jueves, 3 de agosto de 2017

Ofensiva imperial y resistencia de los pueblos Roberto Regalado

Ofensiva imperial y resistencia de los pueblos

         
31/07/2017
Opinión
gran_garrote.jpg
La política imperialista hacia la región y su círculo vicioso, el imperialismo norteamericano no ha cesado ni cesará, mientras exista y crea tener fuerza para hacerlo”.


Agradezco al Movimiento Salvadoreño de Solidaridad con Cuba, al Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos y a la Embajada de Cuba en El Salvador, por la invitación a participar en este II Encuentro Centroamericano de Solidaridad con Cuba, con una presentación sobre el tema «América Latina y el Caribe: ofensiva imperial y resistencia de los pueblos».

Desde la conquista y colonización europea, los pueblos y naciones que integran la América Latina y el Caribe han enfrentado la dominación foránea, primero colonialista, luego neocolonialista y por último imperialista. Los Estados Unidos desataron la puja por erigirse en la potencia dominante del continente a partir del momento mismo en que proclamaron su independencia, en 1776. Para alcanzar ese objetivo desarrollaron dos mecanismos complementarios:

  • El mecanismo principal y el más antiguo, utilizado por primera vez en 1777 para anexarse a la Luisiana Francesa, es la amenaza y el uso de la fuerza, en particular, la realización de acciones unilaterales de fuerza. La historia de América Latina y el Caribe está plagada de estas acciones en su contra por parte de Estados Unidos
  • El otro mecanismo, que data del período en que los Estados Unidos se convirtieron en nación imperialista, a finales del siglo XIX, es la construcción de un sistema de dominación continental mediante el cual imponer su hegemonía, es decir, mediante el cual hacer que los pueblos y naciones dominados asuman como propios los intereses, los valores y la ideología de la potencia que los domina

El propósito inalcanzado –y en mi opinión inalcanzable– del imperialismo norteamericano es lograr un acople perfecto de estos dos mecanismos complementarios de dominación. Con otras palabras, es crear una «tenaza» cuyos brazos, el de la fuerza y el de la hegemonía, aprisionen al subcontinente. ¿Acaso no es esto lo que vemos en Venezuela, donde la desestabilización interna (la fuerza) y la injerencia de la OEA (la hegemonía regional) se complementan y retroalimentan?

Hay cinco momentos en que los Estados Unidos han creído tener condiciones óptimas para lograr la síntesis de ambos mecanismos de dominación:

El primero de esos momentos, como ya mencioné, data de finales del siglo XIX, cuando hicieron el primer amago de construir el llamado Sistema Interamericano, con la celebración de la I Conferencia Internacional de las Repúblicas Americanas, de 1889‑1890, y la Conferencia Monetaria de las Repúblicas de América, de 1891. Este resultó ser un intento prematuro y frustrado, debido al peso de Inglaterra como potencia neocolonial dominante en América del Sur.

El segundo tuvo lugar a raíz de la Gran Depresión de 1929-1933, la cual destruyó el imperio neocolonial inglés en América del Sur. Este fue otro intento prematuro y frustrado porque, si bien desapareció la competencia imperialista extracontinental, los Estados Unidos aún carecían de la fuerza política y económica suficiente para vencer el rechazo de América Latina a someterse a su dominación.

El tercero se produjo en el momento en que los Estados Unidos emergieron intactos y omnipotentes de la II Guerra Mundial y, junto a Inglaterra, provocaron el estallido de la Guerra Fría, utilizada por el gobierno estadounidense como mecanismo de presión para completar la construcción del Sistema Interamericano, cuyo núcleo central, la Organización de Estados Americanos (OEA) se fundó en 1948. Aquí hubo una diferencia: este fue un tercer intento frustrado pero, en este caso, no fue prematuro, pues sí tenían condiciones para hacerlo. Lo frustró el triunfo de la Revolución Cubana, el 1ro de enero de 1959, y la subsiguiente apertura de una nueva etapa de luchas populares que se extendió durante tres décadas.

El cuarto transcurrió en la coyuntura creada por el derrumbe del bloque socialista europeo y el fin de la bipolaridad mundial de posguerra. En la creencia de que las fuerzas revolucionarias, de izquierda y progresistas estaban derrotadas, total y definitivamente, tanto en el mundo en general, como en América Latina y el Caribe en particular, en 1989, el imperialismo norteamericano inició una reestructuración y revitalización integral de su sistema de dominación continental, sustentada en tres pilares:

  • El pilar político fue la implantación de «democracias neoliberales», sometidas a mecanismos transnacionales de imposición, control y sanción de «infracciones». Uno de estos mecanismos fue la OEA, reestructurada y relanzada a tal efecto.
  • El pilar económico consistió en el intento, pronto derrotado, de crear el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), acompañado de la firma de Tratados de Libre Comercio bilaterales y subregionales (TLC) que sí fueron establecidos
  • El pilar militar –cuya primera concepción fue también derrotada, a saber, la creación de un cuerpo militar semejante a los cascos azules de la ONU– derivó en el aumento de la presencia militar estadounidense en la región mediante la apertura de bases militares y el restablecimiento de la IV Flota

El cuarto intento de cerrar la «tenaza» también se frustró, por un (para ellos) inesperado nuevo auge de las luchas populares, que desembocó en la ocupación, por primera vez en la historia de América Latina y el Caribe, de espacios institucionales en los poderes del Estado por parte de fuerzas de izquierda y progresistas, incluido el ejercicio del Poder Ejecutivo en un considerable número de países.

¿Cómo se explica que esto ocurriera a menos de una década del derrumbe de la URSS? Téngase en cuenta que su colapso ocurrió el 25 de diciembre de 1991, y que el 6 de diciembre de 1998 –apenas 6 años, 11 meses y 19 días– Hugo Chávez –nacido un día como hoy hace 63 años– ganaba su primera elección a la Presidencia de Venezuela y, con ese triunfo, abría la cadena de elecciones y reelecciones de gobiernos de izquierda y progresistas, interrumpida a finales de 2015 por la derrota del candidato del Frente para la Victoria de Argentina. Esos triunfos se explican por cuatro factores:

  • El acumulado histórico de las luchas populares, en especial, a partir del triunfo de la Revolución Cubana, que de ningún modo podía desaparecer como resultado del fracaso de la experiencia soviética
  • El rechazo a los métodos tradicionales de dominación violenta, que forzó al imperialismo y las oligarquías criollas a recurrir a formas más mediadas y sofisticadas de dominación
  • El acumulado social y político de los movimientos populares y las fuerzas políticas de izquierda y progresistas en lucha contra el neoliberalismo
  • El voto de castigo de amplios sectores sociales contra las fuerzas políticas y los gobiernos neoliberales

El quinto intento de cerrar la «tenaza» de la dominación de América Latina y el Caribe es en el momento actual, en el que el imperialismo norteamericano y las oligarquías criollas desarrollan una estrategia desestabilizadora destinada a derrotar o derrocar a los gobiernos de izquierda y progresistas, con la cual han tenido éxitos y sufrido derrotas. No ahondaré en este tema, abordado de modo extenso, profundo y acertado por muchos compañeros y compañeras. Baste decir que, para hablar de esa estrategia, podemos parafrasear los conceptos «guerra de espectro completo» y «dominación de espectro completo» formulados por la Dra. Ana Esther Ceceña, y llamarla «desestabilización de espectro completo».

Voy aprovechar el limitado tiempo del que dispongo para, al menos mencionar, tres problemas que no han recibido igual atención:

  • El primero es el antagonismo del sistema político de democracia burguesa con los proyectos, procesos y gobiernos de izquierda y progresistas
  • El segundo es el objetivo de la política del imperialismo norteamericano hacia la región, y el círculo vicioso en que esa política se encuentra encerrada
  • El tercero es la necesidad de una evaluación autocrítica de las fortalezas y debilidades de nuestros proyectos, procesos, fuerzas políticas y gobiernos

Con relación al primer problema, el antagonismo entre el sistema y nuestros objetivos, reitero la conocida idea de que la democracia liberal es un sistema de dominación y subordinación de clase ejercido por la burguesía. Con mucho acierto, Gramsci observó que las fuerzas populares organizadas pueden y deben abrirse espacios dentro de ella, y aprovecharlos para arrancarle concesiones a la clase dominante. Entre otros muchos casos registrados en la historia en los que esa idea gramsciana fue llevada a la práctica, constatemos que eso es lo ocurrido en los países de América Latina y el Caribe gobernados por fuerzas políticas de izquierda y progresistas desde finales de la década de 1990. Sin embargo, ello no niega ni invalida el hecho de que la democracia burguesa no fue concebida para que fuerzas populares establezcan su control sobre los poderes del Estado, sino para evitarlo, y que cuando ello ocurre en virtud de determinada correlación de fuerzas, la función del sistema es expulsarlas de los espacios institucionales que ocuparon. Es algo semejante a los anticuerpos generados por las y los seres humanos para cercar, debilitar, aniquilar y expulsar a los virus y bacterias que ingresan a su organismo. Eso es lo que el sistema hace contra nuestros gobiernos con la desestabilización de espectro completo.

Debemos comprender que se ha producido un cambio cualitativo en la situación política de América Latina y el Caribe, y actuar en consecuencia. La tendencia regional favoreció la elección de gobiernos de izquierda y progresistas entre 1999 y 2009, pero a partir de desde ese último año la desfavorece, en especial, desde de 2014. Esa tendencia negativa no se revertirá por sí sola, ni de manera aleatoria. Por supuesto que, donde somos gobierno, luchamos hasta con las uñas y los dientes para que no nos expulsen de él, y donde nos desalojaron, luchamos de la igual forma para recuperarlo. Pero esta defensa o recuperación del gobierno ha de tener un horizonte mayor: tiene que estar sustentada por un proyecto de transformación social revolucionaria.

Imaginemos que Lula derrote las maniobras jurídicas destinadas a condenarlo, encarcelarlo y privarlo de sus derechos políticos, y que gane las próximas elecciones presidenciales en Brasil: ¿acaso va a poder gobernar enfrentado al mismo Senado, a la misma Cámara de Diputados, al mismo sistema judicial y a los mismos poderes fácticos que derrocaron a Dilma Rousseff y lo criminalizaron a él? No, es imposible retornar a la situación en que Lula ganó la Presidencia de Brasil, el 27 de octubre de 2002. Ya no es el mismo Brasil, ni el mismo PT, ni el mismo Lula. No podemos mirar ni caminar hacia atrás; tenemos que mirar y caminar hacia adelante. Del pasado sacamos experiencias positivas y negativas, para marchar hacia el futuro.

La respuesta de Lula a los cambios ocurridos, que también debe ser la nuestra, no puede circunscribirse al terreno electoral: la respuesta es construir hegemonía y poder popular, y avanzar hacia la construcción de un nuevo sistema social en las entrañas del hoy imperante. La decisión de cuán rápido o despacio avanzar en la construcción de ese nuevo sistema social no será resultado de la aplicación de una ciencia exacta. Será una decisión inevitablemente subjetiva sobre la cual habrá diversos puntos de vista, muchos de ellos contradictorios y hasta antagónicos entre sí. No será una decisión fácil, ni a prueba de error, pero es imposible evadirla.

Quizás las dos principales lecciones del negativo cambio en la correlación regional de fuerzas ocurrido en los últimos años sean: que los espacios de poder estatal, no importa cuán sólidos y duraderos aparenten ser, son frágiles y efímeros si no se sustentan en una real y efectiva construcción de hegemonía y poder popular; y el hecho de que existe una abismal y trágica diferencia entre creernos que estamos construyendo hegemonía y poder popular desde el gobierno, y construirlos de verdad. Esto no se puede hacer «de arriba para abajo», sino con una fluida y constructiva interacción que vaya, primero y principalmente, «de abajo para arriba», y solo después, «de arriba para abajo».

Si creímos, como yo creí, que existía una diferencia fundamental en el blindaje contra los embates sistémicos entre los procesos más profundos y abarcadores de transformación política –como los de Venezuela, Bolivia y Ecuador– y los procesos de reforma no rupturistas con el statu quo –como, por ejemplo, los de Honduras, Paraguay, Argentina y Brasil–, la vida revela que la resiliencia del sistema de dominación funciona contra ambos, que unos y otros son víctimas potenciales del cierre de los espacios democráticos que lograron abrir y, por tanto, sujetos potenciales de expulsión de los espacios institucionales que alcanzaron a ocupar.

Con respecto al segundo problema, la política imperialista hacia la región y su círculo vicioso, el imperialismo norteamericano no ha cesado ni cesará, mientras exista y crea tener fuerza para hacerlo, de intentar cerrar la «tenaza» de su dominación sobre los pueblos de América Latina y el Caribe, pero hoy esa «tenaza» es casi exactamente la misma en cuyo intento de imposición ya fracasó entre finales de la década de 1980 y principios de la de 1990. Esto significa que el agravamiento de sus contradicciones antagónicas le imposibilita diseñar y ejecutar una nueva política hacia la región. Lo que busca hacer es retroceder el «reloj de la historia»:

  • Primero, reimplantar gobiernos neoliberales «puros y duros» en los países donde estos fueron derrotados y reemplazados por gobiernos de izquierda y progresistas y, además, blindar a los gobiernos neoliberales existentes
  • Segundo, destruir los mecanismos regionales de concertación, cooperación e integración, como ALBA‑TCP, UNASUR y CELAC, y fortalecer los mecanismos de dominación política y económica continental, en los términos aún más leoninos establecidos por el presidente Trump
  • Tercero, seguir ampliando y fortaleciendo su presencia militar directa, extendida a aquellos países donde logren derrotar o derrocar a los gobiernos de izquierda y progresistas que la impidieron o le pusieron fin

Personajes como Macri y Temer podrán sacar partido de la memoria corta de sectores de las sociedades latinoamericanas y caribeñas que olvidaron los efectos del neoliberalismo puro y duro, que no repararon en que los problemas socioeconómicos que los afectan no son culpa de los gobiernos de izquierda y progresistas que, en todo caso, lo que no han tenido es una correlación de fuerzas favorable para revertir las secuelas de más de cinco siglos de dominación y explotación, agravadas al extremo por la reestructuración neoliberal de las décadas de 1980 y 1990, pero, cuando llegan al gobierno, la verdad sale a flote y la conciencia social y política adormecida de esos sectores se reaviva.

En cuanto al tercer problema, la necesidad de una evaluación autocrítica de las fortalezas y debilidades de nuestros proyectos, procesos, fuerzas políticas y gobiernos, parto de la premisa de que la desestabilización de espectro completo nos debilita, e incluso nos destruye, cuando saca partido de nuestras deficiencias y errores, y de que tenemos todas las condiciones para derrotarla cuando somos rigurosos y eficientes en nuestra labor organizativa, política e ideológica, y cuando nuestra relación con el pueblo es fluida, interactiva, constructiva, respetuosa, democrática y transparente.

De los cuatro factores que hace dos décadas contribuyeron a la elección de gobiernos de izquierda y progresistas, descartemos el segundo pues el imperialismo, consciente del rechazo generalizado a sus medios y métodos abiertamente violentos y represivos de dominación, sustituyó los golpes de Estado al estilo de Pinochet, por los golpes de Estado «de nuevo tipo» característicos de la desestabilización de espectro completo.

El factor fundamental que favoreció la ocupación de espacios institucionales por parte de las fuerzas políticas de izquierda y progresistas fue su acumulado histórico. De ello se deriva que la evaluación autocrítica crucial que todas y cada una de esas fuerzas necesitan hacer es: cuánto han acumulado social y políticamente a lo largo de estas dos décadas, cuánto han dejado de acumular y cuánto han desacumulado. Indisoluble relación tiene con esto la descolocación que sufren los movimientos populares. Valter Pomar, dirigente del Partido de los Trabadores de Brasil, analizando la experiencia de los gobiernos de Lula y Dilma explica que esos movimientos, nacidos para luchar en contra del Estado, e históricamente habituados a ello, pueden ser presa del desconcierto y el letargo cuando el Estado lo ocupan fuerzas de izquierda y progresistas, a menos que jueguen un papel protagónico, hombro con hombro con dichas fuerzas, en el proceso de transformación o reforma social.

Por último, está el voto de castigo de amplios sectores sociales que fue determinante en la derrota de las fuerzas políticas y los gobiernos neoliberales. Son esos sectores los que tienen memoria corta, los rehenes de la desestabilización de espectro completo y proclives a ser ganados por las falsas promesas y la mercadotecnia electoral, tal como ya ocurrió en la elección presidencial argentina de 2015, en la elección legislativa venezolana también de 2015 y en el referendo boliviano de 2016 convocado para habilitar una tercera elección consecutiva del presidente Evo Morales.

Compañeras y compañeros:

La situación es muy grave. Podemos vencer o ser derrotados. Ambas posibilidades están abiertas. Para vencer, lo primero que necesitamos es tomar conciencia de la gravedad de la situación. La adopción de posturas justificativas y complacientes nos llevaría directo a la derrota. No podemos limitarnos a denunciar a nuestros enemigos. Por supuesto que hay que denunciarlos, pero ello no basta. Nuestros enemigos están cumpliendo su función, que es defender los intereses del imperialismo y las oligarquías criollas. ¿Acaso pensamos que se iban a dejar arrebatar el monopolio de los poderes del Estado, o que solo iban a luchar para recuperarlo por medios pacíficos y legales?

En su obra, Guerra de guerrillas: un método, publicada en 1963, el comandante Ernesto Che Guevara, cuyo 50 aniversario de su asesinato conmemoramos este año, haciendo gala de su intelecto visionario, sentenció:

[...] la oligarquía rompe sus propios contratos, su propia apariencia de «democracia» y ataca al pueblo, aunque siempre trate de utilizar los métodos de la superestructura, que ha formado para la opresión.

Con franqueza les digo que no sé si las fuerzas de izquierda de América Latina y el Caribe están hoy en condiciones de construir, con la celeridad y la profundidad requeridas, la hegemonía y el poder popular imprescindibles para deconstruir el sistema social imperante, y construir dentro de sus propias entrañas, el que ha de suplantarlo. No sé si están en condiciones de hacerlo en todos los países que fueron gobernados o que siguen siendo gobernados por ellas. En los países donde lo logren, estarán en condiciones de derrotar la desestabilización de espectro completo de la que son objeto. En aquellos países donde no lo logren, se cerrará la «tenaza» de la dominación imperial, se agudizarán la opresión, la explotación y las contradicciones sociales, y más temprano que tarde surgirán nuevas fuerzas y nuevos liderazgos de izquierda, que abran una nueva etapa de luchas emancipadoras, tal como en su momento lo hicieron Fidel y las y los jóvenes que junto a él asaltaron el Cuartel Moncada, gesta cuyo 64 aniversario conmemoramos antier, como en su momento lo hizo Chávez y los militares patriotas del Movimiento Bolivariano 200, como en su momento lo hizo Lula y las y los sindicalistas que junto a él fundaron el Partido de los Trabajadores de Brasil, y como en su momento lo hizo Evo al frente del movimiento indígena y campesino de Bolivia.

De nosotras y nosotros, revolucionarias y revolucionarios latinoamericanos y caribeños, y de nuestros respectivos partidos, organizaciones y movimientos políticos, depende si los procesos de transformación social en beneficio de los pueblos a los que dedicamos nuestras vidas, lograrán derrotar la ofensiva imperial en curso, o si será necesario esperar a que futuras generaciones de luchadoras y luchadores emprendan sus propios procesos transformadores.

Hagamos todo lo posible, empleémonos a fondo, para que no se pierda lo mucho que hemos avanzado, para que esas generaciones de revolucionarias y revolucionarios que nos reemplazarán no tengan que volver a empezar, no tengan que caminar de nuevo lo que ya hemos caminado, para que acumulen sobre lo acumulado por nosotras y nosotros, para que construyan sobre lo que nosotras y nosotros construimos, para que alcancen metas superiores que hoy nos parecen sueños distantes. Nuestro único camino es el que Fidel le trazó un día al pueblo cubano, en medio de una situación sumamente adversa: convertir los reveses en victorias.

Termino con la consigna histórica de la Revolución Cubana: ¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!

- Roberto Regalado es Politólogo, Doctor en Ciencias Filosóficas y Licenciado en Periodismo, miembro de la Sección de Literatura Socio Histórica de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, consultor del Instituto Schafik Hándal y el Centro de Estudios de El Salvador.

Intervención en el II Encuentro Centroamericano de Solidaridad con Cuba, San Salvador, 28 de julio de 2017.



http://www.alainet.org/es/articulo/187213

Operación Milagro. Por, Ignacio Ramonet

Operación Milagro

         
01/08/2017
Opinión
mision-milagro-cuba_-_cuba_debate.jpg
Foto: Cuba Debate
Le llaman « la Ceguera ». Es un conjunto de cuatro modernos edificios situado al suroeste de La Habana (Cuba), concretamente en el verde y boscoso municipio de Marianao. No lejos de la mundialmente conocida sala de espectáculos Tropicana y del que fuera colegio jesuita de Belén[i], donde cursó sus estudios secundarios Fidel Castro. Oficialmente se llama « Instituto Cubano de Oftalmología ‘Ramón Pando Ferrer[ii] » y ahí[iii] es donde se inventó, el 9 de julio de 2004, a iniciativa de Fidel y de Hugo Chávez, la famosa « Operación Milagro » que le ha devuelto la vista a millones de personas ciegas y sin recursos no sólo en Cuba y Venezuela sino en decenas de países de América Latina y del mundo.

El hospital existía, en forma embrionaria[iv], antes de la revolución cubana. Se llamaba « La Liga contra la Ceguera » (de ahí el nombre con el que aún se le conoce popularmente) y había sido fundado en 1956 por un grupo de oftalmólogos humanitarios, financiado por un patronato de beneficencia a base de donaciones voluntarias de la población. Pero la mayoría de sus médicos, después de la victoria de la revolución, abandonaron a sus pacientes y se marcharon a Estados Unidos.

Con el personal que no desertó y se mantuvo fiel al proyecto transformador, poco a poco, gracias también a un grupo de jóvenes oftalmólogos, se retomó el proyecto. Así fue consolidándose la idea de impulsar la creación de un Hospital Docente Oftalmológico enteramente financiado por las nuevas autoridades revolucionarias.

En 1988, a iniciativa del presidente Fidel Castro, se creó, en el seno de este hospital, con los más modernos equipos tecnológicos, el Centro de Microcirugía Ocular que pronto iba a situar a Cuba en los primeros puestos, a nivel mundial, en materia de cirugía de cataratas, miopía y glaucoma. De todo el planeta empezaron entonces a acudir pacientes para someterse a delicadas intervenciones. Y la excelente reputación del « Pando Ferrer » se fue extendiendo por el mundo entero.

«¿Cómo surgió la idea de la ‘operación milagro?», le pregunto al doctor Marcelino Ríos, director del Hospital Pando Ferrer. Acompañados por la Dra Eneida Pérez, que dirige el departamento de cataratas, estamos en su modesto despacho en el que destaca una gran foto en blanco y negro, enmarcada –obra de Alberto Korda-, que muestra en primer plano a Fidel Castro encendiendo un cigarro junto a Che Guevara. El Dr Ríos lleva su bata blanca bien abrochada por encima de una camisa azul, está sentado ante una mesa repleta de libros y documentos, y me cuenta: «Todo empezó un 9 de julio del 2004. Se cumplen ahora exactamente trece años. Yo estaba ya de director. Recuerdo que era un viernes, ya de noche, pasadas las siete de la tarde. Una gran parte del personal, como es lógico, ya se había ido a su casa. Empezaba el fin de semana... Y, de pronto, me anuncian que llega, de improvisto, Fidel. ¡Imagínese!» 

El Dr Ríos se echa las manos a la cabeza y hunde los dedos en su espesa cabellera gris mientras, abriendo bien grandes los ojos, trata de reproducir la traumática sorpresa de entonces: «Ignoraba a qué venía el Comandante... Y me puse a reunir a todos los doctores que, a esa hora, podía encontrar disponibles. No eran muchos, cuatro o cinco a lo sumo. Entre ellos estaba la jovencísima Dra Eneida Pérez que no debía tener ni treinta años entonces... Llegó Fidel, con su uniforme verde oliva, sus botas altas, afable como siempre. Venía solo, sin ningún ministro. Nos reunimos en un salita pequeña. Expectantes... Y ahí, sin muchos preámbulos, bebiéndose un vaso de agua, Fidel nos pidió, como un favor, si podíamos recibir el día siguiente por la mañana –un sábado...- a un grupo de cincuenta pacientes venezolanos que estarían llegando de Caracas para ser operados de cataratas...»

«¿Ya dominaban ustedes la cirugía de las cataratas?», le pregunto a la Dra Eneida Pérez. Venerada por sus pacientes, amable y bondadosa, considerada como una de las mejores cirujanas oftalmólogas del mundo, la Dra Eneida me explica: « Bueno, quizás no tanto como ahora con trece años más de experiencia... Pero ya realizabamos, en 2004, unas setecientas cirugías por semana... Y ya entonces, varios de nosotros, exactamente siete, dominábamos la más novedosa técnica quirúrjica, la Blumenthal[v], para el tratamiento de las cataratas, enfermedad que es responsable, hay que recordarlo, de la mitad de los casos de ceguera en el mundo.»

«Al día siguiente –prosigue el Dr Marcelino Ríos- a las siete de la mañana, llegaban a nuestro hospital los cincuenta venezolanos anunciados por Fidel. Una hora después ya habían sido operados los primeros de ellos. Y el lunes siguiente, nuestros siete cirujanos, trabajando sin descanso, habían operado a todo el grupo. Me llamó Fidel para felicitarnos y preguntarme si podíamos operar a más gente...¿A cuántos más? le pregunté. Y ahí es cuando me dice que, sin duda, se había expresado mal porque lo que él nos había pedido era de operar a cincuenta venezolanos... por día! Además eso no debía perturbar el servicio a los pacientes cubanos que ya operábamos normalmente...»

«Tuvimos que traer a otros siete oftalmólogos del interior del país porque no dábamos abasto... –me explica la Dra Eneida Pérez- Tuvimos que constituir dos grupos: el primero empezaba a las 7 de la mañana... Terminaba a final del día... Calcule usted, cada intervención en aquella época duraba unos 15 minutos... Y cada cirujano operaba a unos sesenta o setenta pacientes por día... En total, los catorce cirujanos operábamos a una media de unos 500 pacientes cada día... Fue un reto formidable. Tuvimos que sobrepasarnos. Dos meses después, habíamos operado a unos 14.000 pacientes. Casi todas eran personas sin recursos. Con anécdotas muy conmovedoras: madres o padres que veían a sus hijos por primera vez... Ciegos de nacimiento –porque hay cataratas de nacimiento...- que por fin recobraban la vista y descubrían el mundo... Muchos lloraban de emoción. Humanamente fue una experiencia fabulosa.»

«Fidel –recuerda del Dr Ríos-, un tiempo antes, en una precedente reunión, me había preguntado: ‘¿Cuál es la mejor tecnología para la cirugía oftalmológica, sin contemplar precios pero obviamente que no sea norteamericana?’ Le dije, sin vacilar, que era la alemana o la japonesa. Y el Comandante, a pesar de las reservas expresadas por algún ministro, mandó importar lo mejor. Para dar el mejor tratamiento a nuestro pueblo. Ello permitió a nuestros médicos y a todos nuestros especialistas formarse a las técnicas más actuales, más avanzadas. Sin esos equipos de alta tecnología y sin esos progresos no hubiésemos estado a la altura del desafío que nos planteó aquel 9 de julio de 2004. Fidel lo tenía pensado, no me cabe duda, desde mucho antes. Recordemos que, con Hugo Chávez, ya habían lanzado con enorme éxito, en Venezuela, la ‘Misión Barrio Adentro’, enviando a miles de médicos cubanos a los barrios más pobres para atender a pacientes que, a veces, no habían visto a un doctor o a un dentista en toda su vida. Por eso, los dos Comandantes conciben la idea de lanzar la ‘Operación Milagro’. Pero no divulgan la iniciativa; la mantienen en secreto hasta ver si todo sale bien.» 

«Durante más de un año –prosigue la Dra Eneida Pérez- estuvimos operando a miles y miles de pacientes venezolanos. Se estableció un verdadero puente aéreo con Caracas. Cada enfermo venía, por razones obvias, acompañado de un pariente. Y a este pariente, nuestros servicios médicos lo sometían a un examen de salud completo, multidisciplinario. Y a menudo se descubría que padecían diversas afecciones de salud o padecimientos crónicos; y también se les trataban. O sea que paciente y acompañante regresaban a su país totalmente curados

«¿Cuándo se anunció públicamente la existencia de la ’Operación Milagro’?», le pregunto al Dr Marcelino Ríos. «Fue -me contesta- en el marco del programa de televisión ‘Aló Presidente’ que se realizó aquí en Cuba, en la provincia de Pinar del Río, en un poblado llamado Sandino, el 21 de agosto de 2005. Ahí es donde los presidentes Hugo Chávez y Fidel Castro anuncian que ya se han operado más de 50.000 pacientes y divulgan la existencia del convenio mediante el cual se crea la ‘Misión Milagro’ que plantea intervenir quirúrgicamente a seis millones de latinoamericanos, aquejados de enfermedades oculares, en un lapso de una década. Se le puso de nombre ‘Milagro’ porque es la expresión popular de centenares de pacientes que, al recobrar la vista, exclaman sorprendidos: ‘¡Es un milagro!’. Muchos de ellos nos contaban sus experiencias de peregrinar por los diferentes servicios de salud de sus respectivos países, sin recibir respuesta. Y ya habían abandonado toda esperanza de recuperar la vista algún día...»

«¿La ‘Operación Milagro’ -le pregunto al Dr Ríos- se ha extendido a otros países además de Venezuela? «El año siguiente al anuncio hecho por los Comandantes Fidel y Chávez, o sea en 2006, abrimos varios de centros oftalmológicos en Venezuela, integrados por profesionales cubanos -un centenar de ellos trabajadores de nuestro hospital Pando Ferrer. Debo precisar que, en la ‘Operación Milagro’, participan unas 165 instituciones cubanas. Y se dispone, además, de una red de cincuenta centros oftalmológicos con 82 posiciones quirúrgicas en 14 países de América Latina y el Caribe. Porque, en efecto, Fidel y Chávez, a partir de la experiencia cubana, decidieron ampliar el servicio a otros países, incluyendo a varios Estados del Caribe, como Haití y San Vicente y las Granadinas. Bolivia fue la siguiente nación. Después se sumaron Guatemala, Honduras, Ecuador, Paraguay, El Salvador, México, Argentina, Uruguay... Hasta alcanzar una veintena, más otras decenas de establecimientos quirúrgicos abiertos por personal cubano en África y Asia.»

En el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), hay unos 45 millones de ciegos. Y, como nos lo precisaba la Dra Eneida Pérez, la mitad de ellos, o sea unos 25 millones, lo son sencillamente a causa de las cataratas.  Lo que significa que, con una simple operación quirúrgica, esos 25 millones de personas podrían recuperar la vista. Dicho de otra manera, esos 25 millones de personas son ciegas porque son pobres. Porque no pueden costearse una intervención quirúrgica de alto coste, o porque no viven en un país con un sistema público de salud que preste esa atención y asuma ese gasto. Esa es la tremenda injusticia que quisieron combatir los líderes de la revoluciones cubana y bolivariana. Igual que ambos combatieron y erradicaron por completo el analfabetismo en sus respectivos países, se propusieron erradicar la ceguera.

Algunos quizás se pregunten si todo esto que estoy diciendo no es más que propaganda. Para verificarlo, como yo era muy miope y con unas cataratas muy complicadas, decidí probar en mi propia persona la ‘Operación Milagro’ y someterme a cirugía en los dos ojos.

Después de los análisis pertinentes, mezclado con las decenas de pacientes que llenan los pasillos del Hospital Pando Ferrer, me sometí a la intervención. Con sus manos de ángel, la Dra Eneida Pérez me operó. Una semana el primer ojo. La semana siguiente el segundo. Seis o siete minutos a cada vez. Cero dolor. Increíble. Totalmente ambulatorio. Apenas operado, te levantas de la mesa del quirófano por tus propios pies y, sin la ayuda de nadie, te marchas a casa. Dos horas después, te retiras tú mismo el esparadrapo que cubre el ojo operado. Milagro. Ya ves bien. Ya puedes hacer vida normal. Puedo dar testimonio de ello. ¿Cómo no pensar en los millones de personas que han vivido esta experiencia? ¿Cómo no estar eternamente agradecidos a los dos Comandantes que impulsaron este grandioso milagro?

 

[i] Su edificio lo ocupa hoy el Instituto Técnico-Militar.
[ii] Ramón Pando Ferrer (1933-1958) fue un joven estudiante cubano –dirigente estudiantil en la Universidad de Las Villas y militante del Directorio Revolucionario 13 de Marzo- que luchó contra la dictadura de Fulgencio Batista (1952-1959). Arrestado por soldados batistianos, es torturado y asesinado. No se han hallado sus restos mortales.
[iii] Dirección postal : Instituto de Oftalmología ‘Ramón Pando Ferrer’, calle 76, n° 3104, entre 31 y 41, Marianao, Ciudad de La Habana, Cuba. Tel : +53 72654800. Sito web : www.pando.sld.cu/
[iv] En 1959, cuando triunfa la revolución, aún no se había terminado de construir el primer edificio de los cuatro que conforman hoy el conjunto hospitalario.
[v] El profesor Michael Blumenthal, de Israel, es el autor de la técnica de extracción de catarata extracapsular por pequeña incisión realizada manualmente (Manual Small Incisión Cataract Surgery (MSICS). Léase su libro : « Cirugía manual de catarata con incisión pequeña » (Ed. Highlights, 2004).


http://www.alainet.org/es/articulo/187227