de un proceso de publicación que frena la investigación científica. Han demostrado que no hace falta pagar para tener revistas excelentes, con defensores como Stevan Harnad, Björn Brembs, Peter Suber y Michael Eisen cambiando la percepción del público sobre el tema.
Aaron Swartz, el brillante innovador de Internet, intentó compartir en el dominio público 5 millones de artículos científicos.  Se quitó la vida cuando se vio ante la posibilidad de pasar décadas encerrado en una prisión federal estadounidense por aquel acto desinteresado.
Las bibliotecas ahora se sienten capaces de enfrentarse a las grandes editoriales. Pueden negarse a renovar los contratos porque saben que sus usuarios tienen alternativas para evitar la barrera de pago. Ahora que el sistema comienza a chirriar, los organismos de financiación estatal encuentran por fin el valor de hacer lo que deberían haber hecho hace décadas: exigir la democratización del conocimiento.
Un consorcio europeo de estos organismos (entre ellos, las principales agencias de investigación del Reino Unido, Francia, los Países Bajos e Italia) publicó la semana pasada su Plan S. A partir de 2020, insisten, la investigación que ya haya sido pagada con impuestos dejará de estar bloqueada. Todos los investigadores que se financien con estos organismos deberán publicar su trabajo exclusivamente en revistas de acceso libre.
Las editoriales están enfurecidas. Springer Nature ha argumentado que el plan "podría socavar todo el sistema de publicación de investigaciones". Sí, esa es la idea. Los  editores de la serie Science sostienen que "interrumpiría las comunicaciones académicas, perjudicaría a los investigadores y tendría un efecto negativo sobre la libertad académica". "Si crees que la información no debería costar nada, usa Wikipedia", dice Elsevier recordándonos, sin darse cuenta, lo que ocurrió con las enciclopedias comerciales.
El Plan S no es perfecto, pero debería ser el principio del fin del escandaloso legado de Maxwell. Mientras tanto, y como una cuestión de principios, no pagué ni un céntimo por leer un artículo académico. La elección ética es leer el material robado que publica Sci-Hub.
Traducido por Francisco de Zárate

Es autor, entre otros best sellers, de los libros The age of consent: a manifesto for a new world order (La era del consenso: manifiesto para un nuevo orden mundial), y Heat (Calor: cómo parar el calentamiento global). Es colaborador habitual de The Guardian.
Fuente:
https://www.eldiario.es/theguardian/estafa-revistas-cientificas-acerca-fin_0_814368712.html

lunes, 10 de septiembre de 2018

Adiós a Samir Amin Luciana Castellina 07/09/2018

Desaparecido a los 87 años en París, Samir Amin, intelectual “bohémien” marxista que razonaba en términos globales, desempeñó papeles de primer orden en el Egipto de Nasser y en Mali, y luego en los foros sociales de Porto Alegre y en el movimiento “no global”.
Mi correo electrónico se ha llenado en pocas horas: mensajes de todo el mundo por la muerte de Samir Amin. Un golpazo, porque su desaparición no vino anunciada por una larga enfermedad sino por un reciente traslado de Dakar a un hospital de París. Isabelle, su compañera desde hace más de medio siglo, presente en su inesperado fallecimiento, se desvaneció al volver a casa, rompiéndose el fémur, y está ahora a su vez en el hospital, y así a la desolación se añade la tristeza de no poder siquiera abrazarla por teléfono.
La procedencia de los mensajes  – África, sobre todo, pero también Asia, América Latina, Europa – testimonia por sí misma la personalidad y el papel que ha tenido en la izquierda mundial: no sólo como marxista capaz de poner al día sin dogmatismos su pensamiento ante las abrumadores mutaciones de postguerra, sino como militante politico.
Uno de los últimos grandes intelectuales comprometidos 180 grados en las batallas de los movimientos de este escorzo de siglo, siempre dispuesto a participar y a debatir con los chicos, como sabrá bien cualquiera que haya tomado parte en el  Foro Social Mundial. Llevando a cada asamblea su obstinado optimismo de la voluntad: «Debemos construir la V Internacional», nos prevenía, y no se cansaba de repetirlo, aunque al Foro, una de las citas más varipintas de la Historia, le costara a veces captar el mensaje; pero tenía razón Samir al insistir que los arco iris son hermosos, pero no bastan si se quiere construir «el otro mundo posible».
Pero para todos los participantes su autoridad era indiscutida. Tuvo impacto tambén su última reprimenda contra los [soberanistas] catalanes: “La ideologia dominante” – llegó a escribir hace pocos meses  – ha logrado así su objetivo: substituir la prioridad de la conciencia social por el primado de otras identidades, en este caso la nacional. Es una deriva trágica». Y, había añadido después de asistir a un debate en Barcelona: «Sólo he oído decir a uno de los presentes, a alguien de Podemos, que nunca habría apoyado a un gobierno de derechas, aunque fuera catalán».
Para nosotros, los de il manifesto, Samir Amin ha sido muy importante: lo conocimos al inicio de los años 70, recuerdo todavía el encuentro en mi casa, estando él con otros dos egipcios, cuyos nombres ocultaba un pseudónimo único convertido luego en célebre –Mahmud Hussein (el primer libro de ellos nos descubrió la lucha de clases en el Egipto de Nasser) – y también, no recuerdo si ya la primera vez o sólo la segunda, estando él André Gunder Frank, alemán, pero ya desde hacía tiempo chileno. Eran los primeros marxistas del Tercer Mundo, y nos enseñaron a razonar en términos globales, fuera del gueto eurocéntrico, y por lo tanto, lo que significaba “la acumulación a escala mundial”. Si il manifesto ha sido  la expresión de una izquierda rica y articulada, se lo debemos a este injerto. Que no tuvo nunca las características de un tercermundismo desinteresado de las problematicas del capitalismo avanzado, o, peor, veteado de descofianzas identitarias.
Samir fue de hecho protagonista de todas las redes internacionales marxistas, ortodoxas y heterodoxas, que de cincuenta años a esta parte han animado el debate de la izquierda mundial: los encuentros anuales en Nueva York de la Socialist Scholars Conference, hoy Left Conference, así como, por dar otro ejemplo, los de la Round Table for Socialism, que, también cada año hasta el final de Yugoslavia, se celebraban en Cavtat, presentes, también en el furor de la ruptura, soviéticos y chinos, albaneses y americanos (Sweezy siempre), el PCI igual que il manifesto.
Querría recordar dos encuentros de los últimos con Samir, y perdonadme si me atañen: uno, ya lejano, con ocasión de su ochenta cumpleaños. Sus compañeros egipcios invitaron a veintena de amigos procedentes de todo el mundo a un simposio en su honor que tuvo lugar a bordo de una embarcación que partió de Asuán para recorrer todo el Nilo, y en la cual se se discutía todos los días sobre temas diversos, y en cada puerto se visitaban las maravillas del antiguo Egipto, de las cuales Samir no acababa de estar orgulloso.
El último, no hace muchos meses, en Moscú, para el centenario de la Revolución de Octubre. Estábamos los dos invitados por el grupo “Alternative” de Alex Buzgalin, comunistas pero no ortodoxos, que organizaron un extraordinario congreso  internacional en 2017. Para la sesión de clausura, Alex, que es también un compañero extravagante, había montado un teatrillo pidiéndonos a algunos de nosotros que encarnáramos a un protagonista de la Historia e improvisáramos un espectáculo. A mí me tocó ser Alexandra Kollontai, a Samir, Stalin, a un compañero griego, Trotski, y así todo. Siendo la primera que debía tomar la palabra, le pregunté a Samir: «Compañero Stalin, pero ¿de verdad hacía falta asesinar a Trotski?». Y Samir, espabilado, me respondió: “No, no, fue un verdadero error. Un error de mis servicios de información: me habían dicho que era todavía importante y, por el contrario, ya no contaba nada, por lo que fue algo del todo inútil”. Porque Samir era también muy, muy divertido.
es una reconocida periodista y analista política italiana que colabora regularmente con el cotidiano comunista Il Manifesto. Fue miembro del partido socialista y pacifista Democrazia Proletaria y luego de Rifondazione Comunista. Ha sido diputada en el Parlamento italiano y en el europeo. Recientemente se ha adherido al llamamiento a una lista unitaria de la izquierda italiana para las elecciones europeas impulsado por figuras como Luigi Ferrajoli, Rossanna Rossanda, Pietro Ingrao o Danilo Zolo.
Fuente:
il manifesto, 14 de agosto de 2018